miércoles, 9 de noviembre de 2016

“The Mercenaries”, Jack Cardiff nos impacta sobremanera con una impronta shockeantemente violenta para su época. Película de culto.












































































Jack Cardiff nació en septiembre de 1914, en Great Yarmouth, Reino Unido, y falleció en abril de 2009, en la ciudad de Cambridgeshire, Inglaterra. Trabajó desde niño como actor infantil hasta que comenzó su aprendizaje como operador de cámara, labor que ejerció en numerosas películas, entre ellas The Ghost Goes West, 1936, de René Clair, y Wings of the Morning, 1937, de Harold D. Schuster, la primera cinta que se realizó en la Gran Bretaña en colores. En el film The Four Feathers, 1939, de Zoltan Korda, Cardiff asumió la labor de director de fotografía además de operador en la segunda cámara. Durante la Segunda Guerra Mundial colaboró con el Ministerio de Información en la cinematografía de numerosos documentales, entre los que destaca Western Approaches, 1944, de Pat Jackson. Tras la guerra, destacó como uno de los mejores directores de fotografía británicos, sobre todo en la cinematografía a color. Entre sus trabajos más conocidos se encuentran sus colaboraciones con los directores Michael Powell y Emeric Pressburger: A Matter of Life and Death, de 1946, Black Narcissus, al año siguiente, film donde se adjudicó el Oscar a Mejor cinematografía a color,   y The Red Shoes, 1948. Su prestigio lo llevó a Hollywood, donde trabajó con algunos de los mejores directores: John Huston y The African Queen, en 1951; Joseph L. Mankiewicz y The Barefoot Contessa, de 1954; y King Vidor con War and Peace, de 1956. Como director debutó en 1958 con el irregular thriller dramático Intent to Kill. Le siguieron películas como: Beyond This Place, en 1959 y Scent of Mystery, de 1960, dos films de intriga, que no logró hacerlas funcionar. No obstante, ese mismo año, consiguió uno de sus mayores éxitos con Sons and Lovers, un drama rural basada en la novela homónima de D. H. Lawrence e interpretada por Trevor Howard y Dean Stockwell. Estuvo nominada a siete Oscars, de los cuales obtuvo el de Mejor fotografía en blanco y negro para el británico Freddie Francis. Cardiff postulaba a Mejor director, pero sólo consiguió ganar el Golden Globe en la misma categoría. Durante los años sesenta se convirtió en un solvente artesano en películas de acción como The Liquidator y Young Cassidy, ambos de 1965, y este último junto a John Ford, a quien reemplazó por motivos de salud,  The Mercenaries y La Motocyclette, los dos en 1967.  En tres de estas cintas contó con el actor Rod Taylor, a quien había conocido durante el rodaje de Young Cassidy, junto a Maggie Smith y Julie Christie. Curiosamente, Tras una serie de producciones menores dentro y fuera de los EEUU, Jack Cardiff regresó en los años setenta a la dirección de fotografía, labor en la que está considerado como uno de los grandes maestros de la historia del cine. En 2001 fue homenajeado por la Academia a través de un Oscar honorífico por su destacadísima labor y contribución a la industria de la cinematografía, convirtiéndose de esta manera en el único técnico en recibir tal distinción. Pues bien, en el film The Mercenaries, Cardiff nos situa en el año 1960, cuando Bélgica le concede la independencia al Congo africano, pero los pobladores de Katanga, una provincia rica en minas de diamantes, hacen una rebelión sangrienta. Cardiff nos introduce en plena batalla, en donde una banda de mercenarios comandados por el Capitán Curry -Rod Taylor- intentará evacuar a los habitantes del pueblo congolés, y no permitir que los rebeldes se queden con las minas de diamantes. En el año 1965, el escritor Wilbur Smith publicó su segunda novela titulada “The Dark of the Sun”, en donde relataba desde la ficción la llamada “Crisis del Congo”, ocurrida entre 1960 y 1966, y durante la cual Joseph Mobutu llegó al poder una vez que la República del Congo logró su independencia. Cuando los estudios MGM compraron los derechos de la novela, se le encomendó a Ranald MacDougall la tarea de adaptar al guión, aunque finalmente también participó en su elaboración Adrian Spies y el buen actor Rod Taylor. Ante la imposibilidad de