miércoles, 16 de diciembre de 2015

“Workingman's Death”, Michael Glawogger retrata crudamente la realidad que azota a la humanidad en la relación empleo, trabajo y supervivencia. Predicciones para The Oscars 2015, acerca de Mejor Film de Animación, Mejor Film en habla no inglesa y Mejor Film Documental.




















































































Continuando con el desafío de plantear a las posibles nominadas a The Oscars, según diversas categorías, hoy plantearemos nuestras predicciones en rubros como Mejor película animada, Mejor película en habla no inglesa y Mejor Film Documental. Para Film de animación nos hemos inclinado por: The Good Dinosaur  e Inside Out de la factoría Disney y Pixar, Home y The Peanuts Movie de la 20th Century Fox, Anomalisa de la Paramount Pictures, When Marnie Was There, Kahlil Gibran's The Prophet y Boy and the World de GKIDS, Shaun the Sheep de Lionsgate y O menino e o mundo de Papel de Filme. En cuanto a Film de habla no inglesa nos inclinamos por: Saul fia de Hungría, Mustang de Francia, Im Labyrinth des Schweigens de Alemania, Nie yin niang de Taiwán, Miekkailija de Finlandia, Que Horas Ela Volta? de Brasil, Theeb de Jordania, Viva de Irlanda, Krigen de Dinamarca y El abrazo de la serpiente de Colombia. Finalmente, en el rubro de Film documental nos vamos a jugar por: Amy de Asif Kapadia, Listen to Me Marlon de Stevan Riley, The Look of Silence de Joshua Oppenheimer, Winter on Fire: Ukraine's Fight For Freedom de Evgeny Afineevsky, Going Clear: Scientology and the Prison of Belief de Alex Gibney, Best of Enemies de Morgan Neville y Robert Gordon, Cartel Land de Matthew Heineman, He Named Me Malala de Davis Guggenheim, Where to Invade Next de Michael Moore y Heart of a Dog de Laurie Anderson. Esperemos próximos posts para seguir con predicciones más complicadas.

