lunes, 19 de diciembre de 2016

“Rasputin: The Mad Monk”, Don Sharp deja lo histórico para centrarse en un sujeto malvado que provocó en gran medida la Revolución Rusa de 1917.
































































































Donald Herman Sharp nació en abril de 1921 en la ciudad de Hobart, en Australia, y falleció en diciembre de 2011, en Cornualles, Reino Unido. Según los registros militares oficiales, aunque fuentes de referencia de la zona citan a 1922 como su año de nacimiento en Hobart, Tasmania. Asistió a la Universidad de San Virgilio, en Melbourne para estudiar artes, y comenzó a aparecer como actor regularmente en producciones en el teatro de su ciudad natal. Antes, se había alistado en la Real Fuerza Aérea de Australia el 07 de abril 1941, y fue trasladado a Singapur. Además de sus deberes militares, apareció hablando en la radio, violando las normativas, siendo invalidado por estas acciones.  Fue dado de alta el 17 de marzo de 1944 en el rango de cabo. Después de la guerra, Don Sharp se trasladó a Inglaterra, donde produjo y coescribió una película, Breeze, en 1950. Continuó actuando con pequeños papeles en películas como The Cruel, en 1953. También interpretó al personaje Stephen “Mitch” Mitchell, a través de  series de ciencia ficción, en la radio británica, pero lo suyo era escribir y luego dirigir. Debutó en 1963, con The Kiss of the Vampire, producida por la Hammer Film Productions y Universal International Pictures. Es un interesante apronte de corte terrorífico, de la época dorada de la Hammer. Tiene varios elementos interesantes, como las siniestras escenografías, marca de fábrica de la Hammer. Un correcto trabajo en la dirección de Don Sharp, que posteriormente haría para esta casa cinematográfica una acertada visión de Rasputín. Se asemeja a The Devil Rides Out, 1968, de Terence Fisher, en el momento que los discípulos están reunidos. Los intérpretes  son poco conocidos, aunque se puede reconocer a Edward de Souza, y a dos que posteriormente compartirían reparto: la atractiva Jennifer Daniel y Noel Willman, en The Reptile, 1966, de John Gilling. Todos ellos cumplen un trabajo a cabalidad y la cinta logra entretener y evocar viejos tiempos, esos que no volverán. En 1964, realizó dos films: Witchcraft, y The Devil-Ship Pirates. Esta última producida por la Hammer, Sharp entrega un film menor pero simpático, perteneciente a la vertiente aventurera de piratas, última de una serie que incluye títulos entretenidos como The Pirates of Blood River, 1962, y Fury at Smugglers’ Bay, ambos de Gilling o la curiosa Captain Clegg, 1962, de Peter Graham Scott, producida por la Hammer. El resultado es casi un film de hazañas bélicas disfrazado de “swashbuckler” en tierra, con fuerzas de ocupación, heroica resistencia, sacrificios y sabotajes, con el gran Christopher Lee como un capitán español torvo, cruel y sádico, luciendo su nada desdeñable dominio del esgrima enfrentado a un pequeño pueblecito ingles que ignora que su país no perdió la guerra. Ingenuidad y gallardía, maldad y traiciones a ritmo vertiginoso y con un espléndido empaquetado, rubricado por una brillante BSO, y la presencia de algunos secundarios habituales, como Andrew Keir o un bronceado Michael Ripper, rijoso rufián. En Witchcraft, Don Sharp se refiere a un constructor que ordena arrasar un camposanto para erigir espantosos departamentos sobre el mismo, llevado por el furor de la especulación inmobiliaria. Este hecho despierta  a una bruja que espera su venganza desde hace 300 años. Como la familia del empresario fue la causante de su muerte, sus miembros van muriendo de uno en uno en extrañas circunstancias. Con una buena fotografía en B/N, una eficaz BSO, y el concurso de un grupo de actores desconocidos, salvo el inefable Lon Chaney Jr., ya en una decadencia física avanzada, Sharp construye una intriga que va in crescendo hasta llegar al aquelarre final, demostrando que se puede rodar un buen film con cuatro muchachos e imaginación. Hace en 1965, The Face of Fu Manchu, con Christopher Lee, quien había sido el protagonista de The Devil-Ship Pirates, siempre bajo la premisa del terror. The Brides of Fu Manchu, en 