lunes, 19 de diciembre de 2016

“Vampire Hunter D: Bloodlust”, Yoshiaki Kawajiri logra construir cine de explotación con rostro animado.























































Yoshiaki Kawajiri nació en noviembre de 1950 (66), en Yokohama, Japón. Graduado en la Escuela Secundaria de Yokohama en 1968. Su primer trabajo lo consiguió en Mushi Production Animation. Luego de algunos años la compañía se declaró en quiebra en 1972, y se fusionó con Madhouse Studio. En 1976 fue promovido a director de animación. En 1984 debutó como director de cine en el film SF Shinseiki Lensman junto al experimentado Kazuyuki Hirokawa -Kawajiri hizo el diseño de personajes con Kazuo Tomizawa-. Su primera película en solitario, elaborando el mismo la dirección de animación fue en 1987 con Yôjû Toshi, una cinta de afirmación exagerada del sexo. Hay un alto contenido erótico y/o sexual a lo largo de todo el metraje. Son varias las escenas de sexo explícito, violaciones por parte de seres demoníacos, felaciones más que evidentes etc. Un popurrí de escenas sexuales que no aportan a la trama, por no decir nada. Al menos un tercio de película se sucede entre gemidos de placer de fondo. La trama va rápida y directa. No hay demasiados baches, sólo los justos. Los personajes son planos: uno muy bueno como Taki Renzaburo, de los agentes negros, la chica que termina enamorándose de él, Makie, otra agente negra, pero esta vez procedente de otro mundo, y el doctor Giuseppi Mayart, un viejo verde, enano, malformado y un perturbado sexual. Sin duda es el que más juego y vida le da al film, pero la mayoría de sus comentarios son referentes al sexo y a lo picaresco. La estética del film tiene un cierto aire a cine negro futurista, y es uno de los grandes aciertos de esta película. La recreación de atmósferas recargadas y de tensión es muy apropiada, así como también lo son la forma y las habilidades de los seres del otro mundo. El nivel de explicitud de la violencia es alto, algo que es positivo. Hay altas cantidades de sangre y de imágenes desagradables y bizarras, desde el doctor siendo absorbido por el cuerpo desnudo de una prostituta que resulta ser una criatura demoníaca, hasta un gusano gigante que se mete por la boca de la chica como si se tratará de un enorme pene. Es un curioso film de animación que tiene en sus manos una historia interesante, pero irregular. La gran cantidad de escenas de sexo limitan sobre manera el desarrollo normal de la trama, que se ve trabada continuamente. El giro de guión final, predecible, no aporta nada ni a favor ni en contra, porque es tan evidente que, quien más, quien menos, ya lo da por hecho. En cualquier caso, es una película que, con sus virtudes y sus defectos, se deja ver. Ese mismo año, 1987, realizó: Manie Manie: Meikyû monogatari, donde reúne tres historias cortas dirigidas y escritas cada una por tres de los directores de animación japonesa más reconocidos: Katsuhiro Ôtomo -Akira, Steamboy- Rintaro -Osamu Tezuka's Metropolis- y Yoshiaki Kawajiri -Wicked City, Ninja Scroll, Demon City-. La primera historia es  una animación original cuyo diseño puede recordar a la de “El muro de Pink Floyd” con una escena que calca el cuadro “La tentación de San Antonio" de Dalí”, pero mucho más difícil de entender que aquella, si es que se pretendía algo. Esta primera parte no concluye, se cierra al final de la cinta. Hermosa animación, buena música etc. La segunda parte trata acerca de un corredor de bólidos futuristas. Algo de acción y masacre, con una buena animación y mejor música, pero que se falla en la narrativo de un argumento que no se entiende del todo. El tercer fragmento es de Otomo, con su fijación por las máquinas, y posee una buena animación y buena música. Pero, lo que nos cuenta es lo de siempre -lo mismo que en “Memories”- aunque el relato es atractivo y bien narrado. En resumen, muy buenas animaciones, BSO e ilustraciones. En 1988, hace Makaitoshi Shinjuku, Goku: Midnight Eye y su secuela Goku II: Midnight Eye. En 1990 hace el film de ciencia ficción Saibâ Shitei OEDO 808, En 1993 logra su mejor obra: Jûbê Ninpûchô o Ninja Scroll. El argumento es simple, no hay postura filosófica ni nada por el estilo, se trata más bien de una aventura de avanzar y matar a enemigos cada vez más variopintos y poderosos: un hombre de piedra, otro con una colmena en la joroba, un samurái ciego, una ninja que utiliza hilos cortantes, otro que se camufla entre las sombras, otro que regenera sus heridas desparramando torrentes de sangre etc., y en el medio de todo, un espacio para el amor. En fin, un notable