sábado, 9 de julio de 2016

“The Gorgon”, Terence Fisher, el gran renovador del cine de terror.



























































































Hay mucha tela aun por cortar en lo referente al cine de terror, y sobre todo qué cineastas lograron darle nuevos bríos. Por ejemplo, quienes pudimos observar la exégesis de Dracula del cineasta británico Terence Fisher, en 1958, nos resultará poco probable olvidarnos de esta cinta que para cinéfilos y críticos, es la versión definitiva del personaje de Bram Stocker, con las disculpas hacia Murnau, y su notable Nosferatu, de 1922. No ha existido mejor Conde Drácula que Christopher Lee, ni mejor Van Helsing que Peter Cushing. Pero, sobre todo, no ha habido más tensión y suspense en una historia de vampiros que en esta versión, formidablemente dirigida por Fisher, y producida por la famosa Hammer Films, casa especializada en el terror. A pesar de los ajustados presupuestos, Fisher renovó el género con algunas de las más prolijas películas de la historia del cine fantástico. Con The Curse of Frankenstein, de 1957, nace el cine de terror moderno. Es imposible asimilar los rasgos que, en la actualidad, definen el género sin tener en cuenta las películas realizadas por el cineasta, especialmente, a través de los estudios Hammer. El cine de terror venía de una profunda crisis creativa originada a mediados de los años cuarenta, cuando la Universal dejó de realizar este tipo de films. Entre los años 1946 y 1957, son pocas las cintas adscritas al género, y salvo excepciones, de escasa importancia en el discurrir del mismo. Así, Fisher hace The Curse of Frankenstein proponiendo una renovación radical desde cero, en donde los mitos sufren una transformación drástica, y los elementos reconocibles del cine de terror se van a asentar de forma definitiva. Para el cine en general, la figura de Fisher no se puede desmarcar de su especialización en el terror, género menospreciado por los sectores elitistas, y con mayor razón cuando el gran periodo del cineasta, los años sesenta, coincide con la eclosión del concepto de “autoría”. Fisher, por tanto, no abanderó ningún cambio conceptual dentro del cine aunque sus estilemas como creador contengan el mismo nivel que el de muchos de los cineastas más prestigiosos del periodo, sean Visconti, Losey o Fellini. Fisher fue el creador del reputado estilo de la Hammer, y que incluía el sexo y la sangre, pero también otros elementos: “El estilo de la Hammer consiste en explicitar todo lo que, previamente, se sugería. A través de la Hammer, el terror pasa de los claroscuros de la Universal a tener colores vivos. La sangre es de un rojo obsesivo y hay una inclinación especial hacia el subrayado de todo lo concerniente con el erotismo y la violencia”. Nunca hasta entonces el cine de terror había alcanzado tales grados de impacto ya que, en esencia, las propuestas previas se sustentaban en la sugerencia. El papel que juega Fisher es concreto: darle profundidad a todos los recursos. Las películas de Fisher no se conformaron con la exhibición de las secuencias de impacto o de ceñirse a los elementos propios del género. Su mirada se posiciona en otro plano, en una dimensionalidad distinta. La cinematografía de Fisher integra hondas cavilaciones acerca de la sociedad o el propio hombre. Sus personajes se debaten entre dar rienda suelta a sus instintos primarios o reprimirlos tal y como impone el orden burgués al que pertenecen. De ahí que el monstruo va a dejar de tener una importancia figurativa, y se convertirá en el liberador de la condición del individuo o en el reflejo de su propia monstruosidad. Las películas de Fisher, nos ofrecen enérgicas radiografías sobre las mutaciones sociales, por ejemplo, en sus obras sobre el vampirismo, las que nos muestran la progresiva ascensión de la burguesía y la desintegración de la sociedad estamental, o incluso, los choques generacionales, como  en el caso de su film Frankenstein and the