lunes, 15 de junio de 2015

“Hippocrate”, Thomas Lilti hace una entretenida crítica acerca de la residencia médica y la medicina social francesa.


















































































Hipócrates, el padre de la medicina moderna, dijo muchas frases célebres, entre ellas: “Si no puedes hacer el bien, por lo menos no hagas daño”, “Que tu medicina sea tu alimento, y el alimento tu medicina”, “Tus fuerzas naturales, esas que están dentro de ti, serán las que curarán tus enfermedades” o “Ni la sociedad, ni el hombre, ni ninguna otra cosa deben sobrepasar para ser buenos, los límites establecidos por la naturaleza”. El conocido juramento hipocrático es aquel que deben realizar los graduados en cualquier rama de la medicina cuando empiezan a trabajar con enfermos. De esta manera, y sin excusas, asumen la responsabilidad de la labor que ejercen, y sus condicionantes éticos. Una buena interrogante sería: ¿¿ Se cumple este mandamiento obligatorio ?? Cada quien debe tener una respuesta al respecto debido a una particular experiencia, aunque es notorio que una encuesta hecha con seriedad, dividiría opiniones a nivel mundial. Pero, bajo un supuesto argumento integrador -que involucra a la llamada medicina social- y según lo afirmado por  Hipócrates, tanto el médico y el paciente -nombre intrínseco,  provocativo y confuso- deben confluir en un esfuerzo armónico para buscar el objetivo esencial: curar o ser curado. En Latinoamérica, la salud pública es un tema más deficitario que beneficiario salvo en Cuba, México y Chile, en donde existe un proyecto de medicina social mejor aplicado, y las estadísticas de la OMS así lo sustentan. He sufrido de problemas de salud y accidentes menores entre 2011 y 2015 en cinco países: Colombia, Argentina, Ecuador, Panamá y República Dominicana, y los vicios son los mismos; servicio incompetente, mal trato, diagnósticos errados, demoras, costos elevados etc., al margen del Perú, donde no sólo la salud pública sino también la privada, es un mal de repugnante perpetuidad en todos y cada uno de los intervinientes imaginables, sean oficinistas, médicos, residentes, enfermeras, hospitales, laboratorios, medicamentos, pacientes etc. Ya se ha demostrado hasta el hartazgo que estos temas son poco probables de solucionarlos o mejorarlos, porque el estado -que somos todos nosotros- lo manejan pérfidos burócratas del gobierno de turno -que nosotros mismos elegimos- y que “reparten” mal el presupuesto que nosotros también les damos para que lo administre. Pero, el objeto de este posteo no es pegarle a “la cofradía de tunantes peruanos de la profesión médica y anexos”, sino intentar ahondar en la ópera prima del francés Thomas Lilti, Hippocrate, una buena comedia dramática que lleva implícito el concepto de medicina social. El mismo, tiene una amplia historia, que comienza en Francia en 1848 a través de Jules Guérin donde éste utilizó el término para vincular la medicina con la sociedad, ya que se relacionaban las enfermedades con las situaciones que se vivían dentro de las desigualdades sociales. Es también el año de los grandes movimientos revolucionarios en Europa. Al igual que las revoluciones, el concepto de medicina social surge simultáneamente en varios países europeos. Salomón Newmann y Rudolf Virchow hablan sobre medicina social en Alemania; William Farr en Inglaterra; Francisco Pucionotti en Italia etc. Es también el año de los poetas políticos: Heinrich Heine y Lamartine. ¿¿ Qué relación existe entre todos estos hechos ?? ¿¿Una simple coincidencia o algo más profundo que liga hechos tan dispersos en un todo estructurado ?? Esta cita sintetiza el lugar y momento en que surgen con fuerza las ideas que vinculan la salud o la enfermedad humanas con lo social y cultural, donde no debería perderse de vista lo económico, lo político, lo educacional y lo psicológico en la determinación de las mismas. Ahora, en el siglo XXI, estos conceptos, con amplio respaldo en los avances científicos producidos en estos tiempos, tanto en las ciencias médicas como en las sociales, se nos anuncian descubrimientos y técnicas que permitirán dominar las enfermedades. Aquí se produce el primer tropiezo. Se habla más de la enfermedad que de la salud. Se busca en la inmunología, la biología molecular, la electrónica, la genética y otras ciencias o técnicas el producto que cure o prevenga los males. Los conceptos establecidos de promoción y prevención han pasado a un segundo plano. La razón principal de esto es puramente económica. La industria debe producir drogas, reactivos y equipos para atender enfermos, y ganar dinero. Pero la mayor ganancia en salud, a un costo mucho más bajo, no se obtiene de los servicios de la atención médica dedicada al tratamiento de los enfermos. La salud, que es lo que buscamos todos, se circunscribe hoy a las nuevas técnicas y procederes que tienen un gran valor en la medicina curativa, porque ésta renace la esperanza. Es una conquista apreciada para el manejo