Pues bien, no es por mera coincidencia que comentaremos un documental del austriaco Michael Glawogger, director, guionista, fotógrafo y documentalista prestigioso. Su trabajo en cada uno de estos roles muestra un espectro amplio de lo que pensó y llevó a cabo. Sus documentales siempre nos hablan acerca de la condición humana. De 1981 a 1982 estudió en el Instituto de Arte de San Francisco, y desde 1983 hasta 1989, lo hizo en la Academia de Cine de Viena. Lamentablemente, falleció a mediados de 2014, a los 55 años, y nos privó de su incansable obsesión por filmar la realidad de los seres marginados. Sus últimos trabajos van desde la adaptación literaria de Kill Daddy Good Night en 2009, las extravagantes comedias, Nacktschnecken, en 2004, y su pasión testimonial a través de sus documentales ensayistas como Whores' Glory, en 2011, una mirada desafecta de la prostitución en países tan dispares como Tailandia, Bangladesh y México. Su obra más reconocida fue Workingman's Death, en 2004, un excepcional trabajo de campo cinematográfico que retrata crudamente la realidad que azota a la humanidad en la relación empleo, trabajo y supervivencia, en diferentes países. El film trata de obreros ucranianos, indonesios, nigerianos, chinos y paquistanís, todos ilegales, y que se arrastran por lugares subterráneos a punto de derrumbarse, y en busca de carbón, azufre y metales. Glawogger no sólo se mueve entre las formas y géneros cinematográficos, sino también entre tonos suaves, contundentes y humanistas. Por ejemplo, en una escena filmada en Indonesia, apreciamos como obreros que transportan sulfuro de la cima de la montaña al valle, y debido a la dura carga, se paran de vez en cuando. Se sientan y mantienen un diálogo. Algo tan sencillo como esto, demuestra cómo es que el cineasta logra la mejor forma de rodar  una secuencia que involucra la condición del hombre. La localización siempre indica, en Glawogger, cómo debe mostrar su intencionalidad discursiva, afable y cavilante. Al austriaco le interesa ver cómo las personas reaccionan ante sus circunstancias, y estas, muchas veces son oscilantes y contrapuestas. Por ejemplo, Glawogger jamás diría que Bangkok sea el Tercer Mundo, pero sí, como mucho, el Segundo. En el prostíbulo, se ven clientes de clase media-alta. Es cierto que otros lugares de la película muestran situaciones socio-económicas desfavorecidas. Y cómo se actúe ante eso es lo que parece interesarle. Hay gente que podría afirmar: “Jamás podría vivir así”. Glawogger parece responderles: “Por supuesto que sí, porque el ser humano es así, sobrevive en las circunstancias más duras, y es en los malos momentos, cuando realmente muestra mejor cómo son.” Para el cineasta, realizar una reflexión cinematográfica sobre el aburrimiento, debió de ser uno de sus mayores retos posibles. La forma depende del tema. Por ejemplo, la ausencia de colores durante el invierno en Viena condiciona la fotografía del film. En la parte de Ucrania, en las minas, es muy gris, después está el intenso amarillo del sulfuro en Indonesia, el penetrante rojo de la sangre en Nigeria, y el marrón de los barcos oxidados en Pakistán. Todo tiene una posibilidad de adaptación a lo que fuera, y su estilo es lo que predomina. Pero, de pronto, pueden surgir muchos colores, de forma desaforada, debido al estado de la naturaleza. El concepto es radicalmente opuesto, pero sucede y es incontrolable. Cada film posee un estilo que lo define y que comunica los sentimientos de los personajes, y de quienes los filman o fotografían. Con Whores' Glory pudo completar su trilogía sobre el mundo del trabajo. A la gente que vivimos en la ciudad, nos resulta fácil asegurar que nuestro trabajo es un “infierno estresante”. Aquellos que crean en esta tesis y no vean más allá de sus narices o las puertas de su casa, sin duda que tienen que fijarse en lo que hace el cineasta, conseguir el film y observarlo con atención. Glawogger, con esfuerzo y valentía, logra un evento testimonial valiosísimo que exhibe una realidad determinada de hasta cinco formas de lo que para nosotros -acomodados y educados ciudadanos- son trabajos forzados. El austriaco nos traslada a recorrer los lugares más inhóspitos donde se ven obligados a llegar los marginados del sistema, y como si fuera una paradoja, también los turistas fastidiosos que siempre existen. Desde los mineros ucranianos hasta los siderúrgicos chinos, pasando por los cargadores de azufre de Indonesia y los desolladeros nigerianos, Glawogger da una lección de pulso documental con una cámara que combina a la perfección forma y contenido. Su “steady-cam”, la emplea para suavizar el recorrido de la vista a través del espacio que recorre la toma, y en manos de Glawogger, duplica su funcionabilidad al colocarse como una  especie de testigo directo al servicio del cuestionamiento de lo que va filmando. Un material irritante, en lo moral, como agresivo en lo físico. Por ejemplo, en el capítulo de los cargadores de azufre, el recurrir a la estilización de la “steady-cam” no se debe tan sólo a la facilidad que la cámara le brinda al operador para descender la pendiente del cráter donde se provee y recoge el azufre. Reconoceremos que su mayor utilidad se debe a la necesidad del cineasta por colocarnos lo más cerca posible de los cargadores que arriesgan sus vidas al recorrer tan peligrosos andares. Glawogger se pega a la espalda de los protagonistas para hacer que quienes observamos atentos no nos convirtamos en “mirones de paso o de ocasión” de lo que allí sucede. Al contrario, el cineasta austriaco consigue que el rechinar de los canastos donde se deposita el fruto del trabajo de los obreros nos quede grabado en nuestros cerebros hasta hacernos pensar en los 115 Kg de peso que llevan los cargadores de azufre. Por otro lado, el potencial sonoro del documental es algo que se emplea con una fuerza sobrecogedora. En Workingman’s Death resulta evidente, en más de una ocasión, que el cineasta no rompe la barrera que le impone la observación, ni su dura imparcialidad para indagar en los motivos políticos y económicos de los trabajadores. La razón a semejante circunstancia la encontramos en el subtítulo del film: cinco retratos del trabajo en el siglo XXI. Sólo si nos ceñimos a la posibilidad de una superficialidad de lo que plantea Glawogger, en tanto la utilización de una descriptiva de aproximación, puede llegar a situaciones como el cierre por ley de las minas ucranianas y la simultánea prohibición de esta industria que se entienden como un elemento inadvertido del testimonial. De todas maneras, esa vinculación al retrato es lo que nos permite hablar de una cercanía solidaria hacia los protagonistas. Lo que sucede es que en Workingman’s Death existe una tendencia por acercarse de la forma más humana posible al rostro de los obreros. Un humanismo claro y conciso que traslada a la pantalla no sólo como un brutal esfuerzo o sobreesfuerzo que estos héroes realizan a diario, sino también aquellos detalles que nos permiten observar absortos una realidad inimaginable, pero que existe. La cámara registra las conversaciones que mantienen los  diversos personajes entre sí, desde el costo de la escuela para sus nenes hasta una explicación sobre quien es un artista como Bon Jovi. Glawogger consigue adherirnos al rostro no sólo físico sino también interior de los trabajadores. Por todo ello,  Workingman’s Death no es un documental cualquiera. Por el contrario, se trata de un film acerca de nuestros hermanos de rostros humanos que destroza nuestro espíritu por no encontrar una sabia explicación de cómo en el nuevo siglo, al hombre todavía se le explota vilmente, y se le trata como animales de carga. Grandísimo testimonio del finado Glawogger.