miércoles, 21 de diciembre de 2016

“Cat People”, Jacques Tourneur y la “elegancia a la francesa”.


















































































Jacques Tourneur  nació en noviembre de 1904, en París, Francia, y falleció en diciembre de 1977, en la ciudad de Bergerac, también en Francia. Tourneur es uno de los pocos cineastas que a base de películas de bajo presupuesto supo encontrar la quintaesencia del arte hollywoodense. Un relato claro, personajes sensibles y una estética refinada, le permitieron situarse más allá de la eficacia fílmica. Hijo del realizador Maurice Tourneur, quien también pasó por la meca del cine norteamericano, hizo algunos films intrascendentes en Francia antes de trasladarse a los EEUU, a los 26 años, y a mediados de los años 30. Debutó en 1931, con el film Tout ca ne vaut pas l'amour, una comedia en donde un boticario coleccionista de estampillas, se hace cargo de una joven que ha sufrido una desgracia al parir un niño muerto. De ahí en adelante, el sujeto dará su vida con tal de animar a la muchacha, intentando que pueda olvidar y tratar de ser feliz. En 1933, realizó otra buena comedia donde el protagonista sobrevive secuestrando mascotas que pertenecen a gente pudiente, y devolviéndolas a cambio de un suculento rescate. Luego, ya en los EEUU, filma tres cortos y tres films sin los resultados esperados. Sin embargo, Val Lewton, productor de la RKO, le confió en 1942, un drama psicológico de serie B: Cat People -homenajeada en The Bad and the Beautiful, de 1952, por Vincente Minnelli, y que comentaremos hoy- film que Tourneur convierte en una obra maestra del género fantástico, gracias a una excepcional labor de sombras y sonidos, prescindiendo de mostrar imágenes de terror. El francés redondeará un golpe maestro al año siguiente, con dos cintas del mismo talante: The Leopard Man y I Walked with a Zombie. Humilde, pero deseoso de una estética exigente de su cine, el cineasta francés se las arregla con una economía nada abundante, y logrará adaptarse a la cinematografía de género de Hollywood. Out of the Past, de 1947, es una de las películas más prolijas de la historia del cine negro, con un guión antológico de Geoffrey Homes -seudónimo del novelista yankee Daniel Mainwaring-. La cinta posee todos los elementos clásicos del “film noir”, pero recreados dentro de ese clima de ensoñación o irrealidad, tan característico de su cine. En este film, destaca el actor Robert Mitchum, que encarna al antihéroe descreído, socarrón, romántico y trágico, tan querido y necesitado por el género, y que intenta iniciar una nueva vida, escapar del pasado, pero que vuelve a ser atrapado por una irremediable confusión. Out of the Past compone, junto a The Killers, en 1946, de Siodmak, y The Asphalt Jungle, en 1950, de John Huston, un envidiable tríptico de sombras y luminiscencias. Aquel sujeto que gerencia la estación de gasolina y el taller de reparaciones de un pequeño pueblo, no siempre estuvo dedicado a vender nafta ni arreglar solo automóviles. Tiempo atrás, ejerció como un eficaz detective privado a quien no le asustaba colarse en asuntos nebulosos. Pero, no existe cosa más turbia que aceptar ir en busca de la amante de un gangster, enamorarse de ella, solo para descubrir que la joven es una araña venenosa, cruel e implacable cuando se siente acosada. Era tarde como para pasarse la vida escondido en un poblado, y licuar combustible. Nadie puede escapar de lo que alguna vez hizo, sobre todo si ha dejado cuentas pendientes con un tipo indeseable -el título de la cinta lo explicita sin duda alguna-. En 1957, Tourneur logra una formidable cinta donde combina el terror, la intriga y el fantástico: Night of the Demon, con una estupenda adaptación de Charles Bennett y Hal E. Chester de la historia “Casting the Runes” de M.R. James. El francés nos ofrece una de las cintas de terror más prolija de los años cincuenta, con un agregado: una impronta genial acerca de la brujería. Por lo tanto, Tourneur tiene en sus manos una trama poderosa, construida con brillantez para los amantes del terror. No ha existido en el género, un director capaz de crear atmósferas tan bellas como ominosas. El film se fundamenta en un discurso clave en torno a la noción de la subjetividad, vale decir, la desconfianza hacia las creencias que los sentidos nos proporcionan junto al relativismo. Los planos son sospechosos de estar sujetos a lo sobrenatural. La puesta en escena es un excelso logro en el empleo magistral de las ópticas para crear efectos y transmitir sensaciones. Asimismo, el claroscuro lumínico posee aquí una inspirada aplicación. La presencia del demonio, su inclusión como una imposición física generó una gran controversia, ya que va a desvirtuar el ambiente de la obra, si bien le añade cierto encanto, aunque la verdad es que este “engendro” es todo un alarde creativo y más aterrador de lo que se podría imaginar. De todos modos, la exposición del monstruo convirtió el film en una propuesta más del terror duro que del terror psicológico que Tourneur impulso. El francés no era un buen