de enfermos. Pero también tropiezan con obstáculos. Después de más de medio siglo de antibioticoterapia, las afecciones transmisibles no han podido ser  derrotadas. Hoy se nos habla con énfasis de enfermedades emergentes y reemergentes. Los gérmenes son cada vez más resistentes, las generaciones de antibióticos se agotan en menos tiempo. ¿¿ Qué es lo que sucede entonces ?? Se produjeron enfoques erróneos en la educación médica, influenciada por la poderosa industria monopólica productora de los mejores reactivos, equipos y deslumbrantes técnicas desarrolladas -a niveles económicos imposibles de asumir por los enfermos, sumada a la desidia de los gobiernos receptores- hacen que la posibilidad de cura llegue sólo a los que disponen de medios para pagarla. Se olvida que el diagnóstico es un acto profesional, consecuencia de un razonamiento humano. La cura es un hecho absolutamente económico. A pesar de las dificultades, una corriente de pensamiento que agrupa cada vez mayor número de personas, dentro y fuera de los que trabajan en los sistemas de salud, van generando e implantando ideas donde el enfoque de salud de la población se abre. Un ejemplo fehaciente son los canadienses quienes sin mucha pompa y ruido han avanzado más en este camino, tanto en el plano teórico como en aplicaciones concretas. El enfoque de “salud de la población” se diferencia del concepto tradicional de atención médica en los siguientes aspectos: “Las estrategias de salud de la población abordan un amplio rango de los patrones determinantes de la salud. La atención tradicional se concreta en los riesgos y los factores clínicos relacionados con enfermedades específicas”. “Las estrategias de salud de la población están diseñadas para llegar a toda la población. La atención de salud está dirigida a las personas en forma individual, frecuentemente a aquellas que ya presentan un problema de salud o para las cuales el riesgo de presentar un problema es significativo”. “Invertir en un enfoque de salud de la población ofrece beneficios en tres áreas principales: mayor prosperidad, ya que una población sana contribuye a una economía dinámica; menores gastos en salud y problemas sociales; además de un clima general de estabilidad social y bienestar para los canadienses”. Ahora bien, cuales son los determinantes de la salud, que en un amplio rango deberán condicionar las estrategias: 1.- Ingreso y posición social. Es el más importante. Es conocido que el estado de salud mejora con el aumento de ingresos y más elevada posición social. 2.- Educación. El estado de salud mejora con mayor nivel de educación. 3.- Entorno físico. La calidad del agua, del suelo y del aire son influencias claves en la salud. 4.- Empleo y condiciones de trabajo. Las personas que tienen un mayor control de las circunstancias de su trabajo y menos exigencias laborales relacionadas con el estrés son más sanas. 5.- Características biológicas y dotación genética. La dotación genética del individuo y los procesos de desarrollo como los de envejecimiento son factores fundamentales que determinan la salud. 6.- Hábitos personales de salud y aptitudes de adaptación. Los ambientes sociales y estilos de vida sanos, al igual que conocimientos, comportamientos y aptitudes de adaptación para hacer frente a la vida de manera sana, son influencias claves en la salud. 7.- Desarrollo del niño sano. El efecto ulterior de las experiencias prenatales y de la infancia temprana en la salud, el bienestar, las aptitudes de adaptación y la competencia, es muy fuerte. 8.- Redes de apoyo social. El apoyo de las familias, los amigos y la comunidad va asociado a un mejor estado de salud. 9.- Servicios de salud. Los servicios de salud, en particular los diseñados para mantenerla y promoverla, previenen las enfermedades, y contribuyen a la salud de la población. Por lo tanto, La medicina es social, no se trata sólo de curar una enfermedad y restaurar un organismo. Su objetivo es mantener al hombre adaptado a su ambiente como un miembro útil de la sociedad, o a readaptarlo. La medicina, para lograr este propósito, aplica constantemente los métodos de las ciencias naturales, no obstante, su objetivo último es social. En cada acto médico hay siempre dos partes afectadas: el médico y la sociedad. La medicina social no es sino el complejo de relaciones múltiples entre estos dos grupos. Pues bien, yendo a la película Hippocrate, Thomas Lilti aborda el concepto de la medicina social a través de un joven residente o internista de un hospital parisino en el que su jefe es, nada menos que su padre. Aunque durante los primeros días Benjamín va alternando sus prácticas con responsabilidad, según transcurren las semanas, vislumbrará que lo que él hace no se condice con lo que él esperaba cuando estaba estudiando en la facultad. Además, tendrá que enfrentarse al complicado temperamento de su  compañero de labores, el argelino Abdel, quien tiene mucha más experiencia que Benjamín. Un hecho que es interesante de apuntalar es que