lunes, 14 de diciembre de 2015

“The Visit”, M. Night Shyamalan, el cineasta de la complicidad, vuelve a rescatar la sustancia existencial del terror y el fantástico, a través de la ironía, el suspenso y el miedo. Tanteos para mejor actor protagónico y mejor actriz secundaria camino a las nominaciones de The Oscars.




















































































Empezamos la entrada siguiendo con los tanteos para The Oscars, hoy en el rubro Mejor Actor Protagónico y Mejor Actriz Secundaria o de Soporte: En relación a la primera categoría consideramos a: Ian McKellen en Mr. Holmes, Leonardo DiCaprio en The Revenant, Bryan Cranston en Trumbo, Will Smith en Concussion, Johnny Depp en Black Mass, Michael Fassbender en Steve Jobs, Matt Damon en The Martian, Eddie Redmayne en The Danish Girl, Geza Rohrig en Son of Saul, Ian McKellen en Mr. Holmes y Michael Caine en Youth. En la segunda categoría apostamos por: Rachel McAdams en Spotlight, Rooney Mara en Carol, Jane Fonda en Youth, Julie Walters en Brooklyn, Alicia Vikander en The Danish Girl, Elizabeth Banks en Love and Mercy, Jennifer Jason Leigh en The Hateful Eight, Kate Winslet en Steve Jobs, Helen Mirren en Trumbo, Joan Allen en Room y Kristen Stewart en Clouds of Sils Maria. Pues bien, todo escritor debe de seguir los doce pasos del “viaje del héroe”, metodología que se sustenta en el contenido y la hechura de la narrativa cinematográfica a lo largo de la civilización histórica del arte, y que continúa consolidada como una herramienta trascendente en la pedagogía de un guión. Nos referimos a un número de acciones extrapolables en el fondo de cualquier relato, que parten del mundo ordinario hasta superar una serie de pruebas objetivas para regresar desde lo profundo con aquello que le compete. Dicen que el único cambio que alguien sigue es el que uno experimenta para reencontrarse consigo mismo. Este es el caso de M. Night Shyamalan, un cineasta adorado y odiado a partes iguales, y que ha regresado para entregarnos un largometraje lleno de matices. El cine del yankee posee esa contraversión de hacer increíble lo que a primera vista parece burdo. Configura la fábula más pintoresca e inverosímil para transformarla en la comunión entre ficción y realidad, narrador y espectador. Si el recientemente fallecido Wes Craven supo reírse de las miserias del “slasher”, Shyamalan hace exactamente lo mismo en The Visit, a través del protagonismo absoluto de dos niños, y asemejándose a los films Aux yeux des vivants, de Alexandre Bustill y Julien Maury, y a la belga Welp, de Jonas Govaerts. Tras arrasar con The Sixth Sense o Unbreakable, y no poder  cumplir con las expectativas con proyectos como The Last Airbender o After Earth, The Visit es la esperada redención para el director de origen hindú. Estamos frente a una reconciliación de sus seguidores con ese Shyamalan fresco, sorprendente y seductor de finales de los años 90. En The Visit, el cineasta sigue el “viaje del héroe” y recorre las capas que resuenan bajo imágenes realizadas en “found footage”. Shyamalan, se autoproduce y encarna su propia travesía  del héroe en la búsqueda de un resucitar de cara a la meca hollywoodense, al igual que su niña protagonista alcanza, realizando un falso documental donde intenta lograr el perdón de los abuelos a su madre, el mismo que ella le debe a la figura paterna ausente. The Visit cuenta la historia de dos hermanos que van a pasar una semana con sus abuelos al campo. Una visita, relajada y afable, en la granja familiar que, sin embargo, se convertirá en una inquieta carrera contrarreloj para saber qué es lo que ocurre en el lugar a partir de las 21.30 PM., hora en la cual sus abuelos cambian por completo, y se convierten en dos psicópatas. Shyamalan obra con inteligencia comercial para firmar la clase de producto que prende la taquilla para en vez de rendirse a las convenciones del subgénero, nos sitúe ante un proyecto personalísimo, siendo capaz de reinventarse desde su propio cambio. Esta lectura, presente a lo largo de su filmografía, queda marcada con la utilización del mencionado “found footage” -técnica narrativa del género de terror así como de los falsos documentales en que toda o una gran parte de la ficción se presenta como si fuese un novedoso material