domingo, 26 de junio de 2016

“Judgment at Nuremberg”, Stanley Kramer: el cineasta de los grandiosos elencos. Obra maestra.

































































































Stanley Kramer nació en Nueva York en septiembre de 1913. Hizo el servicio militar en el ejército, para luego truncar sus estudios de historia en la Universidad de Nueva York decidiendo irse a trabajar en cinematografía, escribiendo primero, editando después, y como productor ejecutivo, esta última actividad fundando en 1948 “Stanley Kramer Productions”, su propia casa productora. Kramer produjo muchas de las películas que el mismo dirigió, y otras de buena factura como: So This Is New York, de Richard Fleischer, junto a “Enterprise Productions”, en 1948, Champion, de Mark Robson, en 1949, y junto a “Republic Pictures”, Death of a Salesman, de Laslo Benedek, en 1951, High Noon, de Fred Zinnemann, en 1952, The Happy Time, de Richard Fleischer, el mismo año, Eight Iron Men, de Edward Dmytryk, también en 1952, The Juggler, del mismo  Dmytryk, en 1953, Pressure Point, de Hubert Cornfield, en 1962. Kramer debutó como director con el drama médico Not As a Stranger, en 1955, y un elenco formidable para esa época: Robert Mitchum, Frank Sinatra, Olivia de Havilland, Lee Marvin, Charles Bickford, Gloria Grahame, Lon Chaney Jr. y Broderick Crawford. El resultado no fue el esperado aunque no es un film fallido. El guión corrió por cuenta del mismo Kramer basado en una novela de Morton Thomson, “No serás un extraño”, en donde la vida de un joven, fascinado desde niño por la medicina, debe superar numerosas trabas para lograr el sueño de ser médico, desde la incomprensión familiar, la dificultad de los estudios, los problemas económicos etc. Con Guess Who's Coming to Dinner, de 1967, Judgment at Nuremberg, de 1961 y The Defiant Ones, de 1958, Stanley Kramer siguió conceptuando temáticas que se enlazaban con la hipocondría y la iniquidad. En 1960, Kramer realizó Inherit the Wind, donde retoma la prohibición -vigente en 1925- de enseñar “la teoría de la evolución”, y la batalla legal y argumental que sostuvieron dos reputados letrados en el juicio a un maestro que infringió la ley. Cambia radicalmente de género en 1963, y prueba con éxito en la comedia a través del film It's a Mad, Mad, Mad, Mad World o El mundo está loco, loco, loco con otro elenco inimaginable. En 1965, Kramer puso en pantalla un acertado film dramático; Ship of Fools, una historia de aprensiones en contra de españoles y judíos, y la última vez que actuó Vivien Leigh, quien falleciera en 1967. Ese mismo año volvió con una trama que planteaba al racismo como el eje narrativo, mediante una cavilante e intimista terapia de la evolución moral de sus personajes. El guión de Guess Who's Coming to Dinner, escrito por William Rose, fue premiado por la Academia, y la inmensa diva Katherine Hepburn ganó un Oscar a Mejor Actriz Protagonista. En 1969, Kramer vuelve sobre la comedia con The Secret of Santa Vittoria, con una nómina increíble y una actuación fuera de serie del actor mexicano Anthony Quinn. El plot es casi una anécdota, y la obra poco a poco se transforma en un revelador discurso político, no por lo ideológico, sino intentando la explicación humorística de cómo funciona la política pública. Kramer bajó considerablemente en los setenta y ochenta debido a sus enfermedades. No produjo nada especial, pero el público siempre lo respaldo hasta su fallecimiento. Un formidable e inspirador ser humano que puso en el tapete no solo grandes films sino actores que ya eran estrellas, y las llevó a brillar para las nuevas generaciones. Pues bien, Judgment at Nuremberg ha sido considerada por los especialistas -y compartimos la opinión- uno de los mejores dramas judiciales e