filmar en locaciones africanas, al equipo técnico liderado por Jack Cardiff, no le quedó más remedio que trasladarse a Jamaica. Para el cineasta británico, su participación en la cinta The Mercenaries sería una experiencia inolvidable. En su biografía, titulada “Magic Hour” diría lo siguiente: “El film estaba ambientado en el Congo belga pero tuvo que ser rodada en Jamaica, debido a que no pudimos encontrar un tren de vapor adecuado en África, y este era parte vital de la trama. Pese a que era una historia de enfrentamientos, la violencia que ocurrió en el Congo, en aquel periodo, fue mucho peor de lo que yo podía plasmar en el film, y mientras investigaba el tema logré encontrar documentos tan repulsivos que me dieron nauseas”. The Mercenaries se ambienta en plena “Rebelión Simba” ocurrida en el Congo, en 1964. Los africanos acababan de salir de un periodo brutal durante el cual lograron independizarse de Bélgica. Sin embargo, tras su emancipación, las diferentes provincias del país africano entraron en una guerra de secesión, en la que al mismo tiempo que las tropas de las ONU intentaban instaurar un gobierno centralizado, cientos de mercenarios de distintas nacionalidades luchaban contra los líderes regionales. Al poco tiempo que el conflicto terminó, estalló la “Rebelión Simba”. Si bien los rebeldes aseguraban que estaban luchando contra la corrupción del gobierno, la verdad es que estaban asesinando a todos los ciudadanos congoleses que habían sido “occidentalizados”, al mismo tiempo que aterrorizaban a los europeos que habían decidido quedarse en el Congo. Ante esta situación, el gobierno del Congo se vio obligado a utilizar a los mercenarios para liderar y entrenar a los militares congoleses, y así terminar con la rebelión. Es aquí donde The Mercenaries comienza. El Capitán Curry y su fiel compañero, el Sargento congolés Ruffo -Jim Brown- son contratados por el gobierno para una misión cuyo objetivo es rescatar a un grupo de colonos europeos que viven en un pueblo remoto. Sin embargo, su verdadero objetivo consistía en recuperar cincuenta millones de dólares en diamantes sin cortar, los cuales iban a ser utilizados por el Presidente congolés Ubi -Calvin Lockhart- para mantenerse a flote y acabar con los Simbas. Para cumplir con el encargo, la dupla tendrá un plazo de 72 horas. Si lo logran, recibirán una recompensa de 50.000 dólares. Con la ayuda de 40 de los mejores soldados del ejército del Congo, un simpatizante Nazi llamado Henlein -Peter Carsten- y un brillante médico -aunque bastante borrachín- llamado Wreid -Kenneth More- Ruffo y Curry emprenderán una epopeyica aventura en la que se verán enfrentados a la amenaza de posibles ataques por parte de los despiadados rebeldes. Curry tendrá que lidiar con la amenaza que significa la figura de Henlein, quien conoce de la existencia de los diamantes. Curiosamente, el primer cara a cara serio entre ambos es provocado por una mujer llamada Claire -Yvette Mimieux- a quien el grupo liderado por Curry rescata de una granja saqueada previamente por los Simba. Aun cuando la trama de The Mercenaries es simple, la atractiva complejidad dramática que presenta Cardiff está dada por la interacción entre los protagonistas, Curry y Ruffo. Por un lado, Curry, es un soldado norteamericano que es feliz tomando el dinero que el gobierno congolés está dispuesto a ofrecerle, y al cual poco le importa la situación que se vive en el Congo. Es un sujeto que siente un total desprecio por el mundo, por la forma en como las grandes potencias privilegian sus propios intereses en desmedro del resto. Esto queda explicitado en la frase que menciona: “El arma es china, Ruffo, pagada con rublos rusos. El acero probablemente proviene de una fábrica alemana construida con francos franceses. Luego fue traída acá en una aerolínea sudafricana probablemente subsidiada por los EEUU”. Ruffo por su parte, se encuentra luchando en su país de origen, y a diferencia de Curry, su mayor deseo es lograr que en el Congo opere una sociedad funcional. Aun cuando ambos colegas mercenarios son amigos, en el conflicto, sus posturas son antagónicas. Ruffo admite que su interés es su país, y no el dinero, lo que provoca que Curry se pregunte qué sucedería