sábado, 1 de octubre de 2016

“Charade”, Stanley Donen filma la película que Alfred Hitchcock jamás pudo realizar.
























































































Stanley Donen nació en abril de 1924 (92) en Columbia, Carolina del Sur. Es uno de los cineastas más prestigiosos, pero menos premiados de la historia del cine. Pese a que la Academia no se acordó de él hasta 1998, entregándole un Oscar honorífico, sus films son obligatorios para comprender la evolución del género musical en la década de los años 50. Donen tomó clases de danza durante su adolescencia, y debutó en Broadway a los 17 años, para luego ser considerado  como un cotizado coreógrafo. Dos buenos amigos, el productor Arthur Feed y el actor bailarín Gene Kelly, lo convencieron de dirigir musicales como On the Town, en 1949, y Singin' in the Rain, en 1952. Sus coreografías provocaron la revolución integral del género, que combinaba sabiamente con la comedia y el drama. En 1954, rodó Seven Brides for Seven Brothers, y en 1957 fue nominado a la Palma de Oro de Cannes por Funny Face. Frank Sinatra, Audrey Hepburn, Fred Astaire, Sophia Loren, Gregory Peck, Cary Grant o Robert Mitchum fueron algunas de las estrellas estelares que pasaron por sus manos en los años 60, época en donde se aparcó un tanto de los musicales para centrarse en largometrajes de intriga como la formidable  Charade, en 1963, y Arabesque, en 1966, o en dramas como la reconocida Two for the Road, en 1967, cinta con la que ganó la Concha de Oro del Festival de San Sebastián, España. A finales de los años 70, y a raíz del revés que supuso el film de sci-fic Saturn 3, 1979, Donen fue dejando poco a poco el cine e hizo trabajos puntuales en TV. Vivió prácticamente retirado y soltero, a pesar que tuvo cinco matrimonios a lo largo de su vida. Para él, su único amor fue el cine: “Dirigir es como el sexo: cuando sale bien, es muy bueno; y cuando sale mal, sigue siendo bueno”. Pues bien, En Charade, Donan nos cuenta la historia de Reggie Lampert -Audrey Hepburn- quien está a punto de divorciase cuando se entera que su marido ha sido asesinado. Prontamente, Reggie va a ser perseguida por varios hombres, incluyendo a un apuesto extraño llamado Peter Joshua -Cary Grant- los cuales desean la fortuna que su marido robó US$ 250,000.00.- junto a varios cómplices, al gobierno de los EEUU, durante la Segunda Guerra Mundial. Naturalmente, todos piensan que Reggie conoce el paradero donde se encuentra el dinero. A medida que se acumulan los cadáveres, se torna más difícil e importante para ella determinar quiénes son los buenos, y quienes los villanos en esta historia. ¿¿En quién podrá confiar la bella y delgada damisela?? Durante los años 50 y 60, los thrillers de espionaje empezaron a tener una creciente popularidad en los EEUU. En gran medida, gracias al estreno de cintas como Dr. No, 1962, de Terence Young, quien lanzó a James Bond, o el clásico de Alfred Hitchcock, North by Northwest, 1959; Stanley Donen se atrevió a incursionar en el género con Arabesque, 1966, y Charade, en 1963. El guión escrito por Peter Stone y Marc Behm, estuvo basado en una historia corta del mismo Stone titulada “The Unsuspecting Wife”. Charade se convertiría en el largometraje que muchos cinéfilos y críticos consideran como el mejor homenaje al cine de Hitchcock. De hecho, tanto Donen como Stone fueron lo suficientemente inteligentes como para aprovechar un “principio de composición” que el británico había utilizado en el notable film Suspicion, en 1941, el cual consistía en que gran parte de las escenas servían para liberar o cargar de culpa al protagonista. Es así como en Charade observamos al personaje interpretado por Cary Grant, cuya ambigüedad de criterios desata una serie de interrogantes tanto en la Hepburn como en nosotros. Uno se pregunta de Peter Joshua lo siguiente: ¿¿Ayuda desinteresadamente a Reggie Lampert a encontrar el escondite del dinero de su esposo fallecido prematuramente, o quizás sus intereses son otros distintos?? Es más, ¿¿Es su verdadero nombre Peter Joshua?? ¿¿Cuál es la relación que tiene con los tres hombres que también están detrás del botín oculto en Paris?? Pese estas interrogantes, la desesperación en la que se ve sumida Reggie, la lleva a confiar, y posteriormente a enamorarse de este hombre del que no sabe nada. Esta suerte de “romance a ciegas”, era uno de los elementos que Hitchcock solía incluir en gran parte de sus trabajos. Los US$ 250,0000.00.