martes, 24 de enero de 2017

“Crime Wave”, André De Toth nos lleva por los parajes de otro gran film noir desconocido.

















































































André De Toth o Sâsvári Farkasfalvi Tóthfalusi Tóth Endre Antal Mihály, nace en mayo de 1913, en la ciudad de Makó, Hungría, y fallece en octubre de 2002, en Burbank, California. Curiosamente, no existe certeza de la fecha exacta en su venida al mundo. Con respecto a esto, De Toth diría: “La fecha de mi nacimiento varía entre 1900 y 1920 según diferentes publicaciones, pero lo que importa es que nací y aquí estoy. La verdad es que no recuerdo el evento, pero sé que mi padre fue un soldado convertido en ingeniero civil, durante su adolescencia. De Toth desilusionó a su padre al ser expulsado de varias escuelas, y se rehusó a seguir una carrera en la milicia. Desde muy chico, André manifestaba una notable veta artística. Durante adolescencia organizaba shows en los que actuaba en solitario. Durante este periodo, De Toth escribió su primera obra de teatro, la cual si bien jamás se llegó a estrenar, le dio la posibilidad de conocer al escritor Ferenc Molnar, quien se convirtió en su mentor, asignándole la creación de algunas obras. Ya de joven, y luego de graduarse de abogado en la Royal Hungarian University, en 1934, probó suerte en el cine húngaro, donde trabajó como operador de cámara para el realizador Istvan Stefan Eiben. En la década del 30, se dice que De Toth vivió en varias ciudades de Europa, y visitó los EEUU, no en pocas ocasiones. Mientras se encontraba en Londres, De Toth ejerció diversas labores para los hermanos Korda antes de dirigirse a Viena para trabajar en la elaboración de un guión. En uno de sus viajes a Los Angeles dio a conocer el escrito de la cinta The Life of Emile Zola, 1937, de William Dieterle. Se le tomó en cuenta, pero jamás recibió crédito alguno. Ese guión fue modificado por los guionistas: Norman Reilly Raine, Heinz Herald, Geza Herczeg, y el film se adjudicó el premio de la Academia a Mejor película: Un verdadero robo armado, de lo que nunca se habló nada. En 1939, cuando regresó a Budapest, De Toth comenzó su carrera como director bajo el nombre de Endre Toth, llegando a realizar cinco películas en un año. Su primer film, la comedia, Két lány az utcán o Two Girls on the Street, llamó la atención del productor Harry Cohn de la Columbia, aunque pasarían varios años antes que De Toth radicara en los EEUU. Se dice que De Toth filmó cinco películas antes que los Nazis lo asignaran como director de cintas de propaganda y crónicas de la invasión alemana a Polonia, en 1939. Sin embargo, no existen pruebas suficientes que esto sucediera. De lo que sí se tiene certeza, es que De Toth regresaría a Londres para trabajar junto con los hermanos Korda, generalmente como asistente del productor. Finalmente seria Alexander Korda quien llevaría a De Toth a Hollywood, en 1942, donde ingresó a trabajar como director del film de propaganda Passport to Suez, en donde retrataba las intenciones de los Nazis de bombardear el Canal de Suez. Posteriormente, el productor Harry Cohn contrataría a De Toth para rodar el drama bélico None Shall Escape, 1944, acerca de un oficial Nazi, al cual se encargó probar la habilidad del director. El film tuvo buena acogida, y De Toth ya demostraba intuición y virtuosismo. Sin embargo, sería la cinta Ramrod o La mujer de fuego, 1947, aquel que lograría llamar la atención de la crítica y el público. El western protagonizado por Veronica Lake, Charles Ruggles y Joel McCrea, fue alabado por su espectacular fotografía en blanco y negro de Russell Harlan, y por su estupenda labor en la dirección de actores, con una nobleza y un buen trato generoso, sin gritos ni imposiciones.  La cinta sirvió para identificar uno de los temas que De Toth tocaría en sus trabajos posteriores: lo caprichoso de las relaciones humanas. En 1944, De Toth contraería matrimonio con Veronica Lake. La actriz se había divorciado de John Detlie, cuando conoció al director, y ya arrastraba un serio problema de alcoholismo. De Toth, fuera del set, en su intimidad, no aguantaba pulgas, por lo que la relación que mantuvo con la Lake sólo empeoró el consumo de alcohol de la actriz, aunque el húngaro hizo lo posible por ayudarla. Lo único bueno que saldría de esa relación serían los dos hijos de la pareja; Andre y Diana. En 1948, De Toth conseguiría un nuevo éxito con la película Pitfall,  donde relata como un vendedor cansado de su cargosa cotidianidad, termina involucrándose en un romance que pone en riesgo todo aquello que le era importante. Nuevamente el director demostró tener una gran afinidad con el elenco con el cual trabajaba, el cual en esta ocasión estaba conformado por Dick Powell, Jane Wyatt y Lizbeth Scott. En 1950, De Toth compartió con William Bowers una nominación al Oscar al Mejor guión original por la cinta The Gunfigther, historia de un asesino que trataba