sábado, 14 de enero de 2017

“Bad Day at Black Rock”, John Sturges filma uno de los más lúcidos ejercicios sobre los horrores de la guerra, y la cicatería humana.



































































































John Elliott Sturges nació en enero de 1910, en Oak Park, Illinois, y falleció en agosto de 1992 en la ciudad de San Luis Obispo, en California. Procedente de una familia de distinguidos abogados y arquitectos, se decidió por postular a una beca de fútbol americano de US$ 14.00.- por semana, para poder estudiar en el “Marin College” lo cual consiguió. Sirvió en África, Italia, Córcega y Gran Bretaña con el Cuerpo de Señales del Ejército de los EEUU, durante la Segunda Guerra Mundial. Luego fue transferido a la Fuerza Aérea. No estuvo vinculado por sangre con el también director Preston Sturges. Su primer trabajo amateur sobre el cine lo realizó como director de escena para los jugadores de San Rafael. Pero, como muchos, su verdadero aprendizaje lo hizo en el área de montaje de RKO Radio Pictures, luego de inventar un sistema de edición que nadie más podía entender. Luego aprendió el nuevo proceso de Technicolor bajo el tutelaje del diseñador Robert Edmund Jones. Como había pocos especialistas en el campo, fue contratado como consultor de color por David O. Selznick para trabajar con él, por US$ 300.00.- a la semana. Inició su carrera como cineasta en la casa productora Columbia Pictures, donde laboró entre 1946 y 1949 en “12 Day Wonders”, imágenes de tipo “B” tomadas en un plazo de 12 días. Desde allí se trasladó a MGM donde por otros seis años para tomar más imágenes “B”, aunque con un presupuesto mejor. John Sturges estableció una compañía independiente de la producción en 1959, lanzado a través de artistas unidos. De 1960 a 1967 trabajó bajo contrato con United Artists. Su primer y gran éxito fue Bad Day at Black Rock, 1955, film que comentaremos hoy. Se especializó en imágenes de acción robusta, particularmente en westerns. Sturges destacó en poner en pantalla aquellas historias escritas acerca de los caracteres duros que hacen frente a circunstancias difíciles. A la inversa, con la misma frecuencia, no pudo redimir un material mal escrito, resultando una imagen inadecuada. A lo largo de su carrera alternó grandes películas como: Mystery Street, 1950, con Ricardo Montalván y Sally Forrest; Jeopardy, 1953, con Barbara Stanwyck y Barry Sullivan; la notable Escape From Fort Bravo, 1954, con William Holden y Eleanor Parker; Backlash, 1956, con Richard Widmark, Donna Reed y William Campbell; el formidable western Gunfight at the OK Corral, 1957, con Burt Lancaster y Kirk Douglas; The Law and Jake Wade, con Robert Taylor y Richard Widmark, y el gran  drama marino The Old Man and the Sea, ambos en 1958; otro estupendo western Last Train from Gun Hill, 1959, con Kirk Douglas, Anthony Quinn y Carolyn Jones; su más exitoso western The Magnificent Seven, 1960, con Yul Brynner, Steve McQueen, Charles Bronson, Eli Wallach, James Coburn, Horst Buchholz y Robert Vaughn; su obra maestra, un drama carcelario situado en la Segunda Guerra Mundial The Great Escape, 1963, con Steve McQueen, James Garner, Charles Bronson, Richard Attenborough, James Coburn, James Donald, Donald Pleasence y David McCallum; el western  humorístico, The Hallelujah Trail, 1965, con Burt Lancaster y Lee Remick; probó en la ciencia ficción y se mancó con Marooned, 1969, con Gregory Peck, Richard Crenna, David Janssen y Gene Hackman; se despidió de la cinematografía con una buena incursión en el cine bélico, The Eagle has  Landed, 1976, con Michael Caine, Donald Sutherland, Robert Duvall y Donald Pleasence. Sturges dirigió a dos actores nominados por la Academia: Louis Calhern, Mejor actor por  The Magnificent Yankee, 1950, film menor del yankee, y Spencer Tracy, Mejor actor por The Old Man and the Sea, 1955. John Sturges era visto con buenos ojos cuando empezaba su carrera, pero a medida que se fue haciendo un sofisticado director, comenzó a tener actitudes hacia sus colegas y productores que estos deploraban. Fue el director original de la cinta Wild is the Wind, 1957, un drama producido por Paramount Pictures, con la participación de actores de talla como: Anna Magnani, Anthony Quinn, Anthony Franciosa etc., pero en marzo de 1957, sólo una semana antes que se iniciara el rodaje, se retiró abruptamente de su función alegando una enfermedad. George Cukor tomó la dirección y declaró años más tarde que Sturges había dejado la película para reemplazar a Fred Zinnemann en The Old Man and the Sea, de la Warner Bros. Esta fue sólo una de las picaras decisiones que Sturges hizo. Cuando conoció a Akira Kurosawa, el maestro japonés le dijo que amaba la cinta The Magnificent Seven, película que fue un remake de Shichinin no Samurai o Seven Samurai, de 1954. Sturges siempre sostuvo que este era el momento