entretenimiento, un clásico atemporal y más siendo del género al que pertenece. Mítico Jūbei. Ese mismo año hace The Cockpit, un curioso tríptico antibelicista realizado por tres directores diferentes que desarrollan su propia historia, que aunque completamente autónoma, gira en torno a diferentes facetas o acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial, de la que Japón salió tan perjudicado. En 2003 se va a los EEUU para hacer The Animatrix, junto a sus colegas Andrew R. Jones, Shinichirô Watanabe, Mahiro Maeda, Yoshiaki Kawajiri, Takeshi Koike, Kôji Morimoto y Peter Chung. Son nueve cortometrajes que exploran el mundo de Matrix, la historia guiñada por los hermanos Wachowski llevada al cine de animación por parte de los más destacados directores de la animación digital. El episodio de Kawajiri es un animation propio del manga japonés. La historia contiene un sorprendente giro final que le hace ganar muchos puntos. Un muy buen corto, sin duda, entre los mejores. En 2007, hace Highlander: The Search for Vengeance, film sin relación directa con el personaje de Christopher Lambert y sus películas. Kawajiri cuenta una historia de venganza a lo largo del tiempo. El dibujo está bien hecho. Las escenas de más acción se ven muy bien y transmiten emoción e intensidad. Incluso podemos ver una escena de sexo bien dibujada y con movimientos realistas. Suceden una serie interminables de cosas y no tiene tiempos muertos. Realmente está por encima de la media de la mayoría de la animación no hecha por grandes estudios. Para terminar, el estilo que Kawajiri utiliza en sus dibujos es refinado y estilizado. Interesado en la animación oscura, empezó a dirigir el segmento The Running Man para la película ómnibus Meikyū Monogatari y al terminarla fue llamado a crear un corto de 35 minutos basado en una novela de Hideyuki Kikuchi bajo el nombre de Yōjū Toshi. Sin embargo después de completarlo, sus productores estuvieron tan impresionados que le pidieron que le diera mayor longitud. Kawajiri disfrutó tanto el estilo oscuro que estuvo de acuerdo, y completó la película entera en menos de un año. Yōjū Toshi fue realmente la primera película en la que se involucró desde su concepción hasta la realización y la que le disparó la fama por todo lo alto gracias a las buenas críticas que obtuvo, dándole mayor libertad para realizar su propia película basada en el Japón feudal. Es incuestionable que Kawajiri es uno de los directores y animadores más grandes que tiene Japón. Pues bien, en Vampire Hunter D: Bloodlust, 2000, la cinta de anime escrita y dirigida por Yoshiaki Kawajiri basa su historia en el tercer volumen de la novela gráfica “Vampire Hunter D” de Hideyuki Kikuchi, titulada “D-Demon Deathchase”. Kawajiri nos relata la historia de “D”, un hombre mitad vampiro, mitad humano quien  ha sido convenido para encontrar a Meier Link, un enérgico vampiro que ha capturado y encerrado a una joven de nombre Charlotte Elbourne. “D” deberá liberar a Charlotte y traerla de vuelta. “D” se medirá con otros cazadores como los hermanos Markus, contratados para el mismo fin. Por lo tanto, tendrá obligadamente que, destruir a Meier Link, y a la vez derrotar a los competidores en una carrera mortífera. Antes de analizar la cinta, primero revisemos un poco de historia. En el año 1983, Hideyuki Kikuchi publica la primera de 20 novelas de la serie “Vampire Hunter D”. Dicha novela está situada en un futuro distante, específicamente en el año 2090. Para ese entonces, la civilización humana es destruida casi completamente a raíz de una guerra nuclear, reduciéndose la población mundial. A causa de esto, la sociedad retrocede a una organización de tipo feudal cuyos señores son un grupo emergente de “aristócratas”, que son nada menos que vampiros. Diez mil años después, de manera misteriosa e inexplicable, estos “aristócratas” sucumben permitiendo a los humanos retomar el control de sus destinos en las grandes ciudades. Los pocos vampiros que han logrado sobrevivir, se han replegado a las zonas rurales, donde han creado monstruos de todo tipo, con el fin de resguardarse. Es por esta razón, que entre los humanos han surgido “cazadores de recompensas”, de entre los cuales el más temido es “D”, un hombre de una raza llamada “dunpeal”, los cuales llevan en sus venas la sangre mezclada de humanos y vampiros. Quince años después de realizar la primera adaptación animada del trabajo de Kikuchi titulada “Vampire Hunter D”, 1985, film que ganó el estatus de película de culto, y que además fue uno de los primeros animes en ser distribuido fuera de Japón. Es