1966, también de terror donde la mezcla con intriga. En 1973, sigue con el terror a través de Psychomania, y luego Dark Places, nuevamente con Christopher Lee. En 1975, prueba con el thriller de terrorismo de la IRA, Hennessy, con Rod Steiger y Lee Remick. Sharp nos narra la historia de un pacifista ex héroe de guerra -Rod Steiger- que prioriza el bienestar de su familia, antes que la causa irlandesa. Lo hace hasta que esta es asesinada en uno de los disturbios en Belfast por un soldado británico que deja apretado el gatillo al caer. A partir de ese momento, lo único que busca es venganza y no dudará en volar el Parlamento Británico -con la Reina adentro- convirtiéndose en un moderno Guy Fawkes. Sharp muestra el potencial del hombre para desarrollar tal tarea y las artimañas al borde de la ley de la “Special Branch Británica”, en un juego de intereses cruzados en el que no podía faltar el IRA. La mayor controversia de Hennessy, aparece cuando la Reina Isabel II aparece en una filmación real mirando a un lado. En la narrativa de Sharp este momento es utilizado para captar el momento en el que la policía consigue atrapar a Henessy. El fotograma fue considerado irreverente por la Reina. La distribución en cines británicos no se hizo en aquel momento al ser prohibida la película. En 1978, Sharp filma The Thirty-Nine Steps, con Robert Powell y John Mills. Remake de The 39 Steps, de Alfred Hitchcock, en 1935. El guión es tan bueno y la intriga está tan bien desarrollada, que nos mantiene entretenidos de principio a fin, y la trama logra engancharnos, complementada también por una buena BSO y una excelente fotografía, incluso en la niebla londinense. La premisa no es nueva, sino la del “falso culpable”, haciéndole varios guiños a Hitchcock: como la avioneta que persigue al protagonista -referencia a Intriga internacional- o el objetivo político que aparecen en otras muestras del cine de espionaje. Pero, su final es antológico y el escenario notable y difícil de encontrar, por cierto. Brillante interpretación de Robert Powell como Richard Hannay, y cuidada ambientación inglesa. En 1979, compuso con acierto: Bear Islan, con un delicioso reparto: Donald Sutherland, Vanessa Redgrave, Richard Widmark, Christopher Lee, Barbara Parkins y Lloyd Bridges. Don Sharp demuestra ser un especialista en cualquier género que éste relacionado con el entretenimiento. Lo que sucede es que esta vez intenta competir sin fortuna, pero con una seriedad digna de crédito con los films de espionaje en boga de la época, por entonces el James Bond de Roger Moore. Aunque la intriga argumental no tiene que ver con las aventuras de Ian Fleming, la película goza de momentos idóneos -una isla perdida del ártico a cuarenta grados bajo cero y con terribles avalanchas-. La premisa de Sharp es buena: hallar un supuesto tesoro almacenado por los nazis en su base de submarinos abandonada. Sharp termina su filmografía con una cinta para TV, con Sharon Stone, en 1988. Como dije: Don Sharp fue un especialista en cualquier género que éste relacionado con el entretenimiento. Sus films no tuvieron el equilibrio debido, ya que siempre le faltaba algo, que el director trataba de solucionar en parte. Fue un hombre que logró hacer más films buenos que irregulares. Contó con el apoyo de la Hammer en varias cintas, y esto no es un detalle menor. Pues bien, en el drama histórico: Rasputin, the Mad Monk, 1966, Sharp nos va a contar la historia de Grígori Yefímovich Rasputín -Christopher Lee- un monje alto de origen campesino con mirada salvaje, de extraordinaria fortaleza, muy grotesco, con poderes de hipnosis y curativos, y por sobre todo de desmesurada ambición. En San Petersburgo, conoce a Sonia -Barbara Shelley- una dama de honor, a la que va a  utilizar para introducirse en la Corte Real. Cada vez más feroz, más sensual y más tortuoso, el monje de modales rudos se adentrará en la sofisticada clase alta de la sociedad rusa hasta tratar a la misma zarina, y dar rienda suelta a sus despiadadas ambiciones. La vida y la repentina muerte de Rasputín, quien ofició de consejero del Zar Nicolás II, al mismo tiempo que decía ser un hombre santo, ha servido de inspiración para muchos cineastas desde