jueves, 12 de febrero de 2015

“Selma”, Ava DuVernay les refresca con tino a los cerebros afroamericanos la lucha de un gran hombre en contra de la segregación racial.



































































































































Dentro de las películas nominadas para esta edición de The Oscars, diera la impresión que la propuesta que tuviera menos opción a llevarse la estatuilla es el estupendo film Selma, de la atractiva cineasta afroamericana Ava DuVernay. La crítica especializada -toda en su conjunto- la ha menospreciado, y no ha tomado en cuenta no sólo la calidad visual y técnica de la propuesta, sino el sentimiento de millones de norteamericanos de origen africano quienes sufrieron en carne viva la destemplanza policíaca y política por hacer realidad una consuetudinaria marcha cuyo única finalidad era el de dar a conocer pacíficamente su desaprobación a cómo se estaban manejando los derechos civiles de los negros. Selma representa exactamente lo mismo que buscó el 2013 el cineasta yankee Steven Spielberg con su película Lincoln, es decir, refrescarles pedagógicamente la memoria a las nuevas generaciones de norteamericanos, pero esta vez, a través de otro excepcional hombre que conforma la historia de la libertad de los EEUU. Selma celebra a vida de Martin Luther King, Jr., con una milimétrica actuación del moreno David Oyelowo, la DuVernay nos permite comprender la sacrificada vida del líder cívico, y todas aquellas situaciones que tuvo que enfrentar en su lucha contra la segregación racial. La cineasta basa su film en los sucesos ocurridos durante 1965 -este año se cumplirán 50 años de aquellos- narrando con pericia, conocimiento y habilidad la realidad en el sur de los EEUU, donde se excluía a los afroamericanos de ejercer su derecho al voto. Es precisamente Selma, en Alabama, el lugar que escogió Luther King, Jr., para junto con sus seguidores, emprender una peregrinación civilista y épica hasta la ciudad de Montgomery. Su meta era la de captar adeptos y la atención -sobre todo la del presidente Lyndon B. Johnson- de todos aquellos norteamericanos que desconocían la situación de los derechos civiles de los negros, y crear conciencia al respecto. Durante el desarrollo del proceso no solamente confrontó la violencia de los racistas de turno, sino la brutal agresión física de agentes de la policía y hasta de sus propios partidarios. A pesar de todos estos obstáculos, Luther King Jr. tuvo la fuerza y el coraje de luchar por aquello en lo que creía ciegamente. Si algún mérito debe tener cualquier film de esta naturaleza es que la realización nos cuente en imágenes, su postura de los sucedido, pero de forma limpia, creíble y que haga posible que nuestra sensibilidad salga a flote. Selma logra este objetivo fundamental con creces, porque se distancia de un biopic que se va poniendo tedioso, y busca machacar más no explicar determinados hechos. La dirección de la DuVernay es muy correcta, y su puesta en escena tiene la bondad de mantener un equilibrio técnico donde nada está por sobre otro devenir del mismo tema, salvo la maravillosa canción hecha e interpretada por interpretada por Common -quien también actúa- y John Legend que pondremos -ya traducida a nuestro idioma- al final del post. No es para mi ninguna sorpresa el mencionar que por aquellos conceptualismos  y tonos que se manejan, sumada esa simetría y ponderación del ritmo narrativo, Selma es una de las mejores cintas de género de los últimos años. Ava DuVernay presenta con transparencia y buenas maneras aquellos momentos trascendentes de una vida riquísima como fue la de Luther King, Jr., y a tan corta edad. Muestra esa cruda realidad a la que se enfrentan quienes combaten y perseveran por lo que saben que es lo correcto y viable. Lamentablemente la Academia no ha reconocido el trabajo de dirección ni de la escritura, y en menor grado la del actor David Oyelowo, quien tiene yerros menores, pero que transmite esa incontenible fuerza de moralidad a prueba de balas. A quienes puedan pensar que la historia se va desgastando, no es así, la realizadora afroamericana hace de la fluidez una de sus mejores armas. Sabe crear atmósferas y situar contextos, filma sin complejos planos que hablan por sí solos. Es una lástima que los votantes de la Academia no reconocieran lo suficiente, tanto a Oyelowo como a DuVernay. Aun así, acertó en considerar a Selma como una de las mejores cintas de 2014. Me atrevería a señalar que la película es una gran lección de historia norteamericana que debería ser vista en todos los colegios yankees -y a todas las edades- tanto por su valor histórico como por el ideal que representó el líder afroamericano. Nosotros no debemos ser ajenos a los héroes que pusieron sus ideas y su cuerpo al servicio de la humanidad. Este film tiene fuerza visual, diálogos muy crudos, sorpresivos y tiernos, envidias y conspiraciones, violencia y respeto etc. También cuenta con un reparto de grandes actores que lucen acoplados en cada personaje. Selma tiene muchas más virtudes que errores, y eso impresiona y gusta. Pues bien, Martin Luther King Jr. procedía de una familia de color medianamente acomodada de la ciudad de