Lilti también es médico y ejerce su profesión. Al conocer el monstruo por dentro, el francés prefiere llevar asunto en un tono cómico más que dramático, y lo establece de forma neutra, es decir, muestra una estructura narrativa con poca hilaridad y  poco dramatismo, salvo en el desenlace. Lilti impone una leve tonalidad documentalista ya que tiene la clara intención de configurar una crítica de índole constructiva al sistema público de salud francés. Sin embargo, como bien sabe su personaje principal Benjamín -Vincent Lacoste es un joven actor de detalles, argucias y constantes- la teoría no es lo mismo que la práctica. Lilti va llevando con firmeza los encantos y desilusiones de la profesión para colocarlas dentro de una denuncia social que poco a poco va quedando rezagado a un plano secundario, porque Lilti si bien forma parte real del sistema, salvaguarda la utilidad del mismo. No se esfuerza en consolidar una postura que resulte insultante, sino que va llevando la trama por los caminos de la sutilidad, que son, en definitiva, los que le brindan el mejor resultado.  En este sentido, Lilti refuerzo otro de los objetivos de su película: mostrarnos la travesía humanista de Benjamín que responde a un criterio iniciático hasta llegar a uno donde se perciba el crecimiento y la madurez del protagonista. Lilti, sin pisar muy a fondo, sabe reflejar con realismo la labor diaria de un interno -el ingrávido tono documentalista se combina con el autobiográfico- y relacionarlo con el problema hipocrático de forma concreta, sin escaparle a lo que pueda pensar quien observa el relato. Un elemento de la comedia es su apariencia naturalista inclinado hacia lo ingenioso y también lo efectista, hecho que el francés posiciona con soltura y sin poner en tela de juicio una cultura de la salud que es la misma desde hace dos siglos. Si bien es cierto esto lo hace transitar por las conocidas rutas de la obviedad -los guiños a la personalidad del yankee Dr. House son evidentes, sabrosos y a veces algo exagerados- el ritmo ni la cadencia del mismo desentonan, siempre hay un espacio para que se comparta la intimidad, la broma y la seriedad en Benjamín y en su compañero argelino -la actuación de Reda Kateb es formidable no sólo en sí misma sino en soportar el peso del protagonista y de la misma trama-  mientras Lilti va condimentando las transiciones de los nudos de acción con canciones pop anglosajonas de corte indie. Si bien es normal que un film sufra algún tipo de desgaste, éste se va notando cuando sus personajes se vinculan con la raíz del estereotipo. Lilti nos cuenta acerca de la medicina social como un repaso obligado entre lo filosófico y moral que como un factor eminentemente científico. “La medicina no es una profesión”, le dice Abdel a Benjamín. Supone algo que va mucho más allá, es una cuestión vocacional, una actitud connatural de quien la pone en práctica, por lo tanto, la buena o mala praxis implica consecuencias irreversibles no solo para el enfermo, sino para el propio facultativo. Esto es una apología muy bien estipulada por el sentir de Lilti hacia la preeminencia de la medicina social, que él siente deteriorada por los recortes y la nula importancia que se le da hoy en Francia. Quizás el cineasta no haya querido o no sea lo suficientemente capaz de intentar referirse a otros caminos por los que transita la misma medicina, pero se propone un trato digno de la profesión con la objetividad de lo que significa para él. Por ejemplo, es realmente lograda aquella escena en que el enfermero de guardia está viendo la serie Dr. House, y comenta junto a Benjamin el caso del capítulo de ese día. De repente, la distancia de nuestra ficción respecto a la que ellos observan es de un nivel que luce contradictorio, pero es una forma de reclamar, de apuntalar lo que está pasando en ese hospital donde trabajan como esclavos, el mismo donde los residentes se desfasan en reuniones sociales, y la gente se muere porque no hay siquiera un equipo que funcione, y salve la vida. Para terminar, Hippocrate es la versión realista, veraz y sin edulcorante alguno de las series yankees acerca de la salud, y que tanto consumen justamente los que tienen a mano lo contrario. Lilti se introduce en el día a día de un hospital de París, mermado ética y profesionalmente, y nos demuestra su interés de poner en escena el dilema moral que padecerán dos internistas que tienen mucho que perder, pero casi nada para ganar. Esto no lo he mencionado de ninguna otra película antes, pero Hippocrate se merece que los estados como los que imperan en muchos países de nuestra desunida Latinoamérica, ubiquen el film, hagan un convenio, y lo declaren de interés general así como de higiene mental pública. Me gustaría acabar con un chiste. Dos amigos se sientan en un lugar a tomar un café. Uno le pregunta al otro. ¿¿ Así que son 1,000 dólares los que te ha quiere cobrar tu psicólogo por sólo cuatro sesiones ?? ¿¿ Y cómo piensas pagarle ?? No creo que le pague... Me haré el loco !!