director de actores, sino de imágenes y poesía plástica, pero aquí sí se van a dar buenas interpretaciones, por su fundamento espectral donde el protagonista pretende desenmascarar una nigromántica secta satánica, y vencer a las fuerzas del Mal, con lo cual será arrastrado hacia lo paranormal. En suma, hipnótico, esotérico y sobrecogedor, es un cuento de perversión y terror que sabe hallar el punto de equilibrio de una narrativa en el que la intriga, el misterio, la sutileza y las sugerencias sobrenaturales, devienen en recursos expresivos, situaciones climatizadas y mucha concisión narrativa para transmitir una sensación de desasosiego de “lo siniestro”, que no llega a concretarse del todo, porque Tourneur atempera la narración y huye de las fanfarrias y efectismos. En el género western y las cintas de aventuras, hizo dos películas notables, Wichita, de 1955, y The Flame and the Arrow, de 1950, títulos que no deberíamos dejar de lado. Tourneur no es sólo un caso de excepción del cineasta europeo que supo integrarse en forma armónica al sistema hollywoodense, sino que una de sus facultades más preciadas fue que logró manejar gran cantidad de géneros en su filmografía. Hizo magníficas películas de terror, aventuras, westerns etc., alcanzando una popularidad difícil de lograr, no solo en tierras propias, sino nada menos que en Hollywood. Jacques Tourneur fue un hacedor de imágenes, un orfebre de las formas, un bruñidor de las sombras, mago de las texturas e innovador de todo un glosario de percepciones cinematográficas, sólo advertibles en sus películas, y porque fue, sobre todo, el genio de la discreción. El placer que nos provoca una cinta suya es tan espontáneo e intenso que la desproporción con la levedad y sutileza del estímulo previo, sin duda le parecería impúdica al propio cineasta. Pues bien, en Cat People, Jacques Tourneur nos situa en una visita al zoo, donde Oliver Reed -Kent Smith- conoce a Irena Dubrovna -Simone Simon- una serbia despampanante que está haciendo unos dibujos junto a la jaula de las panteras, con el fin de inspirarse al momento de hacer diseños de moda. Poco tiempo después, Oliver e Irene se enamoran, y van a terminar en el altar. Todo va caminando bien en la relación hasta que aparece una enigmática mujer de aspecto felino que afirma ser pariente de Irene. La va intimidando hasta llevarla a un extraño comportamiento que deriva en una ansiedad que se convierte en una neurastenia. Oliver busca ayuda en un amigo psiquiatra, pero Irene sospecha que se trata de una mujer pantera, como aquellas que son parte de una vieja leyenda de su país, las cuales se transforman en animales cuando sienten celos o la pulsión del amor. A fines de la década del treinta, Val Lewton se encontraba sumamente cómodo con su trabajo como consultor de guiones del productor David O. Selznick, cuando el jefe de producción de los estudios RKO, Charles Koerner, le encomendó la misión de trabajar como productor de la unidad B del estudio. Lo que Koerner deseaba era hacer un conjunto de provocadores que aprovecharan la popularidad alcanzada por las cintas de horror de la Universal, y así poder pagar las deudas generadas por los largometrajes de Orson Welles: Citizen Kane, de 1941, y The Magnificent Ambersons, al año siguiente. Cuando Lewton se enteró que su primera película se llamaría Cat People, se sintió tan avergonzado que le ofreció al guionista Bodeen que abandonara el proyecto. Sin embargo, cuando Lewton observó que el escrito de Bodeen se presentaba como un perturbador thriller psicológico acerca de una mujer que teme entregarse a sus pasiones debido a que eso la convertiría en una pantera asesina, el productor decidió seguir adelante. Cat People fue filmada rápidamente bajo un presupuesto de US$ 150,000.00.-. Para crear la ilusión que se trataba de una cinta de mayor presupuesto, Lewton contrató a los directores de arte Albert S. D´Agostino y Walter E. Keller para que remodelaran algunos sets utilizados en cintas más costosas. A raíz de esto, los sets de las películas Shall We Dance, 1937, de Mark Sandrich y de The Magnificent Ambersons, fueron utilizados en la realización de Cat People. Cuando los sets no estaban disponibles, el director de fotografía Nicholas Musuraca, intentaba cubrir con sombras el hecho que se estaba trabajando con decorados mínimos. Esta no sería la única complicación que Lewton tendría durante la realización del film. En la primera etapa del rodaje, el productor en jefe de la unidad “B” del estudio, Lew Ostrow, intentó despedir al director Jacques Tourneur. A raíz de esto, a Lewton no le quedó más opción que dirigirse a Koerner para intentar retener al ofendido director. Una vez que la película estuvo terminada, Charles Koerner y los ejecutivos de la RKO asistieron a una proyección de prueba. Quedaron tan horrorizados que no pudieron evitar temer lo peor. Sin embargo, la cinta resultó ser un éxito que duró trece semanas en cartelera, logrando una recaudación de cuatro millones de dólares a nivel mundial, con lo que el estudio se salvó de la quiebra. Como una muestra de gratitud, el estudio le renovó el contrato a Bodeen con un mejor sueldo. Al francés Tourneur, a quien habían intentado despedir, le entregaron un bono de 5,000.00.