Atlanta, Georgia. Tanto su padre como su abuelo materno eran pastores bautistas y miembros de la Asociación Nacional para el progreso de la Gente de Color. A pesar de ello, Martin sufrió desde niño la realidad de la discriminación racial, particularmente fuerte en el sur de los EEUU, lo que formó su determinación de luchar contra ella. A los quince años, en 1944, logro ingresar en el Morehouse College de Atlanta. Tras considerar la posibilidad de convertirse en abogado, o profesor, finalmente decidió seguir los pasos de su familia, aplicando el mensaje cristiano a la lucha contra la injusticia. Fue consagrado pastor bautista tres años después y nombrado asistente en la Iglesia donde servía su padre. En 1948 ingresó en el Crozer Theoloqual Seminary, en Pensilvania. Allí conoció una realidad social muy distinta a la sureña, y entró en contacto con el pensamiento del hindú Gandhi. Su doctrina de la no violencia para luchar contra la injusticia  impresionó vivamente al joven pastor, que llegó a declarar: “De mi formación cristiana he obtenido mis ideales, y de Gandhi la técnica de la acción”. Se licenció en Teología, y su inteligencia emotiva y deductiva la desarrolló con brillantez. En Boston conoció a Coretta Scott, una joven de su querida Alabama, quien complementaba su beca trabajando como asistenta para pagarse sus estudios de canto en el New England Conservatory. En 1953 se casaron y su mujer se convirtió en un firme apoyo en lo que sería su actividad civilista. Apóstol de la no violencia, Luther King Jr., gozaba de un prestigio inmenso. La presencia de casi 100.000 personas en sus exequias lo atestiguó, al igual que el duelo nacional decretado por el presidente Lyndon Johnson. Sin embargo, esta popularidad era sólo aparente. Los métodos del pastor eran ampliamente cuestionados, principalmente por aquellos que consideraban que no iba lo suficientemente lejos en sus reivindicaciones. La cuestión de los afroamericanos aún no estaba resuelta. Cuando Martín Luther King Jr. nació, el 15 de enero de 1929, los afroamericanos ya eran víctimas de la segregación racial. La decimocuarta enmienda de la Constitución yankee del 28 de julio de 1868, garantizaba sus derechos civiles y su igualdad con los blancos ante la ley. Pero, la realidad era distinta principalmente en el sur de los EEUU. El 01 de diciembre de 1955, en Montgomery, Alabama, una costurera negra, llamada Rosa Parks, rehusó ceder su asiento a un pasajero blanco en el autobús, tal como lo dictaba la costumbre. Fue detenida y condenada. De inmediato, los negros decidieron boicotear el transporte público. Estaban liderados por un joven pastor bautista, Martín Luther King. El moreno señaló: Al odio, nosotros le contestaremos con el amor. En efecto, su éxito después de un año de boicot fue el de los afroamericanos. Pero también, el de su método: la desobediencia civil. Luther King Jr. logró su máxima influencia en la primera mitad de los años sesenta, al unir la acción directa en favor del registro de votantes afroamericanos en el sur contra la segregación, sumada a la presión respecto a la legislación en favor de los derechos civiles a escala nacional. Muchos líderes de las comunidades negras creían que Luther King Jr. era demasiado extremista, por ejemplo, en su apoyo a la campaña de sentadas en los comedores segregacionistas que llevó a cabo el SNCC (Comité Coordinador de Estudiantes No Violentos) en 1960. El presidente John F. Kennedy y su hermano Robert le advirtieron en reiteradas ocasiones que moderase su postura, pero en 1963, Luther King Jr. Haciendo caso omiso, subió la intensidad de la campaña, y animó al enfrentamiento entre los manifestantes y la policía en Birmingham, Alabama; que tuvo como consecuencia una represión policial que conmocionó a la opinión pública mundial, además de organizar una multitudinaria marcha hacia la capital, Washington, con cerca de 250,000 manifestantes. Martín Luther King Jr. consideraba que todo ciudadano común tenía derecho a infringir una ley que considerara injusta. Si algo caracterizaba al pastor eran sus cualidades como orador y su carisma, que explican el éxito de un hombre que transcribió, en términos religiosos y naturalmente proféticos, la realidad social de los EEUU de postguerra. Sus discursos eran prédicas. Sus referencias eran sacadas de la Biblia. Sus imágenes, parábolas inspiradas en la vida diaria. A la ocupación pacífica de restaurantes, parques y piscinas prohibidos a los negros, sucedieron marchas de protesta contra el racismo. A menudo, el Estado federal intervino para hacer respetar localmente la integración racial, como en las escuelas de Little Rock en Arkansas, en septiembre de 1957. En abril de 1964, junto con los pastores negros y los liberales blancos, Luther King Jr. atacó las discriminaciones del mundo laboral, en Birmingham. Se enfrentó a los perros policiales de «Bull» Connor, el encargado local de las fuerzas del orden. Las cámaras de televisión retransmitieron las intolerables imágenes de manifestantes desarmados, golpeados por la policía. Esto conmovió a Kennedy. A los pies del Lincoln Memorial en la capital, pronunció un vibrante alegato en favor de la igualdad: “Sueño que nuestro país se levantará y podrá vivir plenamente