martes, 8 de diciembre de 2015

“Hellraiser”, Clive Barker detalla el epicentro del terror a través de la carne y el evangelio sangriento.




















































































El inglés Clive Barker, autor polifacético, escritor, director de cine, pintor y dibujante, es conocido por sus libros de terror como la serie de relatos Books of Blood, y las adaptaciones cinematográficas de las mismas, como Hellraiser o Night Breed. El cómic también ha tomado parte de la obra de Barker para ser publicada. Tras licenciarse en Literatura Inglesa y Filosofía en su natal Liverpool, se traslada a Londres en 1973, donde funda una compañía de teatro para representar su propia obra. Entre 1984 y 1986 publica en seis volúmenes la colección de relatos Books of Blood con los que lograría el reconocimiento del público y la crítica. En 1985, publica su primera novela, The Damnation Game. Las cintas iniciáticas de sus relatos Rawhead Rex y Transmutations, lo decepcionaron hasta el punto de decidir dirigir y producir él mismo, en 1985, Hellraiser, film basado en el relato The Hellbound Heart. La cinta se convertiría en una obra de culto del cine de terror, dando lugar a todo tipo de derivados: múltiples secuelas, adaptaciones al cómic y series de historietas como Pinhead, y otros como la serie de figuras Infernal Parade y Tortured Souls. Barker ha publicado muchas novelas fantásticas y de misterio aunque siempre inclinándose hacia un tono terrorífico como; Cabal: The Nightbreed, Weaveworld, The Great and Secret Show e Imajica. Varias de ellas han sido adaptadas al cómic por Eclipse Books e IDW Publishing. Entre 1993 y 1995, Barker colabora con Marvel Comics en la creación de un sello editorial propio llamado “Razorline”, donde desarrolla títulos, personajes y argumentos para cuatro series de cómics relacionadas entre sí: Ectokid, Hokum and Hex, Hyperkind y Saint Sinner. Barker ha ilustrado en numerosas ocasiones sus propias obras, y las ha expuesto en talleres de Nueva York y Los Ángeles, habiéndose publicado también algunas recopilaciones de sus trabajos. Ha explorado la literatura infantil en The Thief of Always y la serie Arabat, y ha colaborado en el argumento y diseño de dos videojuegos de terror: Clive Barker´s Undying y Clive Barker’s Jericho. Pues bien, cuando Stephen King afirmó que Clive Barker era el futuro de la literatura moderna del horror, acertó. La obra de Barker surge del entorno que la vio nacer: la “Nueva Carne Cronenbergiana”, que es una respuesta conceptual a la explosión “gore” que vivió el cine de terror de los años ochenta gracias al desarrollo de los efectos especiales de maquillaje, que iban a servir de molde para un repaso renovador de aquellas definiciones clásicas de la literatura de género. Barker se sumergía en los purulentos misterios de la carne, diseccionando el cuerpo que le daba forma al horror para establecerlo como lo horrido, representado a través de universos retorcidos en los que el placer y el dolor, lo obsceno y lo excitante, se unían en la búsqueda de la belleza de lo puramente escalofriante. Pero, lejos de limitarse a ser una simple exhibición de atrocidades coyunturales, la fascinación de Barker por la futilidad de la existencia y por la degradación de lo físico nos lleva hacia un escritor que se obsesiona por traspasar las barreras morales, sexuales y físicas de lo políticamente correcto, y así redescubrir la utilidad del género de terror como medio subversivo para tratar de destapar una impoluta sábana de seda que cubre los aspectos más desagradables de nuestra realidad, aunque el resultado sea un cadáver descuartizado hecho pasto para los gusanos. Es el cine, el que se encargaría de demostrar la densidad del mundo literario de Barker ante la imposibilidad de traducirlo en imágenes complejas, como quedó evidenciada en las adaptaciones poco afortunadas. Hellraiser es un intento de Clive Barker por plasmar su creatividad fiel a su pensamiento y obra, como un medio para expandir ese mismo mundo a otros medios artísticos. La estructura de Hellraiser se compone de motivos: el caserón encantado, esa mansión apartada de la civilización que parece alimentarse de la sangre de sus ocupantes, el “slasher”, la gélida Julia convirtiéndose en una asesina en serie para proveer cuerpos a su amante para que éste recupere los músculos y la piel, la Monster Movie, que va a incluir a los cenobitas, sadomasoquistas, las criaturas interdimensionales cuya carne lacerada se fusiona con sus ropajes de cuero, e incluso, el cine erótico morboso, donde el triángulo entre el marido, la mujer y un ser esquelético van a intercambiar afectos. Pero, el acercamiento de Barker a estos elementos no es en sí un fin narrativo sino escenográfico. La primera imagen del film nos muestra la “Configuración de los lamentos”, la “caja-puzzle” que servirá de llave para abrir las puertas del reino del dolor y del placer. La mano de Frank deja el dinero encima de una mesa, mostrándonos unas uñas negras, atiborradas de suciedad. En la siguiente secuencia, Barker lo coloca en medio de la oscuridad, rodeado de velas, y manipulando la caja. Esa mezcla entre sordidez y obsesión define mejor al personaje que cualquier línea de guión. Poco después, lo que estallará en esa habitación será el infierno con el suelo cubierto de trozos de carne y entrañas, las cadenas tintineantes, el chirriar del tronco central girando, adornado por calaveras y huesos, una mano con guantes que recompone un rostro humano dividido en trozos. Lo cotidiano desaparece en favor de lo abismal y el cuerpo humano se convierte en un rompecabezas cuyas piezas se desordenan. Durante la mayor parte de Hellraiser, Barker expone posiblemente una de las muestras más penetrantes del género en su momento, al aprovechar los estilemas más gráficos de éste -los efectos especiales y el gore- y desechando los que son superficiales -el protagonismo de personajes adolescentes- para así darles un enfoque adulto, consiguiendo una atmósfera mórbida que surge tanto de esa casa inundada por la oscuridad, y lo repelente, esa iconografía católica de corte “kitsh” sumada una cocina infestada de cucarachas y gusanos, así como acciones de aquellos personajes impensados: ratas clavadas a la pared o Frank destripando a una de ellas mientras delante de él Julia se acuesta con Larry, hermano del primero y esposo de la fémina. La intensa degradación física de la que hace gala Barker así como su llamativa incomodidad corpórea -esa camisa blanca puesta encima del torso en carne viva de Frank y el suero que se llena de sangre hasta reventar- representan la pútrida manifestación de los esquinados laberintos morales que rigen el destina de los protagonistas. Quizás, el futuro de Barker como sujeto creador discurriría por caminos diferentes a los de sus inicios, alejándose del corazón lleno de sombras negras, entrañas y criaturas abominables, como si el reflejo del “Mal” lo hubiera aterrorizado. Pero, lo cierto es que en la misma Hellraiser evidencia estas consecuencias al lograr internarse en las profundidades de lo repugnante. En los últimos minutos, el cineasta hace que la presencia adulta desaparezca, y queden abandonados los jóvenes. Entonces, el film aminora su seriedad que había acumulado hasta ese momento, como si se viera contagiada del protagonismo de sus personajes adolescentes, traduciéndose en un “tour de force” plagado de persecuciones, bromas y pirotecnia. De esta forma, se refrenda la importancia de Hellraiser, porque sirve de turbador resumen del descarnado universo literario de Clive Barker, convertida hoy en una película de culto.