más importante de su vida. Saquen ustedes sus propias conclusiones. Pero, no debemos confundir al hombre de su obra, y John Sturges hizo formidables films. Quizás el hecho de no lograr un estilo propio que pudiera ser rescatado sería su gran deuda, pero en general, su filmografía lo coloca entre los mejores realizadores norteamericanos de la historia. Pues bien, en Bad Day at Black Rock o Conspiración de silencio, Sturges nos sitúa en 1945, en un pequeño poblado del Oeste de los EEUU, llamado Black Rock. Un día común y corriente, y tras cuatro años de no ser visitado por nadie, se presenta John MacReedy -Spencer Tracy- un hombre con un solo brazo y de edad avanzada, quien es observado con cierto resquemor por los habitantes, ya que nadie sabe quién es y qué es lo que viene a buscar. MacReedy necesita encontrar a Joe Komaco, un granjero japonés cuyo vástago lo salvó de morir durante la guerra. La conducta de los vecinos de lugar es aciago, y cualquier pregunta o referencias que hace MacReedy acerca de Joe Komaco no son contestadas. Es evidente que los miembros de la comunidad ocultan algo, y harán todo lo que les sea posible para que el forastero se vaya. MacReedy huele la sospecha y no piensa abandonar el Black Rock hasta cumplir con su misión, y averiguar el misterioso secreto que se esconde entre tanto maltrato y fastidio. El film de John Sturges fue realizado en un periodo donde existía agitación política, y hasta profesional en Hollywood. En 1951, Dore Schary reemplazó a Louis B. Mayer como encargado de los estudios de la MGM. Schary, un hombre de ideas liberales , comenzó a producir films que exhibieran sus creencias, pese a que la meca hollywoodense estaba bajo la mira del senador republicano Joseph McCarthy, y su famosa lista negra, en la cual se encontraban todos aquellos profesionales ligados de la forma que fuese al comunismo, y cuyo objetivo era la de destruir carreras. El guión de la cinta, la cual puede ser considerada como un “western moderno”, le gustó tanto a Schary, que terminó ocupando el puesto de productor el cual le pertenecía a Charles Schnee. Por otro lado, Richard Brooks, quien no tenía problemas en dirigir películas que transmitieran un mensaje controversial, fue escogido como director. Cuando el proyecto estaba tomando forma, Dore Schary se empecinó en buscar a un reconocido actor que pudiera interpretar el personaje de John MacReedy, un veterano de la Segunda Guerra Mundial, que llega sin aviso a un poblado olvidado en el medio del desierto. Así fue como Schary decidió contratar a Spencer Tracy, quien se mostró reacio a participar en la película. Luego que el gran actor leyera el guión escrito por Millard Kaufman, y Schary le dijera que Alan Ladd estaba interesado en el papel -una flagrante mentira- Tracy accedió a protagonizar la cinta. Una vez que el actor se sumó al proyecto, Kaufman convirtió al protagonista en un personaje minusválido para que Tracy tuviera un reto mayor. Por otra parte, con tal de mantener contento al veterano actor, Schary reemplazó a Brooks con John Sturges, quien ya había trabajado con Tracy en la cinta The People Against O´Hara, 1951. Sturges aportaría su talento para el suspenso y la acción, así como también su innata habilidad al momento de coreografiar escenas de acción, y su sabiduría al momento de seleccionar sus elencos. Es por este motivo que el film cuenta con una nómina de primerísimo nivel conformada por Lee Marvin, Ernest Borgnine, Robert Ryan, y Anne Francis, entre otros. Reafirmando la noción que la cinta es un “western moderno”, la trama está ambientada en un pueblo olvidado en el tiempo, el cual está habitado por personajes típicos del género: un sheriff, el conserje del hotel, el dueño del bar, el encargado de la funeraria, soplones, entre otros. Sturges abre la acción con la llegada de un extraño sujeto a Black Rock, y cuyos moradores no hacen más que mirarlo con malicia. Si bien esto se debe al secreto que esconden, con el cual han debido lidiar durante años, y que los ha sumido en una eterna melancolía, su reacción también responde al miedo a lo desconocido. El “manco” por su parte, es un hombre duro, y posee un raro halo de misterio. Su intrepidez lo lleva a meterse en lógicos conflictos  donde incluso, lo amenazan con liquidarlo. El perfil del protagonista no hace más recordarnos a algunos de los personajes icónicos del western, como por ejemplo, Clint Eastwood en la "trilogía del dólar" de Sergio Leone. En el transcurrir de la historia, seremos testigos del “juego del gato y el ratón” que ocurrirá entre los pueblerinos y MacReedy. En este parte del relato, es  el suspenso que brota y se mantiene por las dos interrogantes que podemos hacernos: ¿¿Qué es lo que busca el extraño forastero?? y ¿¿Por qué los moradores de Black Rock se esmeran tanto en ocultar el secreto?? Una vez que Sturges desamarra los nudos de acción y obtenemos las