que fue asesinado la noche del 16 de Diciembre de 1916. De hecho, existen numerosos cortometrajes europeos que han retratado el ascenso y la caída del llamado “pecador sagrado”. De las producciones basadas en la vida de Rasputín, probablemente la más famosa sea Rasputin and the Empress, 1932, de Richard Boleslawski, la cual fue producida por los estudios MGM, y fue protagonizada por gran parte del clan Barrymore. Fue tal el impacto que produjo aquel film, que la Princesa Irina Yousoupoff, esposa del Príncipe Felix Yousoupoff, uno de los hombres que participó en el asesinato de Rasputín, interpuso una demanda contra la Metro Goldwyn Mayer, por considerar que la cinta faltaba a la verdad. Tras un largo juicio, la Princesa obtuvo una indemnización por daños y perjuicios de 25,000 euros de hoy. Quizás por este motivo Anthony Hinds, quien en ese entonces utilizaba el seudónimo de John Elder, se encargó de escribir “esto no es un documental, es entretenimiento”, en la primera página del guión de la cinta que posteriormente sería titulada The Mad Monk, la cual buscaba plasmar con ciertas licencias creativas la colorida vida de Rasputín. Para que quedara claro que el film no buscaba reproducir determinados hechos con rigor histórico, Hinds puntualizó lo siguiente: “No hubo intención de reproducir de manera fidedigna ciertos hechos históricos, todos los personajes y los incidentes deben ser tomados como ficticios”.  La seguidilla de eventos que darían como resultado Rasputin, The Mad Monk, comenzarían en el año 1961, cuando al interior de la Hammer se desarrolló un proyecto titulado “The Sins of Rasputin”. En 1965, el proyecto fue retomado por Hinds, quien reescribió el guión basándose en dos obras literarias escritas por el ya mencionado Príncipe Felix Yousoupoff: “Rasputin” y “Lost Splendour”. Hinds, debido a los problemas legales protagonizados por Yousoupoff, cada página del guión la debió someter a la meticulosa revisión del Príncipe, lo que significó que el escrito fuese modificado en varias ocasiones. El rodaje del film comenzó en el verano de 1965 al interior de los estudios Bray, y estuvo a cargo de Don Sharp, quien venía de filmar el thriller The Face of Fu Manchu, 1965, junto a Christopher Lee, quien debido a su marcada afición por la historia relacionada con el asesinato de Rasputín, se mostró seducido en participar en la cinta. Debido al alto costo que había tenido el film Dracula: Prince of Darkness, 1966, de Terence Fisher, Sharp no solo tuvo que reutilizar algunos de los sets usados en dicha producción, sino que además debió eliminar algunas páginas del guión de Hinds con el fin de reducir los costos del rodaje. La historia escrita por Hinds se concentra en los humildes orígenes de Rasputín como un curandero marginado en la Rusia Zarista. Luego de ser expulsado de un monasterio por su comportamiento violento y libidinoso, y por sus pocas habilidades ortodoxas sobrenaturales, Rasputín decide dirigirse a San Petersburgo para satisfacer sus ansías de riqueza y poder. A su llegada a la ciudad, al interior de un pequeño café, conoce al Dr. Boris Zargo -Richard Pasco- quien gracias a sus poderosas conexiones lo ayuda a ingresar a los círculos sociales más próximos a la Corte Real Rusa. Dentro de la gente con la cual Rasputín establece contacto, se encuentra una mujer llamada Sonia -Barbara Shelley- quien oficia como dama de honor de la Zarina. Decidido a cumplir con su plan, Rasputín seduce e hipnotiza a Sonia para que atente contra el hijo del Zar, permitiéndole de esta forma ejercer cierta influencia sobre los vulnerables integrantes de la Casa Real. Pese a que Rasputin, The Mad Monk presenta una serie de giros argumentales que convierten a la historia en un melodrama gótico, el film va a contar con ciertos elementos que lo acercan a la esencia de las producciones de horror de la Hammer, como por ejemplo, un intento de violación, mutilaciones varias, la desfiguración del rostro de un personaje mediante la utilización de ácido, y el brutal desenlace del protagonista. Por otro lado, Sharp juega bastante con la dualidad de un antihéroe complejo que tiene raíces de tinte sobrenatural. Mientras que los poderes de sanación que posee