domingo, 24 de julio de 2016

"Bunny Lake is Missing", Otto Preminger consigue despistarnos a través de un clima enrarecido y de desasosiego.















































































Otto Ludwig Preminger nació en la ciudad de Wiznitz, la actual Ucrania, por aquel entonces parte del Imperio Austrohúngaro, en diciembre de 1905. Su origen familiar es judeo-austriaco, y él fue nacionalizado estadounidense. Su padre fue el jefe del departamento de abogados del Imperio, por lo que tanto él como su hermano Ingo acudieron a estudiar leyes en Viena, y recibieron sus títulos con honores. La primera intención de Otto fue la de convertirse en actor. Con una voz potente, ojos azules penetrantes y un cuerpo esbelto, se integró a un pequeño grupo local de teatro. En sus primeros años, Otto fue capaz de recitar de memoria los grandes monólogos del repertorio clásico. Su éxito más sonado fue la interpretación del papel de Marco Antonio de la obra shakesperiana de Julio César en la Biblioteca Nacional. Luego, sería  él mismo quien organizaría y produciría obras de teatro. Pero, Otto decidió hacer su futuro en América. En 1935 emigró, y se enroló dentro de la 20th Century Fox, de Joseph Schenck y Darryl F. Zanuck, apuntando hacia la actuación primero, y luego pasar a privilegiar la realización. A pesar de ser judío, gracias a su acento austríaco, interpretó algunas veces el rol de Nazi en películas de la Segunda Guerra Mundial, convirtiéndose en uno de los estereotipos más usados del cine. Desde la llegada de Otto a Hollywood, Schenck lo presentó a la aristocracia de la industria como Gary Cooper, Irving Thalberg, Norma Shearer, Joan Crawford y Greta Garbo. Para Preminger, la fiesta cumbre sucedió en Pickfair -la hermosa mansión de Mary Pickford en Beverly Hills- donde conoció a Chaplin. Preminger se adaptó rápidamente al “star system” de la meca del cine. Sin duda, el mayor éxito de Preminger fue Laura, de 1944. Zanuck no le dio permiso para dirigir el film sino solo para controlar la producción. El escogido por el productor sería Rouben Mamoulian. El armenio empezó a reescribir el guión de Preminger que derivaba de la novela de Vera Caspary. Además, aunque Otto no tenía reparos con los jóvenes Gene Tierney y Dana Andrews, como protagonistas -hecho que parecía molestarle- montó en cólera con la elección del personaje que  interpretaría Laird Cregar. Preminger le explicó a Zanuck que el público identificaría a Cregar como el villano, y con mayor razón después que este había encarnado a “Jack, el destripador” en The Lodger, de John Brahm, en el mismo año. Preminger quería que el papel lo hiciera Clifton Webb. Aunque Zanuck no estaba convencido del actor, dada su condición de homosexual, Otto Preminger consiguió convencerlo luego de hacerle algunas pruebas de cámara. La persuasión llegó incluso más allá, cuando Otto consiguió que despidieran a Mamoulian. Laura, bajo la batuta de Preminger, empezó a rodarse en abril de 1944, con un presupuesto de 850,000 dólares. El film fue un éxito de taquilla de crítica, lo que le valió a Preminger su primera nominación por parte de la Academia. Clifton Webb lo consiguió como Mejor actor de reparto, Lyle Wheeler en Mejor dirección artística, y Joseph La Shelle ganaría en Mejor fotografía en blanco y negro. También catapultó a dos desconocidos actores como Gene Tierney y Dana Andrews a lo más alto del estrellato. La BSO de David Raksin se convertiría en una de las sintonías célebres de la historia de Hollywood. La siguiente película de Preminger fue A Royal Scandal, luego vino Fallen Angel, pero nunca alcanzaron lo que había logrado Laura. Tuvo proyectos frustrados, pero también notables films como: Where the Sidewalk Ends, de 1950, Angel Face, de 1952, Carmen Jones, de 1954, The Man With the Golden Arm, de 1955, Anatomy of a Murder, de 1969, Advise & Consent, de 1962, The Cardinal, de 1963, y Bunny Lake is Missing, de 1965, su último largometraje reconocido. Todos los actores que laboraron bajo su mando, lo recuerdan como un cineasta serio y comprometido con su trabajo, aunque dotado de una férrea