Yoshiaki Kawajiri, responsable de “Ninja Scroll”, 1993, se da la tarea de adaptar la tercera novela de la serie de este personaje, del cual no se sabe mucho acerca de su vida. Los planes para realizar una nueva cinta animada de “Vampire Hunter D” nacieron en 1997, cuando el productor Mataichiro Yamamoto se asoció con la productora Madhouse, donde Yoshiaki Kawajiri era uno de los dueños. En julio de 1996, Yamamoto creó la compañía “Urban Vision Entertainment” en los EEUU, con el fin de saciar la creciente demanda de anime de la industria yankee. Durante las negociaciones, Madhouse mencionó que estaba realizando una nueva cinta basada en el trabajo de Hideyuki Kikuchi, la que estaría terminada en cuatro años más. A Yamamoto le interesó la propuesta al punto de involucrarse no tan solo como distribuidor del film, sino que también como productor. A diferencia de la primera cinta donde se nos presentaba a “D” como el único héroe de la historia, personaje que representa el clásico estereotipo del misterioso jinete solitario que va de pueblo en pueblo buscando trabajo como cazador de forajidos. En esta ocasión el protagonista no está solo. Ahora deberá enfrentar una férrea competencia encarnada por un grupo de despiadados mercenarios, entre los cuales resalta Leyla, la cual termina ayudándolo involuntariamente en un par de ocasiones. La historia se torna rápidamente en una persecución vista desde tres ángulos distintos, a través de territorios ocupados por humanos y por monstruos. Todos los involucrados en esta persecución se ven atrapados en una carrera contra el tiempo; “D” y los cazadores de recompensas corren tanto para rescatar a la chica, como para evitar que el otro se quede con el dinero ofrecido por el padre de Charlotte, mientras que el vampiro responsable del secuestro huye para llevar a cabo su plan. La película presenta diálogos bien construidos y personajes correctamente desarrollados, pero su mayor fortaleza reside en el impacto visual de la animación. La espléndida dirección de Kawajiri es reforzada con un hermoso y detallado diseño de escenarios y personajes. Gran parte de la historia sucede de día, a través de bosques plagados de árboles y flores. Los palacios de los vampiros son una extraña pero interesante mezcla de estilos, donde lo medieval y lo futurista se mezclan en su justa medida. En lo que se refiere al diseño de los personajes, este estuvo a cargo del artista Yoshitaka Amano, quien trabajó con el gran director de animación Yutaka Minowa, en la confección del vestuario de los mismos. Aunque la fluidez de sus movimientos es relativamente escasa, el énfasis que pone Kawajiri en las expresiones faciales y el lenguaje corporal ayudan a crear la ilusión que los personajes tienen vida propia. Lo que trasciende es que ninguno de los personajes presenta personalidades unidimensionales. Por el contrario, todos tienen un carácter complejo. “D” por ejemplo, posee una singular particularidad; en su mano izquierda tiene como huésped a una entidad parásita con facciones humanas. Esta entidad actúa como si fuese el subconsciente de “D”, mostrándose como un personaje cínico, al cual poco le importa el destino de humanos o vampiros. Leyla por su parte, pese a mostrarse como una chica ruda e independiente, de a poco deja entrever lo sola que se siente en un mundo regido por la violencia. Incluso el villano de turno es más complejo de lo que parece, ya que hasta bien avanzada la historia, es difícil saber cuáles son sus intenciones. “Vampire Hunter D: Bloodlust” presenta una serie de características destacables. Además de la excelente calidad de la animación, que es muy superior a la de la primera adaptación animada, presenta una historia sugerente plagada de vueltas de tuerca, un grupo de personajes con identidad propia que en la mayoría de los casos no son lo que parecen, y una BSO integradora. Para quienes hayan leído la novela gráfica podrán darse cuenta de las múltiples diferencias que la adaptación presenta con el texto original. Lo bueno de esta cinta es que no es necesario estar familiarizado con la novela o haber visto la adaptación anterior, lo que la transforma en una historia independiente. En conclusión, “Vampire Hunter D: Bloodlust” es quizás, el mejor anime de vampiros que se haya hecho. Pero, lo que sí es seguro, es que es una extraordinaria historia que combina elementos propios del género del horror, con otros de la ciencia ficción, siendo el resultado una travesía placentera de casi 100 minutos. Recomendable 100%. Yoshiaki Kawajiri logra construir cine de explotación con rostro animado.