históricos de la efeméride del cine, y sin duda la obra maestra de Kramer. Su inteligencia la introduce en el famoso “Juicio de Nuremberg”, suceso de un valor incalculable tanto cinematográfico como político, pues se distancia de toda doctrina extrema ya que se refiere a una cinta rodada 15 años después de la Segunda Guerra Mundial, y la podemos observar con cierta perspectiva antifanatica. Kramer, como en la mayoría de sus cintas, tiene una nómina espectacular: Spencer Tracy, Burt Lancaster, Montgomery Clift, Maximilian Schell Richard Widmark, Marlene Dietrich, Judy Garland, William Shatner, Werner Klemperer, Torben Meyer, Edward Binns, Martin Brandt, Alan Baxter, Kenneth Mackenna y Ray Teal. El cineasta posibilita que la película se sostenga en dos puntos fundamentales: La responsabilidad del pueblo alemán en el Holocausto, hecho que se manifiesta cuando todos dicen “nosotros no sabíamos nada” o ¿¿Cómo podíamos saber nosotros lo que hacían ellos?? y la veracidad del caso Feldenstein en el cual un hombre judío fue condenado a muerte en 1942 por mantener relaciones íntimas con una mujer aria. Kramer nos sitúa a tres años de finalizada la Segunda Guerra Mundial. Vemos la llegada a Nuremberg del juez yankee Haywood -notable Spencer Tracy- un hombre ya jubilado, encargado por los aliados del juzgamiento -una vez procesados los jerarcas nazis- de cuatro magistrados, cómplices en la aplicación de políticas de esterilización y pena de muerte durante el III Reich. Rolfe -un  actorazo fue Maximilian Schell- abogado defensor, plantea desde el minuto cero que no sólo los yankees juzgan a los encausados, sino a todo el pueblo alemán, ya que estos pretendían que se haga cumplir la ley, sin ninguna consideración especial, anteponiendo el amor a su país independientemente que las leyes promulgadas fueran justas o no. Los inculpados son: Hann -Werner Klemperer- Lampe -Torben Meyer- Hofstetter -Martin Brandt- y el prestigioso jurista Ernst Janning -otro actor imponente Burt Lancaster- quien cooperó con el autoritario régimen nazi. Sin embargo, el fiscal Lawson -formidable Richard Widmark-sostiene que los acusados son culpables por su irrebatible colaboracionismo con los atroces crímenes nacistas, al margen de elaborar, fomentar y hacer cumplir a través de leoninas leyes debido al exaltamiento de Hitler, y su banda de bribones. Muchos ven al fiscal como un enemigo de Alemania, en cuanto y tanto pretende dictaminar a personajes relevantes de su justicia, incluso antes que los nazis vencidos. Entre aquellos que no le tienen simpatía al fiscal está la Sra. Bertholt -Marlene Dietrich- cuyo marido fue culpado siendo Lawson el fiscal. La Bertholt traba amistad con Haywood, ya que el juez se aloja, durante el juicio, en la casa que fue de ella y su marido, explicándole las razones por las que apoyaron al régimen con el que no comulgaban, ya que desconocían las atrocidades hechas en los campos de concentración. La película destaca porque en la primera parte Kramer hace mención a las esterilizaciones por motivos “de salud” para evitar que gente incapaz tuviera descendencia. Desde el primer momento, Rolfe desprestigia el asunto, hasta el punto de justificarlo aludiendo a que juristas yankees hablaban a favor de tales intervenciones a raíz que del mismo argumento nazi, que gente “antisocial” no procreara. Rolfe pone en cuestión al testigo de la acusación, Petersen -otro puntal de la actuación, Montgomery Clift- quien fue esterilizado por ser testeado como un incapaz, exponiendo que de nene tuvo que irse de la escuela por no seguir al ritmo de los demás, y no poder realizar una frase con las palabras “Cazador, liebre y campo”. La labor de la defensa, era justificar las leyes nazis, a pesar de su procacidad, algo que Kramer remarca con claridad cuando sale a la