dureza en el trato. No olvidemos que fue uno de los primeros directores que quebrantaron la censura en los EEUU, y que respaldo a Donald Trumbo cuando el macartismo empezó a perseguir a los guionistas que consideraba comunistas. Pues bien, tras terminar el rodaje del drama bélico In Harm´s Way, de 1965, Preminger decidió retomar su inclinación por las historias de naturaleza perversa, las cuales había explorado durante la década del cuarenta bajo el alero de la 20th Century Fox. Fue por este motivo que el realizador se interesó en la novela “Bunny Lake is Missing”, de la escritora yankee Marryam Modell -quien utilizaba el seudónimo de Evelyn Piper-. Muchas de aquellas razones por las cuales Preminger decidió adaptar dicho escrito, quedan explicitadas en el libro “The Cinema of Otto Preminger”, de Gerald Pratley. Ahí Preminger señala que “Bunny Lake is Missing” era una pequeña historia acerca de un rapto. La madre de la niña que ha sido secuestrada no está casada, y es incapaz de probar su existencia. El padre de la pequeña no está dispuesto a admitir su paternidad, debido a que está casado con otra mujer. Es evidente que lo que pretende imponerse es una temática social, es decir, si uno no cumple con las reglas impuestas por la sociedad, la ley no lo protege. El plot de su narrativa consistía en que tras mudarse a Londres, Ann Lake -Carol Lynley- lleva a su hija Bunny al primer día de escuela. Sin embargo, cuando vuelve a recogerla descubre que no hay rastro de ella. Denunciada la desaparición, la policía no encuentra indicio de la existencia de la niña, por lo que todos se preguntan si todo esto no se trata solo del producto de la imaginación de Ann. Para Preminger era importante que la historia se ambientara en Londres, y no en Nueva York como sucedía en la novela de Modell, porque consideraba que el hecho de situar a los protagonistas en un escenario con el que no estuvieran familiarizados, ayudaba a crear la sensación de aislamiento que predomina sobre el relato. Con esto en mente, John y Penelope Mortimer, siempre basados en la novela de la Piper, confeccionaron el guión de un film que no estaría exento de problemas como sucedió con Laura. Preminger era un director dictatorial, lo que lo llevó a enfrentarse en múltiples ocasiones con Sir Laurence Olivier, quien aceptó participar sólo para suplir ciertas necesidades económicas. Las tensiones en el set llegaron a tal punto, que Olivier tuvo que intervenir en numerosas ocasiones para que el director no le gritara enfurecido a algunos de los niños que participaron en determinas escenas de la cinta. En gran medida, el film de Preminger sigue la misma fórmula de películas como The Lady Vanishes, en 1938, de Hitchcock, y So Long at the Fair, en 1950, de Terence Fisher. En ambas producciones, una mujer se ve envuelta en la búsqueda de una persona que parece no existir más allá de los límites de su imaginación. En este caso, Ann Lake, una neoyorquina que debe mudarse a Londres junto a su pequeña hija, se ve enfrentada a la desaparición de la niña, la cual nadie parece conocer. Si bien en un principio no hay motivos para dudar de los dichos de la protagonista, en ningún momento Preminger enfoca a la nena antes de su supuesta ausencia, por lo que rápidamente pone en duda el estado psicológico de la madre. Las pocas pruebas que podrían comprobar la existencia de la niña, no dan la talla y se terminan esfumando. Por último, Steven Lake -Keir Dullea- el hermano de Ann, se encarga de destruir la poca credibilidad que queda de la protagonista, cuando afirma que la dura infancia que ambos vivieron afectó psicológicamente a su hermana. Es necesario precisar que a petición del cineasta el guión se alejó de la novela original con el objetivo de fusionar ciertos elementos propios de los relatos de misterio, como por ejemplo la damisela en peligro, la investigación policial y la presentación de sospechosos, con materias controversiales como el masoquismo, la homosexualidad, las relaciones incestuosas y el sexo fuera del matrimonio. Esto provocó que la cinta esté dominada por una atmósfera malsana además de personajes