miércoles, 13 de enero de 2016

“Steve Jobs”, Danny Boyle hace junto a Aron Sorkin un relato pertinente de un visionario extraordinario aunque con taras inaceptables e inhumanas.





























































































Fui a observar la película de Boyle, Steve Jobs, y conociendo como piensa el abordaje de un film el británico, logra una película entretenida, no biográfica, aunque se da ciertas atribuciones con el guionista Aron Sorkin, de criticar la personalidad arrolladora y arbitraria de Jobs, y otras manías, que las separan en tres episodios o momentos que consideran como los más trascendentes de la vida del hombre que muchos piensan que cambió al mundo tecnológico con sus productos. Es verdad, comparto esa postura al margen de la cantidad de premios que recibía de la coqueta revista Fortune, que ya sabemos cómo elige a los hombres más importantes y millonarios cada año. Pero, ¿¿Qué habría sido de los negocios de Jobs sin el Internet que Paul Otlet, Leonard Kleinrock, J.C.R. Licklider, Robert W. Taylor, Paul Baran, Thomas Marill, Lawrence Roberts, Barry Wessler, Steve Carr, Steve Crocker, Jeff Rulifson y Ron Stoughton, un grupo de hombres que contribuyeron a crearla?? o si nos vamos más atrás, de la TV, que inventó el ingeniero escocés John Logie Baird, en 1926. Para mí, Jobs era un visionario y magnate de los negocios, un enorme empresario, pero no inventó él nunca nada, ni siquiera estudió una carrera universitaria. Sí, lo compararía parcialmente con Bill Gates o con Shapiro, o como el mismo Zuckerberg por su conocimiento de mercados potenciales. He visto dos documentales acerca de Jobs, uno -Steve Jobs: The Lost Interview- que es una entrevista donde dice lo que quiere, y que si bien señala algunas cosas interesantes no tiene de relevancia de su personalidad. El otro, más completo y actual: Steve Jobs: Man in the Machine, de Alex Gibney, donde el realizador se mete al nervio de la cuestión, no en los logros, ni en que era budista, putañero o vegetariano, sino en el temperamento -falleció de un cáncer menor al páncreas, y que prefirió tratarlo con medicinas alternantes en vez que con la ciencia, es decir, jugó con su salud, trasgrediendo inclusive, sus propios principios sobre la técnica y científico que defendía y predicaba- y aquellas formas que Jobs utilizaba como jefe, y que había sido denunciado por varias personalidades. Por ejemplo: la seria publicación de Mike Daisy en: “The Agony and the Ecstasi of Steve Jobs”, donde el editor demuestra la existencia de un ambiente de opresión y vejación en las empresas de Terry Gou, Hon Hai/Foxconn Technology Group, en el nuevo Taipéi, donde se producen hasta hoy la mayoría de componentes electrónicos de las empresas de Jobs. Para el economista, médico, sociólogo y politólogo español Vincenc Navarro López, el imperio “Apple”, de Steve Jobs se construyó sobre la investigación y desarrollo científico financiado con fondos públicos, y confirma a Mike Daisy sobre la explotación de los trabajadores en condiciones infrahumanas, además de ser una persona hostil a los trabajadores, y que despreciaba a su competidor Bill Gates por el excesivo interés de este en ayudar a los menos favorecidos. Eric Alterman, en un artículo publicado en The Nation, en noviembre de 2011, señala que Steve Jobs fue una vergüenza norteamericana durante muchos años encubierto políticamente, además de reafirmar la insensibilidad hacia las condiciones laborales de los trabajadores en sus empresas. Jobs había aconsejado al presidente Obama eliminar cualquier tipo de protección a los trabajadores y al medio ambiente, hecho repugnante que el mandatario no aceptó. No todo, pero más que suficiente lo muestra Boyle en el film. Me bastaría confirmarlo con no reconocer a Lisa, su hija pequeña, aduciendo a la corte, en el juicio que le hizo la madre, a través de un algoritmo -diseñado por un amigo- que si bien es cierto él podía ser el padre de la nena, otro 28% de hombres podía serlo. La escena es clara, aunque después se trate de componer 15 años después con la joven muchacha. El desprecio de Steve Jobs -la interpretación de Fassbender es formidable, no como la del discreto Ashton Kutcher en el biopic Jobs, donde recibió el premio Razzie en 2013, por la peor interpretación de este año- por su hija es despreciable, irracional, salvo cuando la nena le hace un dibujo con el ratón del computador, y se comienza a interesar por ella. Luego, en vez de enviarle los austeros US$ 335.00 por mes que determinó el juez, le entregó poco a poco un dinero a su madre para la manutención de la niña, y mucho después, les compró una propiedad. Un conocido, me dijo, como consumidor de sus productos, que son buenos, quizás demasiado caros. En fin, cada quien tiene su opinión, y este hecho también se expone en el largometraje. Pero, como un personaje, con muchas de cal y otras de arena, Boyle y Fassbender lo hacen fascinante, justamente por lo contradictorio. Es una gran película, que podría ser nominada en The Oscars por varias razones: Es un film que si bien no se filma al estilo boyante de Boyle, sin el colorido y ritmo de otras veces, es en buena parte porque el guión de Sorkin es