la realidad de su credo”, dijo alzando la voz. En respuesta a este llamado, el presidente Johnson firmó el Civil Rights Act, que instauró a fines de 1964, el fin de la segregación en los lugares públicos. En 1965, el Voting Rights Act reforzó el control del Estado federal sobre el proceso electoral y protegió los derechos civiles de los negros. Fue el término oficial del apartheid, cuya aplicación todavía persistía en los estados del sur, un siglo después de la abolición de la esclavitud, es decir, bajo los cánones de la decimotercera enmienda votada el 10 de diciembre de 1865. Habría que recordar, y nos metemos un poco en los objetivos de la película de Steven Spielberg, que desde la abolición legal de la esclavitud en diciembre de 1865, hasta el final de la Guerra de Secesión, hasta la conquista de los derechos civiles -Civil Rights Act en 1964 y Voting Rights Act en 1965- había transcurrido un siglo. Sin embargo, distintos movimientos, principalmente el Ku Klux Klan -fundado en 1867 y prohibido por el Congreso en 1871- se opuso por medio de la violencia a la emancipación de los negros. La conquista de los derechos civiles fue obra de movimientos como la NAACP y el Estado federal, que en este tema combatieron la resistencia de los estados sureños. En 1964, Martin Luther King Jr. recibió el premio Nobel de la Paz. Esta consagración a nivel internacional a la edad de 35 años no cambió en nada la actitud del pastor, que persistió en condenar, con el mismo vigor, que las desigualdades entre las razas seguían produciéndose. En paralelo, los EEUU se empantanaba en la Guerra de Vietnam. Proporcionalmente, eran muchas más numerosos los jóvenes negros que iban a la guerra que los jóvenes blancos. Martin Luther King Jr. estaba indignado con esta situación y desaprobaba este conflicto colonial que sobrecargaba los gastos militares y acarreaba una disminución económica de los programas sociales. El problema negro ya no era sólo el del respeto a los derechos civiles. En un contexto más amplio, Luther King Jr. ya trataba el problema de la pobreza y la exclusión. Él entendía los hechos, pero mostró, a vista de numerosos militantes, una excesiva moderación, ya que al mismo tiempo nuevos líderes invocaban el Black Power -el poder negro-. El conflicto se radicalizó. El FBI mandó vigilar al pastor, trató de intimidarlo y difundió rumores en su contra. Agente comunista, libertino sexual, peligro para la seguridad nacional: todas estas acusaciones provenían directamente de la oficina del siniestro Edgar Hoover, jefe del FBI. Cada vez más a menudo, Martin Luther King era atacado por militantes negros en las manifestaciones. A pesar de sus llamados a la calma, ya no lograba controlar la situación. En 1965 estallaron los primeros motines urbanos en Watts, un barrio de Los Angeles. En 1968, una marcha no violenta degeneró en disturbios en las calles de Memphis: un joven negro de dieciséis años fue asesinado, unos sesenta manifestantes heridos, y se necesitaron casi 3,000 policías para restablecer el orden. Si algo tenía en claro el pastor Luther King Jr. Eran sus sueños. Comentaba que tenía el sueño que un día esta nación viva de acuerdo en paz. Su verdad era evidente por sí mismas: “Todos los hombres somos iguales. Tengo el sueño que algún día en las colinas rojas de Georgia, los hijos de antiguos esclavos y los hijos de antiguos amos puedan sentarse juntos a la mesa de la fraternidad. Tengo el sueño que incluso el Estado de Mississippi, un Estado desierto y sofocado por el calor de la injusticia y la opresión, se transforme en un oasis de libertad y justicia. Para Martin Luther King Jr. la vida se volvió cada vez más peligrosa. Ya en septiembre de 1957, una joven negra se había abalanzado sobre él y lo había intentado apuñalar. En Memphis, el 03 de abril de 1968, el pastor pronunció un discurso que fue catalogado de premonitorio: “He visto la Tierra Prometida. Puede que no llegue a ella con ustedes. Pero quiero que sepan esta noche que nuestro pueblo llegará a ella. Nada me preocupa. No le temo a ningún hombre. Mis ojos han visto la gloria de la venida del Señor”. Al día siguiente, Martín Luther King Jr. fue asesinado. El principal sospechoso, James Earl Ray, fue detenido en Londres. Era un prófugo de una penitenciaría de Missouri ¿¿ Tenía cómplices ?? No se investigó en ese momento, a pesar que el mismo Ray afirmó que un tal Raoul lo había obligado a comprar el fusil, reservar una pieza frente al motel, y había asesinado él mismo al pastor. ¿¿ Cuál era su móvil ?? Hasta la fecha, se desconocen los motivos de Ray. En marzo de 1979, más de diez años después de los hechos, una comisión investigadora de la Cámara de Representantes concluyó que Ray era el único culpable. Sin embargo, en un país suspicaz desde el asesinato de John F. Kennedy, las hipótesis de todo tipo siguieron circulando, principalmente porque Martín Luther King Jr. se había convertido en una figura mítica, más que en un personaje histórico. Si tienen la oportunidad de verla háganlo. Jamás un leve baño de cultura le viene mal a nadie. La Academia acertó en nominarla como mejor película. ¿¿ Se atreverá a darle el máximo galardón ?? Obviamente que no, u obviamente que sí. Ustedes, ¿¿ qué dicen ??