respuestas, veremos a un MacReedy meditabundo y preocupado por averiguar toda la verdad acerca de lo sucedido en el lugar, al mismo tiempo que buscará algunos aliados que lo ayuden a salir con vida del poblado. Además de utilizar elementos del western, la cinta presenta algunas cuestiones inherentes al cine negro. Cabe recordar que en el “film noir” norteamericano se exponía como la sociedad lidiaba con los cambios por la Primera Guerra Mundial. En esta ocasión, lo que Sturges formula son los efectos  que sufren los habitantes de Black Rock, luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial. De la misma forma, se nos presenta a un pueblo corrompido por el odio a los extranjeros, y por su propia cobardía, donde el único representante de la ley prefiere ahogar sus penas en alcohol, y en la que se nos muestra como amo y señor de lugar al sheriff  Reno Smith -Robert Ryan- quien hace de juez y verdugo dentro del grupete de desalmados. Cuando Sturges filma al sheriff echándose una siesta en el interior de una celda, nos daremos cuenta que la justicia y el orden en Black Rock son una utopía, y cuyos caciques son Smith, y sus dos secuaces interpretados por Lee Marvin y Ernst Borgnine, MacReedy se lo comprende todo, y avanza con heroicidad, tesón, decisión y autocontrol. Esto irrita a los tres matones, quienes no dudarán en provocarlo e insultarlo. La escena entre Tracy y Ryan, ambos tratando que los nervios los traicionen con brutal reciprocidad, y la forma como Tracy incomoda a los tres facinerosos, con respecto al trato de los japoneses, hecho que coloca  fuera de sí a Ryan, es excepcional. Observar a Spencer Tracy actuar de esa manera y con esa fulminante mirada e impresionante gestualidad, no hace sino haber podido encontrar lo que hace tiempo me mataba buscando: “Luego de Marlon Brando y Sir Laurence Olivier, el tercer mejor actor de la historia es Spencer Tracy”. Sin embargo, MacReedy herido en la guerra, necesita entregarle una condecoración al padre del hijo que le salvó la vida, y que vivía en Black Rock. Encontrará algo que lo llenará de vida, después de haber pasado por un calvario, nos dará a entender lo que fue la guerra para él. Es importante destacar que John Sturges realiza una crítica directa a la “xenofobia”, la cual queda graficada en algunos de los diálogos de Smith, donde trata a los japoneses residentes en los EEUU como “perros rabiosos”, los cuales en cualquier momento podrían volverse en contra del país que los acogió. Dichas frases y conversaciones son un buen ejemplo de la errada noción de patriotismo que presentan algunos individuos, los cuales ven a todos los extranjeros como una amenaza a ser erradicada. No voy a meterme con la actual política norteamericana que se está engendrando por la increíble llegada de otro bobo a la presidencia. Pero, la importancia de esta crítica fílmica, y la razón por la que podía resultar controversial, es que fue hecha solo “10 años después” de terminado el conflicto que observamos en la película, por lo que aquella herida abierta aún estaba encubierta en los  ciudadanos norteamericanos. Por otro lado, MacReedy no es tan solo un emblema viviente de la nobleza presente en algunos seres humanos, sino que nos demuestra el dolor de un hombre que ha vivido, y tiene que sobrevivir a una guerra. En gran medida, pareciera ser este el personaje que está buscando algo que le pueda dar un auténtico sentido a su vida. Esto es confirmado cuando él dice que gracias a la hostilidad de la que ha sido víctima, sobre todo de parte de Smith y sus secuaces, se ha dado cuenta que a pesar de su discapacidad no es un ser inútil, y que en ningún momento nada lo va a desacreditar como persona. En relación a las interpretaciones, esta se llama Spencer Tracy y punto final. En la puesta en escena, me gustó la fotografía de William C. Mellor, la correcta BSO de André Pervin, la dirección artística de Malcolm Brown y Cedric Gibbons, y aunque suene algo distorsionado, el sonido logrado por Wesley C. Miller, es sencillo, pero de una precisión sobresaliente. Bad Day at Black Rock es una muy buena cinta para los que solemos entretenernos, con un Sturges que impone un ritmo narrativo con la lucidez del sentido común y que sabe poner la cámara con astucia y mucha  minuciosidad. El guión está bien elaborado, no hay cortes, ni saltos como para no capturar nuestra atención durante todo el transcurso de la historia. El film hoy en día es considerado como un clásico por presentar un mensaje atemporal que llama a la responsabilidad cívica, a la integridad individual, y que advierte acerca de los peligros de la complacencia en los seres humanos, al mismo tiempo que critica la discriminación de la que son víctimas cientos de miles de personas todos los días alrededor de nuestro planeta. John Sturges filma uno de los más lúcidos ejercicios sobre los horrores de la guerra, y la cicatería humana.