Monster from Hell, de 1974, donde toda una serie de líneaturas temáticas se cruzan, complementan y provocan en su interior una riqueza inabarcable. Curiosamente, pese a ser el renovador del cine de terror, a Fisher, el fantástico no le deparaba mayor interés. Si el cineasta hubiera tenido la independencia o la capacidad de decisión de otros colegas, sin duda, el cine que hubiera llevado a cabo poco o nada tendría que ver con el fantástico. Sin embargo, el éxito de The Curse of Frankenstein y de otras cintas lo unirían a un género del que ya no pudo desvincularse. Fisher siempre utilizó el género de terror como un medio, jamás como un fin. Un medio para integrar los aspectos que más le interesaban aunque, en teoría, poco tuvieran que ver con el terror. De ahí que sus películas posean dos capas: la externa donde hallamos films de terror impecables en su forma, y la interna en la que colisionamos con una serie de temáticas absolutamente apasionantes. La filmografía de Fisher se divide en dos etapas: La primera la integrarían las películas dirigidas entre 1948, año en que debuta como director, y 1957. Son años irregulares en los que Fisher dirige, sobre todo, films sencillos de apenas 75 minutos de duración para pequeños estudios, incluida la Hammer, que por aquellos años, todavía era una casa modesta. Aunque algunas de las obras dirigidas en este periodo poseen una calidad considerable y varios de sus recursos estilísticos, caso de Stolen Face, de 1952, todavía son cintas en las que Terence Fisher se muestra titubeante y dependiente de la calidad de los guiones o de las circunstancias de producción. Todo ello varía a partir del estreno de The Curse of Frankenstein, en 1957. Sin apenas transición, las formas del cineasta británico varían bruscamente, mostrando un lenguaje propio muy definido e intenciones concisas. Esta sería la segunda etapa de su filmografía, la más conocida y valorada, que se extenderá hasta su última película, Frankenstein and the Monster from Hell en 1973. Un tema muy interesante en la filmografía de Fisher fue su vínculo con Peter Cushing y Christopher Lee, actores fetiches del realizador, a los que convirtió en mitos: “Todos los aspectos comentados previamente sobre las líneas temáticas presentes en las películas de Terence Fisher no hubieran adquirido tamaña dimensionalidad sin la participación de ambos, quienes se convierten en elementos clave de su trayectoria del cineasta”. Tanto Cushing como Lee se encuentran en la más alta de la cúspide dentro del cine fantástico, junto a otra pareja excepcional: Boris Karloff y Bela Lugosi. Peter Cushing ya era un actor conocido cuando interpretó The Curse of Frankenstein. Se podría decir que esta película lo lanzó al estrellato, pero el intérprete ya poseía un currículum considerable que incluía un rol importante en el melodrama The End of the Affair, 1954, de Edward Dmytryk. En cambio, la situación de Christopher Lee era distinta. Sus intervenciones se habían circunscrito a roles pequeños, y de hecho, no fue la primera opción de la Hammer para interpretar al monstruo en The Curse of Frankenstein. Tanto esta película como Dracula lo convirtieron en un actor popular, pero la Hammer todavía desconfiaba de sus bondades interpretativas, y se negaba a darle roles protagónicos. De hecho, hasta el año 1961, Lee no encabezó el reparto de ninguna película de la productora. Pues bien, el plot del film The Gorgon, Fisher lo sitúa en el pequeño pueblo de Vandorf, el mismo donde se han sucedido una serie de muertes cuyas víctimas aparecieron convertidas en piedra. Después que una muchacha llamada Sacha -Toni Gilpin- aparece sin vida, y de la misma manera, las sospechas recaen en su amante, un artista llamado Bruno Heitz -Jeremy Longhurts- quien termina suicidándose ante las acusaciones de los habitantes del pueblo. Decidido a averiguar lo ocurrido, su padre, el Profesor Jules Heitz -Michael Goodliffe- comenzará una investigación que lo llevará a enfrentarse a un enemigo más