miércoles, 3 de junio de 2015

“Nói albínói”, Dagur Kári hace una abducción de un retrato estrafalario, compasivo y cálidamente ocurrente de un ser inadaptado.























































































Es difícil poder acceder en nuestro mercado a películas realizadas en Islandia por gente de ese gélido país. Sin embargo, podríamos mencionar algunas que tienen deficiencias mínimas en guiones, nivel de intérpretes o puestas en escena, pero preferimos hacerles conocer de otras donde se aprecia el talento y las ganas para establecer un estilo de identidad. Una de las más conocidas es Cold Fever de Fridrik Thor Fridriksson, un nombre tan friolento como el clima del país escandinavo aunque dicen algunos que han estado por allá, que son la gente más cálida y amable del planeta. El film es una “road movie” de la tesitura de la formidable The Straight Story de Lynch, donde un ciudadano japonés necesitaba alejarse del duro invierno que azotaba su país, para vacacionar a través de trasladarse al otro extremo del mundo: Hawai. Una vez instalado sufre la mala suerte de asistir a una ceremonia de honor japonesa, y acabará en la más fría Islandia, donde deberá rendirle homenaje póstumo a un pariente fallecido. El largo recorrido que hace es un relato dramático que se enfoca en el sufrimiento físico y espiritual de un hombre común a través de muchas zonas y situaciones desconocidas para él, hasta llegar a Islandia, un país que resultará contrario a su forma de vida. Es un periplo que le servirá para cambiar su temperamento y adaptarse a su nueva residencia a través de una historia plagada de aventuras de todo calibre. 101 Reykjavík es el título de otra cinta islandesa. Su director, Baltasar Kormákur, hace una combinación de géneros, donde enlaza comedia negra con romance, siendo la homosexualidad y el concepto de familia los factores a desarrollar. Es un film seductor, bien trabajado, y donde el estoicismo nórdico es llevado a confines extremos. La historia trata acerca de Hlynur, un joven protagonista, que vive con su madre y es testigo que ésta se enamore de una lesbiana que ejerce como maestra de baile flamenco. Obviamente, la vida de Hlynur va a experimentar un cambio repentino. El protagonista se convierte en un ser caótico no solo por la noticia sino porque no tiene la madurez para aceptar lo que ocurre a su alrededor. Su actuación es sorprendente, engañándonos de tal manera que nos mimetizamos con su accionar, comprendiendo las reacciones ante tamaño conflicto. Las locaciones en exteriores son vistosas, tanto del pueblo como de aquellos paisajes aledaños donde nieva con frecuencia, y es en ese ambiente donde el realizador logra producir relaciones humanas de sobrada calidez. Otro acierto del film es el contraste de personalidades, lo que ocurre dentro de la vivienda de la madre de Hlynur, sumados a los sucesos fuera de la misma. Screaming Masterpiece es una de los mejores documentales islandeses. Fue realizado por Ari Alexander Ergis Magnússon. La propuesta se fundamenta en la relación de su país con determinados tipos de música. Las noches en Islandia son tan extensas que lo único que queda por hacer para sobrellevarlas es beber, porque según una creencia antigua, es la música quien espanta a los duendes del frío. De estas experiencias melódicas y su vínculo con el licor surge nada menos que la famosa cantautora Björk -quien 10 años después filmara la notable película de Lars Von Trier, Bailando en la oscuridad- y otros artistas de la talla de Sigur Rós o Múm, quienes logran una vibrante escena que contiene desde música clásica hasta jazz, folk, garaje, y demás sonidos autóctonos. The Juniper Tree es otro de los films que interesan, y que pertenece a la directora Nietzchka Keene, verdadera descubridora de Björk, quien se dedicará a la brujería junto a su hermana mayor, quien conquistará a través de este dudoso oficio a un joven pretendiente con quien generarán tal cantidad de embrollos que terminaran por introducirse en la producción de cine fantástico. También destaca la película Black's Game de Óskar Thór Axelsson, quien hace una muy interesante cinta acerca de la droga y sus consecuencias. Es un trabajo no menor, que contribuyó a educar a la juventud islandesa con respecto al vil fenómeno. Antes de comentar uno de los mejores y más premiados largos de Islandia, Nói albínói de Dagur Kári, habría que agregar que por su geografía llena de volcanes y géisers, éste país se ha convertido en una locación muy apreciada por distintos directores que deciden filmar sus trabajos. Cintas de la categoria de The Tree of the Life de Malick, Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb de Stanley Kubrick, The Fifth Element de Luc Besson, Independence Day de Emmerich, Interstellar de Nolan, Oblivion de Kosinski, Stardust de Matthew Vaughn etc., han recreado en sus rodajes paisajes islandeses. Por otro lado, este país escandinavo está repleto de parajes inhóspitos que parecen pertenecer a un planeta distante. Una tierra polar que se alza en el Atlántico Norte como si fuera la última parada hacia el Ártico. Una isla extensa que no solo ha seducido cineastas, sino también a millonarias producciones de TV, como Juego de Tronos, serie que le saca partido a sus gélidos escenarios para representar las tierras de más allá del muro. Sin duda alguna, los incentivos fiscales que ofrece