- dólares, prometiéndole que le  entregarían otros proyectos importantes cuando terminaran sus obligaciones con Lewton; y finalmente al productor le aseguraron una mayor libertad artística en sus próximas obras. Con todo esto cabe preguntarse: ¿¿Cuáles son las razones por las que esta cinta horrorizó a los ejecutivos, y al mismo tiempo fascinó a los espectadores?? Si hay algo que caracteriza a Cat People, es por lo freudiana que resulta ser la trama. Desde el principio del film, es evidente que el mismo encierra un gran número de simbolismos de carácter psicosexual. Irena es una mujer que le teme a sus propias pasiones, razón por la cual la mayor parte del tiempo es una persona controlada. No solo le aterra expresar sus emociones en público porque piensa que al hacerlo rompería ciertas normas de la conducta social, sino que está segura que eso disolvería por completo la imagen de mujer educada y gentil que intentaba proyectar a todos aquellos que la rodean. Es el extraño comportamiento de la protagonista lo que lleva al francés Jacques Tourneur a plantearnos la siguiente interrogante: ¿¿Es Irena capaz de convertirse en un gato, o todo es producto de su vívida imaginación?? La trama se complica aún más con la aparición de Alice Moore -Jane Randolph- quien a diferencia de la protagonista, es una mujer moderna e independiente, fiel representante del movimiento feminista reinante en los EEUU de la década del 40. Cuando la  relación matrimonial de Irena con Oliver comienza a fragmentarse, esta debe ver como Alice empieza a acercarse a un cada vez más contrariado Oliver. Tan pronto Alice le proclama su amor a Oliver, Irena se va distanciando de la cotidianidad a la que estaba acostumbrada, al mismo tiempo que aumenta su fijación con la pantera del zoológico. Es en este momento cuando los contrastes existentes entre la protagonista y Alice se hacen más evidentes, y la ira de Irena se convierte en algo aterrador. Cabe mencionar que tanto Cat People, como el resto de los films producidos por Lewton, se caracterizaron por desarrollarse en escenarios familiares, los cuales son sometidos por una sensación de terror y peligro inminente. Para lograr dicho efecto, Lewton y los directores con los cuales trabajó, se encargaron de insertar una serie de escenas que tras jugar con la sugestión, desembocaban en un inesperado e intenso clímax que extrañamente marcaba el retorno a la normalidad. Por ejemplo, en una escena de la cinta, la cada vez más trastornada Irena perseguirá a su rival a través de Central Park. Justo cuando la figura de un gato se prepara para atacar a la mujer, un ómnibus se detiene bruscamente provocando un sonido que nos sobresalta. A raíz de esta escena, Lewton bautizaría como “buses” a aquellos momentos cinematográficos cuyo único fin es asustarnos mediante la inclusión de una acción inesperada. En cuanto  a las interpretaciones, la actriz francesa Simone Simon logra hacer de muy buena manera a una mujer contenida y atormentada, la cual está envuelta en un halo de inocente sexualidad que resulta irresistible. Jane Randolph se luce interpretando a la extrovertida Alice, la cual por momentos se presenta como una sutil manipuladora de aquellos eventos que inducen la transformación de la protagonista. Tom Conway, también logra interpretar correctamente al lascivo y maquiavélico psiquiatra que intenta controlar las pulsiones ocultas de Irena, con la intención que la mujer se sienta atraída hacia él. Kent Smith parece no encajar en su personaje ya que la sobreactuación lo delata, y lo hace poco creíble. En cuanto a la puesta en escena, destacan: la BSO de Roy Webb, la espléndida dirección de arte de Albert S. D´Agostino y Walter E. Keller, y un revelador trabajo de fotografía de Nicholas Musuraca, cuyo uso de la luz y la sombra es en gran medida responsable de la atmósfera que domina el film. Con Cat People, Lewton establecería una fórmula que repetiría en el resto de las cintas que realizó para la RKO, como I Walked With a Zombie, 1943, del mismo Tourneur, y The Body Snatcher, 1945, de Wise, entre otras. Sin embargo, ninguno de los films que Lewton produjo para el estudio tendría el mismo impacto que su primera incursión en el género del horror, ni siquiera la secuela titulada Curse of the Cat People, 1944, de Wise y Von Fritsch. Si bien la superficie fílmica Cat People es una película de terror que nos presenta un plot original y complejo, una dirección innovadora, un nivel de erotismo inusual para la época, y un grupete de escenas escalofriantes. Tourneur acierta ya que se inclina también por un drama femenil que busca por todos los medios combatir los trazos menos atractivos. Es a raíz de todo lo comentado que no nos resulta extraño que 50 años después de su estreno, la película del francés Tourneur haya ganado un puesto en el “Registro Nacional de Cine de los Estados Unidos”, lo que le brindó un estatus de tesoro nacional. Jacques Tourneur y la “elegancia a la francesa”.