peligroso de lo que él imagina. En el año 1963, los ejecutivos de la Hammer recibieron el borrador de una historia creada por el escritor canadiense John Llewellyn Devine. Dicha historia produciría las bases del guión de The Gorgon, el cual sería escrito por John Gilling, quien se encargaría de darle forma al borrador de Devine, y de eliminar parte de las ideas poco afortunadas que presentaba la redacción, como por ejemplo aquella que señalaba que ciertos personajes utilizarían máscaras para así evitar mirar a la Gorgona. Lamentablemente para Gilling, su guión sería sometido a una serie de cambios por el productor Anthony Hinds, quien reescribiría gran parte del prólogo del film, cambiando la mayoría de los diálogos presentes en el mismo, lo que según Gilling mancilló un buen trabajo guionístico. El proceso de producción del film no estaría exento de inconvenientes. Cuando la actriz Barbara Shelley se reunió con el estilista Roy Asthon para realizar algunas pruebas de maquillaje, la intención del director era que Shelley interpretara tanto a Carla, la ayudante del Dr. Namaroff -Peter Cushing- como a la temida Gorgona. Con esto en mente y papel, la actriz sugirió inventar una peluca compuesta por serpientes vivas, para así darle una apariencia más realista a la temida figura mitológica. Sin embargo, no solo el productor Anthony Nelson-Keys haría caso omiso a la sugerencia, sino que le terminaría cediendo el rol de Gorgona a la actriz Prudence Hyman. El supervisor de efectos especiales, Syd Pearson, se encargaría de la difícil tarea de construir la cabeza de Gorgona, la cual estaría compuesta por doce serpientes de látex unidas mediante una serie de cables, los que ayudarían a crear la ilusión óptica que los reptiles se encontraban en constante movimiento. La cinta tuvo un conjunto de problemas con los organismos de censura tanto británicos como norteamericanos, debido a dos escenas en particular; una de ellas sería el prólogo, durante el cual Sascha posa semidesnuda para su novio Bruno Heitz, y la otra aquella en la que el personaje de Peter Cushing le remueve el cerebro a uno de los cadáveres que recibe en la morgue. Luego de varias gestiones, los ejecutivos de la Hammer consiguieron que los organismos de censura permitieran la presencia de ambas escenas, lo que evitó que se le realizaran cambios innecesarios a un guión escrito con solvencia. Por otro lado, The Gorgon cumplía con reunir nuevamente a Terence Fisher con Christopher Lee y Peter Cushing, con quienes había trabajado por última vez en The Mummy, en 1959. Para el cineasta esta producción tenía especial importancia ya que aún se encontraba contrariado por los magros resultados obtenidos por The Phantom of the Opera, en 1962, cinta que lo obligó a desligarse durante un tiempo de la casa productora. La historia de The Gorgon comienza en Vandorf, donde Sacha le comenta a su novio Bruno Heitz, un artista con fama de bohemio, que está embarazada. En un acto impulsivo, Bruno sale de su hogar para ir en busca del padre de la muchacha, para explicarle que va a asumir su responsabilidad. Segura que se provocará un enfrentamiento entre su padre y su novio, Sascha sale corriendo tras su amado con la intención de detenerlo. Sin embargo, en su camino se encuentra con una extraña figura que termina causándole la  muerte. Pese a que tanto la policía como el forense y psiquiatra del pueblo, el Dr. Namaroff, están al tanto que el cadáver de la muchacha se encuentra petrificado, una vez que encuentran el cuerpo de Bruno colgado de un árbol, las autoridades se apresuran a declararlo culpable del asesinato de Sascha, veredicto que su padre, el destacado Profesor Jules Heitz, no está dispuesto a aceptar, más aún cuando es sabido que este no es el primer asesinato de similares características que ocurre en Vandorf. De hecho, ya son siete los crímenes -sin causa aparente- que ocurren en el lugar, razón por la cual Heitz postula que el incorrecto accionar de la justicia solo está motivado por