si se vieran obligados a pelear en bandos opuestos: “Lucharía contigo, pero no sería de mi agrado”, afirma Ruffo con amargura. El lazo de amistad que une a estos hombres se vuelve trascendente a medida que avanza la historia, ya que la situación a la que se ven enfrentados posibilita que uno de ellos traicione al otro con tal de sobrevivir. Junto con explorar los matices existentes en la relación entre Curry y Ruffo, Cardiff logra sumergir su película en otras materias como el racismo, el genocidio, y la violación de los derechos humanos que cometen algunos gobiernos en nombre de la sempiterna democracia. Además de condenar la ideología nazi que orgullosamente reconoce seguir Henlein, Cardiff retrata con evidente recelo las posturas de los dos grupos envueltos en el conflicto del Congo. Mientras que por un lado se condena la actitud genocida de los Simbas, también se expone que la drástica occidentalización del Congo, justifica el violento accionar de un grupo de nativos que no están dispuestos a que sus costumbres y creencias sean pisoteadas y desechadas como si nada. Una buena historia, interesante y bien llevada por el cineasta británico. Rod Taylor realiza un logrado trabajo interpretando a un personaje carismático cuyas motivaciones son cuestionables, un tipo que se debate en la difícil misión encomendada, y tener la posibilidad redimir sus errores pasados. Jim Brown por su parte, interpreta con corrección a un hombre cuya formación es producto de la fusión de dos mundos contraproducentes, los cuales él espera que puedan convivir en paz. Al mismo tiempo, la empatía que posee en pantalla con Rod Taylor es innegable, aun cuando ambos actores tras las cámaras no se llevaban bien. A diferencia de la dupla protagónica, Yvette Mimieux y Peter Carsten, hacen una labor irregular. El personaje femenino solo funciona como el interés amoroso de Curry, razón por la cual su inclusión resulta injustificada, mientras Carsten cae frecuentemente en la sobreactuación -su vulnerable parecido actoral con el peruano Carlos Alcántara es un calco- por lo que Henlein termina reducido a ser una mera caricatura. La puesta en escena cumple aunque no es de primer orden, hecho al que contribuye una fotografía incompleta, unos efectos que no logran temporalizar, y un montaje donde se notan algunos cortes. Quizás, lo mejor sea la BSO compuesta por Jacques Loussier, que sí tiene la fuerza necesaria para dar certeros enviones musicales a cada escena que destaca, marcando con exactitud el tono pesimista que domina a la historia. Por otro lado, El film adolece de algunos problemas de guión, los cuales se evidencian en la calidad de algunos pocos diálogos, y en la inclusión de detalles cuyo objetivo pareciera sumar minutos lelos al metraje. Al momento de su estreno, el film de Jack Cardiff causó polémica por la crudeza de algunas de sus imágenes. Y es que se incluyen escenas de infanticidio, y muestra la brutalidad con la que actuaban los Simbas en contra de los colonos europeos, quienes en el film prefieren suicidarse antes de verse violentados sexualmente o torturados por los nativos africanos. Todo esto provocó que la producción adquiriera un seguimiento de culto, el cual se cimentó cuando directores como Tarantino y Scorsese la nombraron como uno de sus “placeres culpables”. De hecho, Scorsese mencionó que le sorprendió la inesperada ferocidad del film cuando lo vio por primera vez en 1968. En relación a esto último, pareciera que la gran pregunta que plantea la cinta es: ¿¿Puede utilizarse la violencia para alcanzar la paz?? Curry, me parece, terminará por hallar la respuesta a dicha interrogante, aunque en el proceso ve con impotencia como se convierte en aquello que tanto desprecia. The Mercenaries comienza como otra película de acción con altas dosis de violencia, pero en el camino se convierte en una rara, pero sugestiva subversión del género bélico, la cual no solo expone una serie de temas interesantes, sino que además nos saca de nuestra zona de confort, para enfrentarnos con las atrocidades que se cometieron en el África post-colonial. Buen film. Recomendable. Jack Cardiff nos impacta sobremanera con una postura shockeantemente violenta para su época. Película de culto.