Rasputín quedan explicitados durante los primeros minutos de la cinta, cuando él sana a una mujer moribunda al interior de una taberna, sus intenciones quedan expuestas durante una fiesta en la que se revela que sus actos de generosidad están ligados a los beneficios que obtiene de ellos. Desde prácticamente el principio del relato, el protagonista es retratado como un personaje egocéntrico, motivado por una codicia a toda prueba, y que lo terminan situando en el corazón de la Casa Real. Por otro lado, Rasputín es un blasfemo, pero uno carismático. No tiene ningún problema en reconocer que sus poderes le han sido concedidos por el Diablo, al mismo tiempo que seduce a las personas que lo rodean con el objetivo de llevar a cabo sus siniestros planes. El Rasputín de Sharp y de la Hammer, va a establecer una vinculación relativa a la rigurosidad histórica del místico ruso. Sintetiza la historia del monje loco enumerando algunos temas claves de su existencia, generando una puesta en escena más propia de la Hammer que del contexto temporal y espacial. Pese a la falta de objetividad, hecho comprensible, la película se observa bien con un ritmo adecuado, actuaciones muy al borde, y existe un desarrollo alarmante aunque escueto del personaje en cuestión. Quizás la falta de matices en Rasputín termina por construir un personaje algo acartonado; sus ambiciones de poder son unidimensionales y se traslada de escena en escena como un ícono pasivo que debe cumplir su rol final de un enemigo vital que merece castigo. Sharp logra una propuesta que plasma con elegancia, sin desatarse, pero que ni siquiera arriesga con algún diálogo imprevisto, o algún gesto por afuera del protocolo necesario. En cuanto a las interpretaciones, Christopher Lee hace un estupendo trabajo personificando al vulgar, violento, lascivo y ambicioso Rasputín. Lee ha sido Saruman, el Conde Dooku, Drácula, Sherlock Holmes, Wilbur Wonka, Francisco Scaramanga etc., pero cabe mencionar que el actor pasó horas investigando su rol, llegando al punto de consultarle a una serie de expertos los efectos del envenenamiento por cianuro, para así interpretar de mejor forma la escena en la que Zargo tienta a Rasputín con chocolates envenenados. Por otro lado, el resto del elenco realiza un buen trabajo, en especial Barbara Shelley, cuyo personaje no solo resulta ser de vital importancia para el desarrollo de la trama, sino que además representa la atracción que sienten ciertas mujeres por los personajes ruines, sucios, rudos y despreciables, por sobre aquellos hombres que se caracterizan por ser cultos, distinguidos y amables. En la puesta en escena, destaca el notable trabajo de fotografía de Michael Reed, la correcta BSO de Don Banks, el trabajadísimo diseño de producción de Bernard Robinson, la edición de Roy Hyde y la dirección de arte de Don Mingaye. Los problemas que presenta el film tienen estricta relación con el escaso presupuesto de la producción. El hecho de haber trabajado con sets reciclados, no solo le impidió a Don Sharp crear un mundo amplio y rico en matices, sino que no le permitió desarrollar el trasfondo político necesario para entender los alcances del relato. Debido a que los eventos relatados en el film carecen de contexto, los intentos de Rasputín por obtener ciertas cuotas de poder no resultan creíbles. En lo que Sharp sí logra hacer funcionar es en la ilustración de las habilidades de manipulación que posee el colorido protagonista. Resulta evidente que Rasputín aprovecha las inseguridades y las vulnerabilidades de quienes lo rodean, con el objetivo de derribar a la clase dominante, y así tomar el lugar que él cree que merece. Rasputín es la encarnación de uno de los temas recurrentes de las producciones de la Hammer: “la lucha de la clase humilde por derrocar a la aristocracia que la oprime”. Pese a todo, Sharp hace un film entretenido, el cual presenta una serie de giros interesantes que van a  capturar nuestra atención sin mayores conflictos, razón por la cual se reconoce como una de las piezas de época más atractivas de la llamada “Casa del Martillo”. Don Sharp deja lo histórico para centrarse en un sujeto malvado que provocó en gran medida la Revolución Rusa de 1917.