el miedo a una fuerza desconocida y poderosa, que fácilmente puede acabar con la vida de todos los habitantes del pueblo. La muerte del Profesor Heitz provocará que su hijo Paul -Richard Pasco- y su colega, el Profesor Karl Meister -Christopher Lee- viajen a Vandorf para investigar qué es lo que temen los pueblerinos, y cuáles son los motivos que esconde el poco o nada confiable Dr. Namaroff. Tal y como sucede en gran parte de los films de horror gótico producidos por la Hammer, aquellos que son amenazados por una fuerza incomprensible y desconocida, en este caso los habitantes de Vandorf, prefieren hacer oídos sordos a las súplicas de los inocentes visitantes que buscan acabar con el mal que se cierne sobre ellos, antes que enfrentar a lo que tanto temen. Por otro lado, aun cuando es la Gorgona quien está cometiendo los macabros crímenes, fácilmente se podría argumentar que el villano del film es el personaje interpretado por Peter Cushing. Y es que no solo miente cuando se le pide esclarecer los sucesos que llevaron a la muerte de Sascha como del Profesor Heitz, sino que además está dispuesto a cualquier cosa con tal de alejar a Paul Heitz de su ayudante Carla -Barbara Shelley- hacia quien se siente atraído. Pero, ¿¿Es posible que el accionar del Dr. Namaroff solo lo motive un ataque de celos?? Esa es la interrogante que tendrá que dilucidar el Profesor Meister antes que ambos se vean obligados a confrontar a la misteriosa, retorcida y atractiva Gorgona. Me sedujo mucho la dirección de Fisher, y su vínculo con un elenco que en el conjunto realiza un estupendo trabajo. Mientras que Christopher Lee brilla como el sarcástico y heroico Profesor Meister, quien no solo se enfrenta a las autoridades que encubren los asesinatos, sino que además es el único que durante el curso de la investigación se apega a la evidencia, impidiendo que sus sentimientos nublen sus conjeturas. Ni que hablar de Peter Cushing, quien logra un trabajo espectacular interpretando a un personaje moralmente cuestionable, el cual está motivado por su egoísmo, y por sus pulsiones más básicas, lo que le impide analizar las consecuencias de sus actos. En el caso de Richard Pasco, este interpreta de manera correcta a Paul Heitz, un hombre marcado por la tragedia y por su propia incapacidad de ver más allá de su  sentir. Barbara Shelley no desentona interpretando a una mujer subyugada por el amor enfermizo del Dr. Namaroff. En cuanto a la puesta en escena o apartado técnico, destaca el maravilloso trabajo de fotografía, el seductor  diseño de producción, una BSO precisa que amarra los nudos de forma prolija. Con el pasar de los años, The Gorgon se convirtió en uno de los productos infravalorados de la Hammer, ya que como película de terror no funcionó como se esperaba. Usando un ritmo narrativo más bien pausado, Fisher narra una historia cargada hacia el suspenso y al melodrama, en la cual una mujer de origen sobrenatural acecha a sus víctimas oculta en la oscuridad de la noche, esperando el mejor momento para atacar y quitarles la vida. Habría que recordar que Fisher nunca se describió como un simple director de cine de terror. En una entrevista a la revista “Cinefantastique” a principios de los setenta, Fisher expresó tener más interés en las mecánicas del melodrama expuestas en aquellos largometrajes de Frank Borzage -traten de conseguir el film Till We Meet Again- que en las mecánicas del suspenso perfeccionadas por Hitchcock. Estas declaraciones estaban ligadas al eterno deseo de Fisher de filmar una historia de amor, cosa que en cierta medida logró en The Gorgon, aun cuando la arteria romántica que presenta la cinta está ligada a la tragedia y al horror. En definitiva, gracias a sus múltiples virtudes y a su marcado trasfondo emocional, The Gorgon fácilmente puede ubicarse entre las mejores 15 o 20 producciones de la Hammer, lo que la hace merecedora de un reconocimiento mayor al que ostenta hoy en día. Terence Fisher, el gran renovador del cine de terror.