domingo, 10 de enero de 2016

“La Science des rêves”, Michel Gondry crea un bello ejercicio surrealista de inspiración mustia a través de los sueños.














































































Cuando hace algún tiempo publicamos dos cintas del francés Michael Gondry, tanto Eternal Sunshine of the Splotess Mind, su propuesta mejor ensamblada, así como Be Kind Rewind, un prototipo de lo bizarro, afirmábamos que existían cineastas que iban cambiando de género, midiendo con cautela los procesos de experimentación, y que solían conseguir algún logro. A otros, no les da el cuero para arriesgar una supuesta pericia manteniéndose en su línea, y quienes intentan lo que hace Gondry, es seguro que pasan desapercibidos. En el caso de Be Kind Rewind, Gondry se apega a la elaboración de una especie de homenaje a la cinefilia a través de un “buddy film o película de amigos”, género que enaltece la camaradería masculina, y relega el vínculo entre el hombre y la mujer a un posicionamiento secundario. Ejemplos sobran: Laurel y Hardy, Lemmon y Matthau, Gibson y Glover, Travolta y Jackson etc. Pero, Gondry deja el romanticismo de Eternal Sunshine of the Splotess Mind, y pisa fuerte la comedia, contando con ideas renovadoras, talento, y un encendido discurso aunque también con alguno que otro vacío a través de una especie de mitología cinematográfica. Be Kind Rewind, es el resultado de la curiosidad y ductilidad del francés, donde, sin embargo, persiste en un evento surrealista de inspiración poética, esta vez como un enloquecedor ejercicio de cinericia, muy alejado de su melodrama acerca del amor. El cineasta galo recrea otro tipo de pasión; la del cine dentro del cine, la idealización creativa de dos personajes que se ven abocados a dar rienda suelta a su vena artística cuando, por culpa de una descarga eléctrica, uno de ellos se transforma en una especie de magnetizador humano, borrando todas las cintas de vídeo de un viejo videoclub a punto de ser demolido, y que ya tenían que abandonar para pasar a un nuevo local. El mundo de ensoñación de Gondry sigue transitando por los caminos del naturalismo, la estética medio atractiva, y un recóndito superrealismo, pero que funciona por su manifestación provocadora acerca del destino incierto del cine al amparo de los nuevos modelos audiovisuales como You Tube, Netflix, Internet o el fácil acceso a cámaras filmadoras de gran calidad y precisión, allí donde Gondry especula y nos invita a la injerencia ilusoria de los sistemas cinematográficos actuales. En el caso de Eternal Sunshine of the Splotess Mind, Gondry y su escritor Kaufman construyen simbióticamente una hermosísima y peliaguda fábula romántica que propone a través de la ecuación de los tiempos, su premisa narrativa. Cuenta Charlie Kaufman que Michel Gondry le contó la idea sobre el film suponiendo qué pasaría si un buen día encontrara una tarjeta en su buzón, y que en ella se  afirmara que ha sido tachado de la memoria de alguien. El guionista enseguida recurrió a un poema de Alexander Pope que empieza con el siguiente verso: Qué felices son los inocentes, olvidando el mundo, y por éste olvidados. Brillo eterno de una mente inmaculada. Cada plegaria aceptada y con cada una, una renuncia. Con esta sugestiva hipótesis literaria, y la maquinaria poética de Kaufman, ambos lograron una comedia oscura y triste sostenida en el olvido como sentimiento del amor añorado, pero siempre instalado en el extravío. Pero, Gondry -sin Charlie Kaufman- ha apuntalado un film titulado La Science des rêves con algunos rudimentos comunes a Eternal Sunshine of Splotess Mind. Primero, que se trata, al igual que aquella, de una compleja y hermosa oda al romance, donde la fragilidad de los recuerdos y de los sueños se manifiesta en la contraposición de ensueños, remembranzas, y alegorías de la memoria que sirven como subterfugio para escapar a lo discreto. Segundo, La Science des rêves es también un intenso melodrama obsesivo e íntimo, que fragua su interés en términos de solucionar en sueños lo que uno no es capaz de hacer en la vida real. Ambas, están definidas por lo imprevisible y la creatividad de una propuesta corajuda, en este caso, autobiográfica, sostenida en una singular idiosincrasia que utiliza una narrativa casi semejante, donde interviene cierto furor por el ejercicio surrealista de la inspiración poética, que resulta estimulante. La diferencia entre el Gondry de Eternal Sunshine of the Splotess Mind y este de La Science des rêves es la forma en que se vislumbra al amor.  