descubierto, y que se fundamenta en: una apertura omitida, el relato flexible, la filmación inestable y el uso de la BSO sin una música extradiagética aunque dotada de sonidos experimentales- el mismo que no se ajusta a nada realizado hasta la fecha, y al que aporta el cuidado de lo formal y un estilo invisible, salpicado de una visualidad cargada de información ya desde los primeros ajustes que fijan aquel tránsito -del gesto cómico al llanto de la madre- de una despedida de sus hijos en el andén o capturando a los abuelos nada más conocerlos desde el reflejo distorsionado de un cristal roto en la nieve. Es difícil encasillar The Visit en un único género. Si bien la podríamos situar dentro de la comedia negra, como su más aproximado punto de partida, el experimento va mucho más allá. Comedia, terror, drama, cine para toda la familia etc., todo luce tan bien ensamblado que es difícil no comprender la cinta como una entidad asexuada o andrógina, donde Shyamalan juega a ser “lo máximo” con estos géneros. Nosotros, no podemos hacer otra cosa que dejarnos fustigar con su amor y simplemente sonreír. Shyamalan hace que no solo la combinación de códigos funcione, sino que su formidable guión nunca deja nada al azar, ya que cada decisión sobre la puesta en escena no resulta una mera casualidad, encaminándonos hacia una gradación en la que cada elemento resplandece. El desarrollo de la trama se ajusta al formato del material encontrado, prestándose a las ocurrencias y temores en la relación a los dos nietos durante la estancia en casa de sus abuelos, así como a su forma de entender el falso documental, a la vez que con el transcurrir del tiempo sucederán entidades extrañas en el comportamiento de sus abuelos, donde el cineasta coloca grietas, señales, símbolos etc., que apuntalan una construcción narrativa apetecible. Hasta entonces, el film sufre de cierta repetición de sus propios esquemas, aunque la ausencia de música no le impide recurrir a la utilización de efectos de sonido, los cuales revelan un mecanismo de estilismo lo suficientemente honesto, permitiendo acercarnos al montaje. Shyamalan trasciende el género fantástico y de terror, presentándolos lúdicamente, y jugando con el componente sobrenatural de cada suceso desde los elementos que le proporciona el cine, sembrando tantas incógnitas como certezas. De hecho, el título original con el que se rodó la película no era otro que “Sundowning”, término conocido como síndrome del ocaso, es decir, la enfermedad mental que sufre la abuela, no como una excusa para sus temores nocturnos, sino una muestra de lo diáfano de la propuesta. En esa fina línea entre el poder del cine fantástico y el enfoque documentalista, es donde Shyamalan traza el fundamento de su narrativa junto a los múltiples relatos que subyacen en cada escena: la escalofriante historia sobre dos niños abandonados que cuenta la abuela, la presencia de un ser de ojos blancos que asiste al abuelo, el recuerdo traumático de un partido de fútbol americano del niño o el miedo a verse en el espejo de su hermana etc., todos afectados por la sensación de abandono así como la incapacidad de perdón, los que se van a entrelazar en un clímax final catártico, y dentro de un montaje paralelo. The Visit es una nueva demostración que M. Night Shyamalan sigue siendo uno de los mayores baluartes del cine fantástico y de terror actual. El cineasta logra un film que se afirma en el divertimento, y que se burla “de” y “con” el falso documental o “mockumentary” que se nos pasa en un suspiro y que nos sumerge en un carrusel de emociones dispares e intensas. El  talento de Shyamalan no solo resurge, sino que se retroalimenta de su naturalidad, y lo expone con brillantez. Shyamalan no ha vuelto porque nunca se había ido, pero hacía tiempo que estuvo de paseo. Si The Visit tiene algo de positivo es que Shyamalan sigue acomodando definiciones de su esencia cinematográfica en el bufete de la polémica, en ese mismo lugar donde muchas veces ganó, y otras cayó destrozado por una crítica superflua y destructiva amante de su denigrante incompetencia, y que no le conviene investigar sobre el núcleo del pensamiento del cineasta. Bien por un tipo que se mata trabajando y que usa con propiedad el talento, y busca que disfrutemos de una buena historia.