Letra de la canción “Glory” del film Selma

Un día, cuando la gloria llegue

Será nuestra, será nuestra

Un día, cuando la guerra se haya ganado

Estaremos seguros, estaremos seguros

Oh, gloria

Manos hacia los cielos, sin hombre, sin arma

Formado en contra, sí, la gloria está destinada

Cada día mujeres y hombres se convierten en leyendas

Pecados que van contra nuestra piel se convierten en bendiciones

El movimiento es un ritmo para nosotros

La libertad es como la religión para nosotros

La justicia está en yuxtaposición con nosotros

Justicia para todos simplemente no es suficiente específico

Un hijo murió, su espíritu nos revisita

El desaparecido viviendo en nosotros, la resistencia somos nosotros

Eso es por lo que Rosa se sentó en el bus

Eso es por lo que caminamos a través de Ferguson con las manos alzadas

Cuando declina nos convertimos en mujeres y hombres hechos y derechos

Ellos dicen quédate abajo y nosotros nos levantamos

Disparos, nosotros en el suelo, la cámara enfocó

El rey señaló la cima de la montaña y nosotros corremos arriba

Un día, cuando la gloria llegue

Será nuestra, será nuestra

Oh, gloria

Ahora la guerra no ha acabado, la victoria no está ganada

Y seguiremos luchando hasta el final, y cuando todo esté hecho

Lloraremos gloria, oh gloria

Lloraremos gloria, oh gloria

Selma es ahora para cada hombre, mujer y niño

Incluso Jesús obtuvo su corona enfrente de una multitud

Ellos marcharon con la antorcha, nosotros vamos a correr con ella ahora

Nunca mires atrás, hemos pasado cientos de millas

Desde caminos oscuros él se alzó, para convertirse en un héroe

Enfrentándose a la liga de la justicia, su poder era la gente

El enemigo es letal, un rey se convirtió en regio

Vi la cara de Jim Crow bajo un águila calva

Nadie puede ganar la guerra individualmente

Se necesita la sabiduría de los mayores

Y la energía de los jóvenes

Bienvenidos a la historia que llamamos victoria

La llegada de mi Señor, mis ojos han visto la gloria

Un día, cuando la gloria llegue

Será nuestra, será nuestra



Oh gloria.