luz el caso “Feldenstein” -en la vida real era Katzenberger- en la que se juzgó a un judío por “corrupción de la raza” ya que tuvo relaciones prohibidas con una muchacha de raza aria. La chica en cuestión era Irene Hoffman -Judy Garland- a quien el fiscal convence, a pesar de las reticencias de ella y su marido, ya que estaba mal visto que alemanes se refieran invectivamente a otros alemanes, aunque estos hayan hecho barbaridades. Irene Hoffman les comenta como sucedieron las cosas, es decir, el judío Lehman Feldenstein, no sólo le doblaba la edad, sino fue afable con ella, le compró dulces, cigarrillos y otras cosas necesarias, y la ayudó a pesar del romance que se murmuraba. Lo que sucedió en el caso Feldenstein es que en aquel juicio el fiscal era un corrupto como Hann, y el juez era Janning, así que el resultado estaba inclinado antes del veredicto. En Nuremberg, los alemanes mantenían cierta esperanza de libertad por la investidura de Janning y su amistad con los norteamericanos, de tal manera que no existiera condena, algo poco probable. La defensa intenta poner en evidencia a Irene Hoffman, dando a entender que tenía vínculos con el judío, poniéndola más nerviosa. Es entonces cuando Janning corta a su propio defensor, preguntándole si era necesario volver a recrear lo que fue una parodia del pasado. El juez alemán declarará en la siguiente sesión, algo que no le aconseja Rolfe, pero Janning no soporta más, y manifiesta que es necesario que el mundo sepa lo que se produjo en esos años. Janning señala que Hitler fue una luz en medio de tanta corrupción derivada de una endeble e impúdica democracia representada por la Constitución de Weimar -República de Weimar, 1919- ya que Hitler les devolvió la alegría, la honra, y el orgullo de ser alemanes, a pesar que muchos perdieron sus derechos, entre ellos los judíos como Feldenstein, de quienes se dijo que ya tenían preparada su sentencia cuando ingresó en la sala para ser juzgado. Para Janning, todos lo que estaban en el banquillo acusado eran culpables porque de una forma u otra sabían lo que pasaba, y permitieron que ocurriera. A pesar que la Guerra Fría está más viva que nunca, y de las presiones por parte de los jefes para ser un poco más blando con los acusados, Lawson le dice al tribunal que actúe en función de las pruebas presentadas. Mientras Rolfe justifica la culpabilidad de Janning en base a que otros personajes importantes como Churchill, o países como la URSS o el mismo Vaticano contemporizaron de diferentes formas con el régimen de los nazis. El tribunal, con dos votos a favor y uno en contra, condenó a los acusados a reclusión perpetua. Los jueces, aun reconociendo la habilidad jurídica de Rolfe, consideran que las actuaciones o palabras de otros no justifican los actos realizados por los cuatro sujetos. El propio Janning pide hablar con el juez, quien se regresaba a su país ese mismo día, agradeciéndole su labor, aunque le da entender que no pensaba que los nazis llegarían a tanto. El juez replica diciendo que ellos llegaron demasiado lejos cuando condenaron a un judío inocente. Haywood abandona el juzgado de Nuremberg después de esa lapidaría contestación que justifica los objetivos de Kramer y su magistral  Judgment at Nuremberg. De algún modo, quizás inexplicable, todos somos responsables de nuestros actos, y nuestros valores deben ser coherentes independientemente de los cambios que se producen a nuestro alrededor. Janning que era un jurista prestigioso, uno de los fundadores de Weimar, y se dejó corromper por un estado liderado por criminales que llevaron a la desgracia a miles de familias. No existió mesura ni perdón, y el exceso de los alemanes marcaron para siempre el destino de la humanidad. Stanley Kramer: el cineasta de los grandiosos elencos. Obra maestra.