el país, y también la facilidad para trasladar todo el pesado equipaje fílmico, le permiten al gobierno de Islandia revalorizarse ante otros competidores en la lucha por captar nuevos proyectos audiovisuales. Pues bien, el islandés Dagur Kári nos cuenta la historia de Noi, un joven de 17 años que vive en uno de esos pequeños pueblos perdidos, y cómo van transcurriendo sus días en éste lugar. Vive con su abuela y su padre, un alcohólico que se dedica a manejar un taxi. Noi no puede compartir nada con familia porque no tiene nada que ofrecer. Es un muchacho marginado por el sistema, protegido por una gélida pobreza, y la ausencia del Estado. Su sueño es escaparse un día con Iris, una bella chica que trabaja en la gasolinera del poblado. No puede cumplir con sus promesas porque su incapacidad para llevarlas a cabo lo derrota. Es un joven de gran corazón, pero incapaz de poder luchar contra su incompetencia Pareciera que les estaría comentando acerca de cualquier pueblito de la costa, sierra o selva peruana, donde hace casi 10 años llegó un militar golpista retirado, de nombre Ollanta, y de apellido Humala. Este desconocido e incierto sujeto, les prometió algo que sabía que no iba a poderles cumplir. Pero a cambio de una bolsa llena de mentiras, les solicitó que voten por él para ser Presidente de la Nación. Perdió en segunda vuelta con el peor político de la historia del Perú, Alan García, porque su supuesto nacionalismo -que ni él mismo ni la sonriente primera dama sabían que significado darle- iba a salvar a la Patria. No fue así. Sin embargo, 05 años más tarde volvió a la carga con el mismo discurso altisonante, fantasioso y grotesco. No había alternativa y los pueblos del Perú le concedieron el honor y la gloria. Hoy, luego de cuatro años plagados de errores, de un discurso torpe y cambiante, y jugando a las escondidas, ese hombre que fue llevado al poder por la gran masa de gentes menos pudientes ha fracasado e ingresado a una inacción irritante. Nuestra sonriente y provocadora primera dama está cuestionada seriamente por la justicia nacional, y el aún electo Presidente, se olvidó de esos cientos de poblados que visitó en la miseria más indigna, y que hoy están peor que hace casi 50 meses. Vergonzosas coincidencias que hace 48 años que se repiten en mi querido país como si fuera la canción celebratoria del ¡¡ Happy Birthday to you !! Volvamos a la ficción. Noi asiste a un colegio del lugar, pero no logra comprender la importancia que supone la educación para forjar su destino. Se pasa su tiempo haciendo pellas, caminando en solitario sobre la inmensa calzada de hielo, bebiendo cerveza, escuchando música en el sótano de su casa, y casi siempre mirando el mar. Su comportamiento nos da la impresión de un temperamento conflictivo. Pareciera que esconde un secreto que imposible de saberlo. Podría ser un muchacho mejor de lo que aparenta, pero es buen muchacho encorsetado en su propia cárcel mental. Noi tiene un corazón gigantesco, tiene una moral a prueba de las peores vejaciones, pero no sabe ni lo que significa ni lo que puede hacer con ella. Kári va tejiendo un film de poses tragicómicas cuya causa principal resulta ser la incomunicación. El actor protagonista, que encarna con solvencia y gran expresión corporal a Noi es lampiño -lo llaman Noi el albino, igual al título del film- ya que de joven fue perdiendo todo el vello corporal a causa de una alopecia extrema. Kári construye una historia sugerente, de corta duración y relativo alcance, pero si uno va almacenando todos los sinsabores por los que pasa la gente del pueblo, es imposible no sentir una agridulce mezcla de compasión y melancolía por tanto olvido y desgracia ajenas, adquiriendo una especial simpatía hacia ellos. Pocas veces tenemos ocasión de asistir a un paisaje tan bello como el islandés, pero que también guarda un lado tétrico, con particular sello de luminosidad, su nieve y su niebla, un pedazo de naturaleza impactante y agresiva como ninguna. Es ahí donde las contradicciones de Noi toman una dimensionalidad inesperada. Kári filma una escena funesta a la vez que divertida: un baño de sangre que se produce en la cocina, ejemplo innegable de la complexión e instinto melodramático de la pegajosa historia, metáfora concupiscente de la disfuncionalidad que rodea a Noi y a su pueblo, como si se tratase de una impúdica simbología de un constante y continuo pesar que encierra, y posteriormente cierra la película. El cineasta logra plasmar con un auténtico realismo de qué está compuesta la soledad de un hombre bueno. Hace una mezcla un tanto dispar de escenas cotidianas, cómicas, y grotescas, todo esto traspasado por el afilado sacabuche de la tragedia. Gran final, quizás el único que podía caber, y una música que retumba en nuestros oídos: el cuarteto Nº 15 de Shostakovich. Kári no duda en hacernos recordar al personaje Antoine Doinel de la película Les Quatre cents coups o Los cuatrocientos golpes, de Truffaut. Los intentos de fuga que pretende Noi son llamativos por su torpeza, falta de imaginación, inacción y porque él está fuera de todo control. Sólo un desastre natural romperá el universo de Noi, y le ofrecerá una puerta de entrada hacia un mundo mejor. Los burdos inadaptados siempre acaban adaptándose o terminan enterrados en el fango de la “memoria perdida”. Traten de conseguir el film que podrán sentirse insignificantes y grandiosos a la vez.