- que buscan todos los personajes es utilizado como el conocido “McGuffins” de Hitchcock, es decir, un elemento de distracción que solo sirve de excusa para poner en marcha una historia que incluye la búsqueda del tesoro, paseos por el Sena, y un grupo de sospechosos que va disminuyendo a medida que transcurre el relato. La cinta se nutre de constantes cambios de atmósfera, que llevan al espectador -en cuestión de segundos- desde lo cómico a lo macabro, y de lo romántico a lo amenazador. Un ejemplo, es la escena donde Peter y Reggie se encuentran en un club nocturno, lugar en el cual participan de un juego chabacano que consiste en pasarle una naranja a la persona que se encuentra al lado, sin utilizar las manos. Si bien la secuencia comienza de forma divertida -sobre todo cuando Peter trajina en los voluminosos pechos de una señora entrada en años- esta no tardará en adquirir un tono más romántico cuando ambos se acercan gracias al curioso “juego del cítrico”. Sin embargo, apenas la escena entra en esta atmósfera de romanticismo, Reggie recibe amenazas de muerte del siguiente compañero de juego. Son estas súbitas transiciones, características que hacen interesante este ejercicio cinematográfico. Ya en 1963, Audrey Hepburn se había convertido en una de las estrellas más populares de Hollywood, por haber ganado el Oscar por su estupenda interpretación junto a Gregory Peck en la comedia romántica Roman Holiday, de William Wyler, en 1953, por lo tanto, su curiosa participación en Charade va a representar una de esas inexplicables rarezas dentro de su filmografía, particularmente por una serie de anécdotas y trivialidades que rodearon la filmación de la cinta. En primer lugar, nos encontramos con una trama que se balancea entre la comedia romántica y el thriller, la cual está protagonizada por dos de los actores más cotizados del género, y del Hollywood en aquella época. Años antes, la Universal había intentado emparejar a los actores en el film Roman Holiday, sin embargo, Cary Grant se mostró reticente a aceptar su papel. Diez años después, para aceptar el rol de Joshua, el actor británico, dada su elegancia, su encanto y su agudeza, impuso una serie de condiciones en el guión, tales como que el personaje de la chica debería de ser “agresivo” en la relación. Ella debería perseguirlo a él, y no al revés, para evitar los efectos nocivos que podían provocar los 25 años de diferencia que existía entre ambos. Pero Grant no fue el único en imponer condiciones. Hepburn también aportó lo suyo, y solicitó que la fotografía estuviera a cargo de Charles Lang, y que Cary Grant se condujera dentro de un interés romántico y caballeroso. Pese al miedo inicial de Grant, el film resultó un éxito, especialmente entre la crítica que reconocía la calidad actoral de ambos artistas, quienes le habían brindado credibilidad a la atípica relación amorosa, algo que no habían conseguido ni Bogart, ni Astaire, ni Cooper con la consentida Audrey Hepburn. Ambos actores británicos mantuvieron una relación fraternal durante el transcurso de la filmación, inclusive uno de sus primeros encuentros sirvió de base para una de las escenas desarrollada a orillas del río Sena, en la que el personaje de Hepburn derrama una bola de helado sobre la camisa de Grant, y este se comporta con una amabilidad similar a la de aquel primer día, cuando una nerviosa Hepburn le esparció encima una copa de vino. Pese a la cordialidad entre ambos, de todas formas existía una franca competencia para dejar en claro cuál de los dos adquiriría mayor protagonismo en los medios. Por otra parte, Peter Stone, un guionista nuevo en estas lides, redactó una escritura plagado de giros sorprendentes, gags memorables, y diálogos inteligentes. Esto fue aprovechado por Donen, quien dirigió el film con un estilo neutro que le permitió saltar de un género a otro sin conflictos, para que los actores encajaran con precisión en el perfil de sus personajes. Grant demuestra ser el actor idóneo para protagonizar las situaciones más extrañas con un tono ligero, mientras que la Hepburn interpreta a la caprichosa y extravagante oven con una versatilidad magnífica, en especial cuando sale a pasear por París con sus elegantes atuendos marca Givenchy. Como si fuera poco, el resto del elenco lo forman Walter Matthau, James Coburn, George Kennedy, Ned Glass y Jacques Marin, todos secundarios de un nivel de soporte envidiable. En definitiva, Charade triunfa ya no solo como uno de los mejores homenajes al cine de Hitchcock, sino también debido a la delicada química entre sus protagonistas, la dirección impecable de Stanley Donen, la hábil escritura de Stone, un espléndido trabajo de fotografía de Charles Lang, la puntillosa BSO de Henry Mancini, y la estilizada secuencia de títulos, diseñada por Maurice Binder. El film es uno de los mejores thrillers de espías de los años 60. El cineasta norteamericano construye una historia donde predomina la elegancia, la perplejidad y la intriga. Homenaje a Alfred Hitchcock. Stanley Donen filma la película que Hitchcock jamás pudo realizar.