jueves, 26 de noviembre de 2015

“Le dernier des injustes”, Lanzmann hace una descripción satánica acerca de la ambigüedad de la iniquidad y del pecado.

































































No son muchos los historiadores que se han ocupado puntualmente luego de acabada la Segunda Guerra Mundial, de informar sobre las circunstancias en las cuales se produjo el holocausto judío. Existe mucho discurso que calcula cifras, y que no se pone de acuerdo acerca del número de perjudicados aunque se coincide en que fue un suceso de extrema gravedad, un “antes y después” en el vaivén de la Historia Universal Contemporánea, o un repensar sobre los límites a los que puede llegar el hombre en el ejercicio de la violencia. El director y combatiente de los nazis, Claude Lanzmann lo abordó hace ya 30 largos años en el quizás más extraordinario documental que se haya realizado: Shoah. En casi 10 horas de duración, sin imágenes de archivo, y donde todo se confía al relato de testigos, principalmente víctimas y verdugos que, años después, siguen exhibiendo un terrible grado de cinismo. Ahora, en Le dernier des injustes o El día de los injustos, el francés rescata un material que había grabado para Shoah -11 años de duro trabajo- pero que no llegó a incluir porque no se adecuaba al tono de tragedia que lo caracterizaba. Lanzmann guardó en su videoteca una diversidad de entrevistas realizadas en Roma en 1975, hechas a Benjamin Murmelstein, el único presidente de un Consejo Judío que estaba aún con vida. El judío ejerció su cargo en el “gueto” o campo de concentración de Theresesienstadt en Checoslovaquia, donde fue encerrada gran parte de la élite judía de habla alemana. El régimen nazi lo convirtió en  un lugar modélico por el trato hacia los prisioneros, aunque la realidad es que se hicieron las más crueles torturas y asesinatos. Por Theresesienstadt pasaron grupos de detenidos para ser llevados a los “guetos” en Polonia. A la serie de charlas filmadas, el director incluye una investigación documentada y actual del campo en donde lee textos referidos al mismo -algunos redactados por Murmelstein- imágenes de la ciudad y los sectores más significativos donde sucedió lo inevitable. Por otro lado, lo que logra Lanzmann es comprobar su propia data histórica. El papel de los Consejos Judíos fue controversial, porque no se precisó hasta qué punto colaboraron con los verdugos en el genocidio. La filósofa Hannah Arendt, señaló que actuaron bajo amenaza de muerte, y que salvo excepciones, no tuvieron alternativa. Lanzmann apuesta por esta interpretación, inclusive en el caso de Murmelstein, un sujeto muy inteligente que logró sobrevivir cuando sus predecesores en el cargo habían todos sido asesinados. En el documental demuestra una capacidad peculiar de convencimiento que Lanzmann sabe cómo explotarla. Le dernier des injustes nos entrega un testimonio acerca de tres temáticas: La organización del Holocausto; la función de los Consejos Judíos, y sobre Murmelstein, cuya trayectoria antes, durante y después de la guerra trasciende. El judío fue juzgado por el gobierno checoslovaco tras la guerra, y absuelto de cualquier acusación. Se deduce que si en esta entrevista tenía 70 años, vivió aquellos descarnados acontecimientos, que llevó luego llevaría a un libro, siendo aún joven. También podemos deducir que fue un personaje relevante desde antes de la guerra ya que ejerció un cargo religioso en la comunidad judía de Viena. Desde allí es donde pasaría a representarla frente a Eichmann, el organizador del genocidio. El jerarca nazi empleó a Murmelstein para que éste organizara la emigración de los judíos pudientes a otros países de Europa, a los cuales, por aquella época se les despojaba de sus bienes si querían  escapar, por lo que trató a un nivel próximo con el que años después sería juzgado en Israel. Murmelstein opina que no fue un simple funcionario alemán, sino un auténtico Mefistófeles al frente de la maquinaria del exterminio. Estuvo a su nivel, siempre frente a frente, y varias veces sentado en una silla. Escapó en 1938 hacia Londres, pero regresó a Viena, como hicieron otros representantes de la Comunidad Judía. El régimen nazi actuó con una estrategia de progresiones hacia los judíos, de la que se ocultaba gran parte, y en la que pasaron de las palabras a los hechos cuando los aniquilaron en masa. Esto lo hicieron usando a los propios judíos que llegaron a organizar hasta las listas de los  trenes que los conducían hacia lo peor. Les permitieron estar bajo una autoridad judía en los “guetos” mientras la guerra transcurría y formaban una fuerza de trabajo. Benjamin Murmelstein afirma que hacían todo lo posible para que el “gueto” de Theresesienstadt estuviera lo mejor posible y así sirviera a los intereses de los nazis, por ejemplo, con la Cruz Roja Internacional que el año 1944 los visitó. Esta estrategia fue encubierta por el régimen hitleriano. En el “gueto” se sabía que los llevaban hacia el Este, pero desconocían de la existencia de Auschwitz, y sobre todo de las cámaras de gas. Finalmente, Murmelstein emplea la metáfora de la marioneta, aquella que movía sus propios hilos para mostrar cuál era la relación con los nazis. El desenlace del documental se produce con una última entrevista en la que “entrevistador y entrevistado” pasean por  las ruinas de los Foros Imperiales de Roma, y cruzan bajo el Arco del Triunfo del emperador Tito, cuya decoración escultórica alude a la derrota militar de los judíos y el inicio de la diáspora. El trabajo de Lanzmann resulta de una enorme importancia historiográfica. Persiguiendo y localizando a testigos y participantes, logró reunir una gran cantidad de testimonios de primera mano que nadie jamás pudo aquilatar. El cine de Lanzmann tiene obligadamente que ser polémico y argumentativo, a pesar de sus pretensiones de obra definitiva, tanto desde el punto de vista histórico como puramente formal. Evidentemente, la bulliciosa personalidad que el realizador muestra en cámara, así como en las múltiples polémicas que ha mantenido a través de los años, nos muestra a un argumentador y refutador brillantes. El testimonio de Murmelstein es un relato oculto que nos lleva a territorios más abstractos, esos lugares de la mente en los que no existen las circunstancias ni los condicionamientos de la vida real, del tiempo histórico, para que nos preguntemos si quizás, en alguna ocasión, el mal menor puede ser considerado como un bien absoluto. Muy recomendable.