jueves, 23 de julio de 2015

“Detour”, Edgar G. Ulmer y su apego involuntario aunque generoso a las grandes cintas de serie B.


















































































Cuando se tiene pasión por el cine no sólo hay que buscar en el Hollywood clásico, aquel de los grandes nombres, los taquillazos, las estrellas y los Oscars. También hay que hacerlo en el Hollywood clásico pero pequeño, en ese donde revolotean las obras de precario presupuesto, el de los fracasados, los artesanos o los perdedores de “Poverty Row”, donde se concentraban las productoras de films de serie B como Monogram o PRC, tan cercana y lejana del apogeo de maestros como Ford, Welles, Hawks, Wilder, Hitchcock etc., donde se fabricaban con supremo esfuerzo, mucha imaginación y poquísimo dinero, las películas complementarias para los grandes estrenos. Es justamente aquí donde se demostraba el genio y el ingenio capaces de hacer mucho con muy poco. Welles decía que cuando tenía un gran presupuesto le era difícil hacer una buena película porque al tener todos los medios necesarios se perdía en la angostura de la grandeza. Sin embargo, cuando el dinero le faltaba era una norma obligatoria autoimpuesta el tener que poner en funcionamiento el pensar cómo podía salir del pozo. Y casi nadie lo hizo con tanto estilo como el norteamericano Edgar G. Ulmer. Hoy en día tenemos acceso a muchas de las joyas de serie B, sea de un modo formal o el de los piratas. Es así que redescubrimos la genialidad y la importancia de Ulmer. Conquistó la meca hollywoodense con una de las mejores películas de terror de la Universal, The Black Cat o Satanás en 1934, protagonizada por dos grandes del género como Bela Lugosi y Boris Karloff. El film fue superior a la mayor parte de los míticos films góticos de la productora. Ulmer arruinó su carrera al enamorarse de la mujer del productor Max Alexander, sobrino del mismísimo fundador de la Universal, Carl Laemmle. Cuestiones de infidelidad llevaron a la esposa de Alexander, Shirley, a divorciarse, y a su posterior casorio con Ulmer, lo que le valió a éste conformar la lista negra de Hollywood, condenándolo a la serie B. Después de trabajar con Lang o Murnau, este emigrado judío, originario de Olomuc -hoy perteneciente a la República Checa- se vio abocado a realizar films educativos y a tratar de sacar el mayor provecho posible a los ridículos dineros con que trabajaba, sobre todo, para la productora PRC, paradigma institucionalizado de este tipo de cine. Fue en ella, precisamente, donde consiguió algunas de sus cintas más trascendentes. The Black Cat protagonizada por John Carradine, para quien siempre fue su cinta favorita, donde interpretaba el papel de un atormentado y romántico asesino en serie, aunque pintor y titiritero, lo que le dio a Ulmer la oportunidad de rendirle homenaje al arte centroeuropeo de las marionetas. Pero, sobre todo, se consagró con la cinta Detour, un tour de force del “film noir” con apenas dos personajes y tres decorados, y donde lleva el melodrama hasta el paroxismo más surrealista y delirante. Se convirtió en pieza clave del género. En algunos otros momentos, con algo más de presupuesto, Ulmer era capaz de aparentar una superproducción, como en The Strange Woman o La extraña mujer, en 1946, película que dirigió junto a Douglas Sirk, y que resultaba un espléndido vehículo para Hedy Lamarr, melodrama de la época, con sustanciales tintes góticos y noir, que lo vincula a Alfred Hitchcock, así como a las sagas épicas de Martin Scorsese. Otras veces,  con mucho menos presupuesto aun, conseguía engañar todavía más, haciendo creíble un film de ciencia ficción, como The Man from Planet X  o El ser del planeta X, en 1951. Ulmer acabó, como muchos compañeros de viaje, en Europa, dirigiendo films de aventuras memorables como L´Atlantide, en 1961. Falleció en el año 1972 en Woodland Hills, no muy lejos del ingrato Hollywood. Décadas después, este artista íntegro, que se negó a rendir su vida personal o su visión propia a las exigencias de aquella Fábrica de Sueños -y también de las pesadillas- sería reconocido como uno de los grandes forjadores del cine de mezquino presupuesto. Hoy, la resurrección de las mejores películas en DVD de Edgar G. Ulmer nos permite resucitar también los placeres más exquisitos de la mejor Serie B, un género en muchas ocasiones mejor ensamblados que las películas más famosas y publicitadas. Detour es una película de cine negro norteamericano, un relato de suspense centrado en un hombre que viaja tirando dedo al Oeste a buscar a su novia. En el camino, lo levanta un hombre que por razones misteriosas muere. El copiloto decide tomar la identidad del fallecido. Al -Tom Neal hace una interpretación completísima- es un pianista cualquiera que toca en un club nocturno con su novia Sue -Claudia Drake hace un papel menor pero correcto-. Uno de esos días, ella decide mudarse a Hollywood para intentar ser actriz, y poco después Al decide viajar también, sin poseer el dinero necesario tira dedo hasta que un sujeto llamado Haskell para y lo recoge mientras le va contando que se dirige hacia Los Angeles para apostar en las carreras. En plena travesía, Haskell muere repentinamente, y Al -creyendo que lo pueden inculpar- decide esconder el cadáver y hacerse pasar por el occiso. Camino de Los Angeles, Al divisa a una mujer que hace lo mismo que él y decide recogerla. Vera -una impecable actuación de Ann Savage- resulta conocer a Haskell, y se da cuenta que Al no es él. Dueña de una oportunidad, decide chantajearlo para conseguir dinero. La trama que inserta Ulmer pivota sobre el plot de la película, que no es otro que el de la casualidad y el destino fatalista, temas que forman gran parte de los tocados habitualmente por el género. El peso de la narración recae en una voz en “off” -que no es otra que la del propio Tom Neal- de tono pesimista, que acompaña al personaje en un entramado histriónico de caóticos imprevistos y de lugares sin salida. La fotografía en B/N nos recuerda aquella de los largometrajes expresionistas alemanes de la década de los años veinte, tales como Das Kabinett des Dr. Caligari o El gabinete del Doctor Caligari de Robert Wiene, Nosferatu, eine Symphonie des Grauens o Nosferatu de F.W. Murnau y Der Golem, wie er in die Welt kam o El Golem de Wegener y Boese. Ulmer acierta en el uso conjunto de la narración en “off” donde a pesar de lo fatalista, los diálogos y las reflexiones son brillantes, y ayudan a crear una atmósfera opresiva. Ulmer construye escenas de notable compostura, donde destacan entre muchas, el desenlace, donde Al asfixia accidentalmente a Vera, y en el que la cámara se pasea por la habitación mostrándonos en primer plano todos y cada uno de los objetos esparcidos por el hecho, los mismos que delatan sin remedio al protagonista, desenfocándolos y enfocándolos nuevamente. Como nota de interés, Detour entró en 1992 en la prestigiosa lista de obra maestras del cine protegidas por el National Board Preservation. Para Ulmer, un cineasta que se inició como diseñador de arte de Murnau, Detour marcó el punto culminante de una carrera en la que realizó casi 50 films, la mayoría de ellos sin el capital necesario, y de diversidad de géneros como el horror, el policial o la ciencia ficción. Mucho menos conocido por nuestros lares, pero muy respetable como sus colegas europeos llegados a los EEUU, léase Billy Wilder, Fritz Lang o Robert Siodmak, Ulmer destacó por su talento para crear gemas a partir de ideas descabelladas y presupuestos mínimos. Detour fue su aporte fundamental a la historia del cine negro. Film de culto.