La cinta que hoy comentamos es un arriesgado testimonio acerca del desamor, un drama con toques de comedia que invade con una personal visión del amor y del romanticismo en las dudas, en la inseguridad y en la oscilación mental de quien, acostumbrado a perder, inventa un universo para engañarse a sí mismo, y evadir problemas rutinarios. Gondry presenta a Stéphane -el mexicano Gael García Bernal está formidable y su inglés es increíble- un joven con una imaginación desbordante que, buscando cambiar su destino, tiene que regresar a Francia tras la muerte de su padre, para quedarse a vivir en París y trabajar en una empresa de publicidad, un empleo tedioso, capaz de coartar las ínfulas creativas de este irreverente antihéroe. Para huir de la monotonía, recurrirá a su memoria y al subconsciente, se refugiará en extraños sueños para soportar los malos momentos. Lo hace hasta que aparece en su vida Stephanie -una imponente Charlotte Gainsbourg- la vecina de la que acabará enamorándose, sin saber que el sentimiento no le será correspondido. Tras esta sutil trama, Gondry recurre a una de sus habituales fantasías -impregnada de su bagaje como realizador de videoclips- donde va a acentuar su disposición por la esquizofrenia visual y temática que mezcla aquí con una aforística narrativa en la que no faltan las bellas ilusiones del “stop-motion” que tanto nos recuerda a Svankmajer. Por lo tanto, la nueva y revolucionaria impronta de Gondry se caracteriza por ser, al igual que Eternal Sunshine of Splotess Mind un juego de metalenguajes por su fragmentación de temáticas, realidad y ficción, o guiños oníricos que suplantan lo material para convertirse en una entelequia, y fundir la existencia en el idealismo, en esa farsa visión en la que vive Stéphane, sublimándose dentro de un universo indescifrable con situaciones contrapuestas contextualizadas en un escenario percibido como un “collage de ilusiones” frívolas en la vida real, pero imperturbable en su utopía. El film de Gondry es un encomio a la inmadurez, a la incapacidad de asumir los fracasos sentimentales y la inercia de un trabajo aburrido cuando lo estimulante de los impulsos más íntimos es ineludible. La vida no es fidedigna a lo que uno pretende o quiere. La realidad, como consecuencia, destruye los sueños que sirven como catalizadores de los deseos que son imposibles de alcanzar en esos miserables automatismos del día a día. Gondry, sin Charlie Kaufman, es capaz de elaborar un guión estructurado, que respira libertad absoluta y marca con su huella ese categórico albedrío, evidenciando que disipa la intencionalidad de la historia, pero que le va a otorgar a cambio, la naturalidad con la que se salta cualquier funcionalidad en su oda a la ficción, al sueño y a una poesía desordenada, dentro de un caos en el que se sumergen dos personajes hermanados en creatividad y fantasía, pero distanciados en sentimientos, por el infantilismo amorístico de Stéphane en contra del sensato raciocinio de Stephanie. Lo que parece ser lo más rescatable del film es la complejidad con la que Gondry expone los elementos que configuran el subconsciente, el mismo que plasma a través de la esteticidad del “videoclip” y la artesanía conferida con un extraño toque de naturalismo, donde conviven el realismo del entorno parisino -tan europeo y artificioso- donde impera lo caleidoscópico. Aquí, el concepto de estroboscopia encuentra un lugar común en el simbolismo que escapa a los arquetipos de los sueños. De ahí, que tengan tanta fuerza las imágenes de estudio de una TV imaginaria en el que el protagonista recompone oníricamente su vida, desde la visión de cámaras de TV hechas de cartón, y una pantalla que exporta lo filmado en otra dimensión. La Science des rêves es una apasionante travesía a un cosmos imaginativo atravesando hermosos viajes astrales, donde la TV, el futuro, el cartón y la imaginería se muestran como una proyección de la conciencia desde fuera del cuerpo físico, aludiéndose a los sueños como forma de existencia, donde es improbable abandonar la idea de un calendario titulado “desastrología”, un mar de celofán surcado por un barco que tiene un bosque, con colinas de un mundo inventado donde cabalga un caballo de felpa, y existe una máquina del tiempo que viaja a través del mismo sólo por un segundo. Michel Gondry crea un bello ejercicio surrealista de pura inspiración mustia a través de los sueños. Muy recomendable  film del cineasta francés.