de dejar atrás su pasado -De Toth objetó la elección de Gregory Peck como protagonista, ya que el guión fue escrito para Gary Cooper-. En 1951, De Toth filmó el primero de seis westerns junto a Randolph Scott -uno de los más grandes emblemas del viejo Oeste junto a Wayne- Man in the Saddle. No triunfó, pero dejó una grata y entretenida impresión. Al año siguiente, dirigió a Gary Cooper en la cinta Springfield Rifle, film que no sería bien recibida por la crítica, pero sí por los aficionados a la serie “B”. Observé el film y es de muy buena calidad. Supongo que los críticos tenían un “churrasco en los ojos”, cuando lo vieron, porque de manera alguno lo observaron. Tras rodar otro buen western Last of the Commanches, 1953, con Broderick Crawford y Barbara Hale, De Toth tuvo una fuerte discusión con los opinadores, y les dijo que no sabían “ni siquiera saber sonarse los mocos”. Se molestó tanto que probaría suerte con el género del horror. House of Wax, 1953, cinta protagonizada por Vincent Price, en donde el prestigioso actor interpreta al dueño de un museo de cera que convierte a sus víctimas en parte de sus exhibiciones. Si bien no fue una obra de culto, fue de lejos el más popular que hiciera rompiendo taquilla. Esta era una de las tantas producciones que durante los cincuenta intentaron sin éxito imponer la moda del cine 3D. De Toth era tuerto, como John Ford, por lo que le era complejo percibir el efecto tridimensional. Sin embargo, el director perseveró para que la cinta saliera adelante, gracias a lo cual terminó siendo el film 3D más exitoso de los años  cincuenta. Tras divorciarse de Veronica Lake en 1952, el director contraería matrimonio con Marie Louise Stratton, con quien estaría casado durante 29 largos años y tendría dos hijos; Michelle y Nicolas. Posteriormente De Toth filmaría una serie de interesantes thrillers, de los cuales probablemente el mejor es Crime Wave, 1954, que hoy lo comentaremos, y en el cual narra una toma de rehenes que no tiene nunca cuando acabar, y fue protagonizado por Sterling Hayden, Gene Nelson y Phyllis Kirk. Luego, en The Indian Fighter, al año siguiente, en la primera cinta producida por Kirk Douglas, donde el gran actor interpretaba a un rudo explorador del ejército, De Toth demostró ser un director metódico, al mismo tiempo que ganaba reconocimiento por retratar a las tribus norteamericanas con mucha mayor hondura que la gran mayoría de los directores de la época. Intentando darle un giro a su carrera, De Toth abarcaría problemas sociales como la adicción a las drogas. Lo hizo en el film Monkey on My Back, 1957, que estaba  basado en la vida del boxeador Barney Ross, con Cameron Mitchell y Dianne Foster. Buen film. A fines de los cincuenta y principios de los sesenta, el director trabajó un tiempo en la TV para luego retomar su carrera en el cine. Luego de dirigir la exitosa Day of the Outlaw, 1959, y la discreta Man on a String, 1960; el director se mudó a Italia donde rechazó varios proyectos que él consideraba mediocres. Durante su estancia en Europa, De Toth trabajó un tiempo como consultor en la cinta de David Lean, Lawrence of Arabia, 1962, labor que Lean le agradeció en privado, pero que no le sería acreditada en público. La naturaleza de sus contribuciones aún no se ha logrado dilucidar; De Toth mencionó en una ocasión que él había encontrado algunas locaciones, y que además había filmado algunas escenas. Sin embargo, la mayoría de su trabajo se quedaría en la sala de edición. En 1964, después de tener un accidente esquiando que casi le costó la vida, el director optó por reducir su intensa carga laboral. Se dice que De Toth trabajó como director de la segunda unidad, en más de uno de los largos de James Bond, y que escribió y produjo la cinta Billion Dollar Baby, 1967, para el productor de la franquicia Bond, un tal Albert “Cubby” Broccoli. Después de reemplazar a Rene Clement en Play Dirty, 1968, en una estupenda cinta, De Toth decidió tomarse un descanso. Durante el resto de su carrera, De Toth produciría el film The Condor, 1970, y trabajaría en producciones sin recibir ningún tipo de crédito por sus labores, entre las que se incluyen la dirección de la segunda unidad en el film Superman, y la edición del guión de la cinta The Lion of the Desert, 1981, de Moustapha Akkad. La última cinta en la que De Toth trabajaría sería Terror Night, 1987, un film de serie “B”, de muy bajo presupuesto, y donde solo se le consideró como ayudante del mediocre Nick Marino. En 1995, De Toth sería premiado por los logros obtenidos durante su carrera por la Asociación de Críticos Cinematográficos de Los Angeles, y además publicaría sus memorias; “Fragments: Portraits from the Inside”. El legado del director se traduce en estupendas películas de serie “B”, en su mayoría westerns y dramas policiales, las cuales se caracterizaron por ser áridas, violentas, y por presentar un marcado énfasis en el aspecto psicológico de sus artistas. Además, De