peculiares, como Wilson -Noel Coward- el vecino alcohólico y perverso de Ann, y Ada Ford -Martita Hunt- la siniestra dueña de la guardería donde desaparece la hija de Ann, la cual durante su tiempo libre utiliza a diversos niños como conejillos de indias en sus experimentos vinculados con las pesadillas infantiles. Por otro lado, Ann exhibe una conducta errática, pasando de la histeria a una tranquilidad sospechosa, lo que pone en jaque su cada vez más dudosa sanidad mental. En lo relacionado al elenco, es una vez más Sir Laurence Olivier -el mejor actor de la historia del cine luego de Marlon Brando- quien destaca por sobre todos como el incrédulo Inspector Newhouse. En gran medida, el personaje de Olivier es quien mejor representa quienes observamos, ya que aun cuando desea creer en la historia de Ann, el trashumante proceder de la mujer lo hace dudar de quien se presenta como una víctima de las circunstancias. Carol Lynley y Keir Dullea, si bien no realizan una labor como la de Olivier, logran por momentos proyectar ciertos rasgos de sus fragmentadas psiquis que los convierten en personajes oscuros. En la puesta en escena, Preminger sabe el oficio y ensambla con fluidez la fotografía que la convierte en lugares cotidianos dentro de escenarios escalofriantes, un acierto de Donald M. Ashton. Cabe mencionar que el grupo de pop británico “The Zombies” no solo contribuyó con algunas canciones que fueron utilizadas como parte de la BSO del film, sino que además tienen un pequeño cameo en una escena en la que el personaje de Olivier visita un pub junto a Ann. Es probable que su inclusión en la cinta haya respondido al deseo de Preminger por buscar retratar superficialmente, la cultura reinante en el Londres de los sesenta, la cual tuvo una fuerte influencia en varias producciones de la época. Aun cuando se realizó una extensa campaña promocional previa a su estreno, Bunny Lake is Missing no logró generar demasiado interés en la gente, por lo que obtuvo resultados de taquilla no esperados. El hecho que la película se presentara sobrecargada hacia los diálogos, no contribuyó a consolidar su promoción. Sin embargo, como suele suceder en la industria del cine, solo el paso de los años le otorgaría a este notable  largometraje el reconocimiento que merecía. Preminger logra una película enigmática, absorbente, sombría y desconcertante, cuyo misterio central a ratos es abordado desde un prisma más propio del cine de terror. En definitiva, si bien Bunny Lake is Missing no la podemos comparar con Laura, Preminger logra presentarla como un trascendente y trasgresor thriller psicológico que explora el lado más oscuro del ser humano, tal como le apasionaba al controversial cineasta. Quizás lo malo para Preminger es que la inflexión en su obra, que se aprecia desde 1966, es algo que más se identifica con la decadencia que con la serenidad, más o menos, asceta, a que llegaron otros colegas suyos de Hollywood de similar rango y en parecidas circunstancias. Bunny Lake is Missing es de aquellas películas que construye un hombre que se sabe en posesión de todos los recursos estéticos, y donde el cinismo no ha llegado a la impregnación de sus imágenes. Preminger aborda por el camino de la fascinación, lo que la acción -el film es, más o menos, un thriller, un policíaco o un noir- le negaba. Considera que la emoción a través de los mecanismos propios del cine negro es insuficiente, acierta, y la sustituye por la acentuación de los elementos poéticos, creando, y aun superponiendo, un clima fascinante que difícilmente se amalgama a una historia banal o mal contada. Pero, Otto Preminger supo hacer cine del bueno y creíble, y su particular concepción de éste brilla con fuerza a través de sus grises imágenes. Para redondear su obra, Preminger añade un sentido del humor tan perverso como el de sus compañeros austríacos o alemanes Lubitsch y Wilder, a sabiendas que de alguna manera es un disparador que resulta necesario para que el paladar de la mayoría,  siguiendo el ejemplo de Hitchcock, lo acepte. Otto Preminger consigue despistarnos a través de un clima enrarecido y de desasosiego.