notable y contenido, la dirección muy acorde al mismo, Fassbender hace la mejor actuación de su carrera, Kate Winslet lo sostiene como se debe interpretando a una secretaria, y creo que también debería ser nominada por la Academia. La BSO sonora funciona bien, no es cargante, pero delimita escenas, y la disfrutamos acogiendo los diversos estados ánimos de Fassbender. Lo que no me pareció a la altura fue la fotografía. Esos pixeles de los primeros 20 minutos ya no funcionan, porque hay otras formas de filmar el pasado, y Boyle lo hace a través de flashbacks, pero sin pixelear la pantalla. Para qué se aceptaron ambos casos, no lo sé. Lo considero un yerro que, sin embargo, sí lo sabe utilizar bien en el montaje, otro elemento destacado del film. Un tema que seguramente les causará extrañeza es que si bien es cierto el sonido original y su mezcla es buenísimo, la edición del mismo -cuando ya se le introducen ruidos artificiosos- cambia y no se siente igual. Sé que es un tema menor, pero a mí me golpeteo por tener oído absoluto. En cuanto a lo esencial del film, Boyle y Sorkin aciertan al no hacer de Steve Jobs un biopic, sino un estupendo ejercicio de estilo que intenta acercarnos a su real figura. Sorkin no coloca su guión en los logros de Jobs sino en intentar presentarnos al hombre detrás de la foto, de los fans, y de los trabajadores maltratados. Para ello, Sorkin nos sitúa en el backstage de tres presentaciones históricas en el mundo de la tecnología: la de 1984, cuando Apple presentó la primera computadora Macintosh; la de 1988, cuando Steve Jobs presidia la empresa NeXT, y la de 1998 cuando Apple, con Jobs como CEO, introdujo el iMac. Anteriormente a los eventos, Jobs charlará con otros personajes -ya hablamos de la nena- por ejemplo, Steve Wozniak, el creador de Apple II, hombre vital en la vida de Jobs, y en la empresa que financiaba los proyectos a pérdida de Apple, y a quien Jobs menospreciaba aunque lo trataba con bondad. Hay conversaciones con Andy Hertzfield, el cerebro junto a Wozniak del diseño, y de todo aquello que llevaba adentro la máquina, es decir, los verdaderos inventores del sistema, y a quienes Jobs les daba cabida, pero jamás aceptando lo lógico de sus posturas. Lo que realmente sucedía es que le tenían miedo y aprecio a la vez. Como es lógico y natural en Sorkin, la estructura del guión está planeada al milímetro para que la historia no nos aburra, y nos resulte atractiva. Como siempre, los diálogos son su mejor arma, y el escritor, no cae en arrequives. Steve Jobs es una cinta donde sus personajes no hacen mucho -salvo Fassbender y Winslet- aparte de discutir unos con otros, y narrar lo que les va sucediendo. El que sí filma mostrando es Boyle, cuya calidad en los diálogos de la adaptación que logra Sorkin, y el refinamiento del texto son atrapantes tanto o más que el propio Fassbender o la Winslet. Acá podría surgir una discusión entre el trabajo de Sorkin y el de Boyle. Suele pasar intermitentemente que cuando brilla el guionista, el director se apaga, y viceversa. Creo en el conjunto, en trabajar los objetivos poniéndose de acuerdo en llegra a cumplirlos, y si uno puede ver altibajos son propios de la imperfección del arte cinematografíco como tal. Sin embargo, la realización no desluce la cinta, porque sabe trabajar la dirección de actores en dos niveles, y eso creo que es un buen argumento para que la Academia lo nomine a Boyle, y a Sorkin, aunque hay mejores films. Gracias a un buen elenco, Fassbender se enfrenta al reto de interpretar a un personaje conocido y polémico -no se parece en lo físico al verdadero Jobs- pero esto lo supera con una actuación sobresaliente. Fassbender y Jobs se funden en uno solo, dentro de un papel sin lugar a dudas que debería ser nominado. Kate Winslet está magnífica entregándole 30 años de secretaria a Jobs, y no solo lo cubre sino le salva el pellejo varias veces, corrigiéndole las imprudencias, y no halagándole los aciertos. Jeff Daniels y el cómico Seth Rogen, no hacen lo que se esperaba de ellos, porque son secundarios que lucen opacados, pero que cumplen. Al igual que Michael Fassbender, consiguen que observemos con detalle al famoso, a la persona socialmente establecida, y al hombre de carácter duro, y a veces blando. Quien sí me gustó, y por eso lo coloco en el collage de fotos, es el actor Michael Stuhlbarg quien encarna a uno de los genios, Andy Hertzfeld. Tiene buenas y malas, pero jamás pierde los matices actorales de su personaje lo que hace de su participación un hombre leal, que en cierta escena, lo pone en su sitio a Jobs. Sorkin y Boyle hacen de Steve Jobs una buena película, y una lección sobre cómo se compone y contrapone un guión que no es para todo espectador, ni para los fans incendiarios de Jobs, ni para los que van en búsqueda de diversión. Les gustará, como a nosotros, a los amantes del buen cine, y de las batallas dialécticas, pero quizás aburrirá a quienes no saben de Jobs, como sucedió, en el film The Big Short, que comentamos antes. Busquen los documentales, y luego vayan a ver el film. Así tendrán una idea mejor del objetivo que se busca y logra: Steve Jobs fue un visionario extraordinario aunque con unas taras inaceptables e inhumanas.