Toth era un hombre con una personalidad colorida, a quien le gustaba manejar autos veloces y avionetas. No contento con esto, le gustaba jactarse de sus aventuras en zonas bélicas, y que en una ocasión, mientras se encontraba de viaje lo confundieron con el héroe israelí Moshe Dayan, quien también lucía un parche en el ojo. Antes de abandonar este mundo, De Toth se encargaría de plasmar su filosofía a la hora de asumir la dirección de un film, ojo al piojo: “Las escuelas de cine no le enseñan nada de nada a nadie. Cada quien tiene que hallar su camino, y explorarlo a muerte. La psicología necesaria para convertirse en director no se consigue de manera mecánica, ya que o la tienes o no. El requerimiento primordial es la comprensión. Un director de cine trabaja con los instrumentos más sensibles, los seres humanos, y si no puede encontrar la fórmula para convencer a cada ser distinto, no podrá hacer una buena carrera, salvo una que otra buena cinta”. Pues bien, De Toth da inicio a su film con el asalto a una gasolinera perpetrado por tres importantes presos evadidos, que para no levantar sospechas cometen atracos en pueblos pequeños, mientras se dirigen a un punto en concreto del país para planificar un robo mayor. Uno de ellos resulta herido en un tiroteo, y tienen que separarse, refugiándose en casa de Steve Lacey (Gene Nelson), antiguo compañero de prisión, que ahora se ha enderezado, y quiere olvidar su pasado al lado de la mujer que ama. Las cosas empezarán a torcerse mucho para Lacey cuando se convierta en principal sospechoso del atraco y de un homicidio que no ha cometido, y temiendo por su vida se verá obligado a colaborar con su viejos amigos, mientras la policía lo presiona. Un argumento en apariencia simple, y que va enredándose cada vez más. Cuando se le pregunta a Quentin Tarantino por sus directores favoritos el nombre de André de Toth surge enseguida. No en vano, una de las buenas películas que posee, Reservoir Dogs, 1992, está dedicada al director húngaro, considerado como uno de esos artesanos que cumplían mínimamente con sus encargos. Crime Wave es uno de aquellos films negros de De Toth, referente lejano en el tiempo de películas como Pulp Fiction, 1994.  Se revela como una importante aporte al cine negro por parte de su realizador, género en el que De Toth se desenvolvía con corrección. Realizada en 1952, Crime Wave no pudo estrenarse hasta dos años más tarde, y su realización fue expuesta a varios acuerdos. Para empezar, en la Warner querían a Humphrey Bogart y Ava Gardner para los protagonistas del film, a lo que André De Toth se negó, prometiendo realizar el film en 15 días, 20 días menos que la totalidad del tiempo previsto. Realizó el film en tan sólo 13 días, y pudo contar con uno de sus actores predilectos, Sterling Hayden, que había protagonizado unos años antes una de las consideradas cumbres del cine negro, The Asphalt Jungle, 1950, de John Huston. Fue el segundo film noir de André De Toth de un total de cuatro del género. El guión adapta el relato “Criminals Mark”, de los hermanos John y Ward Hawkins, publicado por entregas en el Saturday Evening Post, para editarse luego como un libro en 1950. La adaptación corrió a cargo de Bernard Gordon y Richard Wormser. Escribe el guión Crane Wilburg. Se filma en escenarios exteriores de la ciudad de Los Angeles, y en los estudios de Warner en Burbank, California, con un presupuesto menor. Producido por Bryan Foy para la Warner, se estrena el 12 de enero de1954. La acción dramática sucede en Los Angeles durante 13 días del mes de noviembre de 1952. Los protagonistas son Steve Lacey -Jay Nelson- de 32 años, ex-convicto, condenado a 07 años de prisión por robo, en libertad condicional tras 05 años de estar recluido. Ha normalizado su situación personal y profesional, trabaja como mecánico de aviación y ha formado pareja estable con Ellen -Phyllis Kirk- una hermosa muchacha discreta y enamorada.  Steve, serio y sincero, cuenta con el apoyo del agente de la condicional Daniel O’Keefe -James Bell- que lo conoce y lo aprecia. El teniente de la policía Sims -Sterling Haden- algo inquieto por haber dejado de fumar, mastica mondadientes muy ansioso, su trato es   desconsiderado, autoritario y agresivo. No tiene un mínimo de intención humanitaria de creer en la reinserción de los ex-reclusos, y no duda en hacer uso de métodos heterodoxos: chantajea a Lacey y a su mujer, los intimida, los amenaza sin miramientos, etc. Es inteligente, está bien informado y no se deja engañar por las artimañas de los delincuentes. Otto Hessler -Jay Novello- fugado de San Quintín, ejerce como veterinario. Es un sujeto mezquino, borrachín y traidor. Sobrelleva frustraciones que le tienen amargado. Doc Penny –Ted De Corsia- fugado de San Quintín, es elegante, amable y zalamero. Ben Hastings -Charles Bronson- es fuerte, violento y brutal. Los personajes se presentan definidos con pulcritud, muy bien diferenciados, y caracterizados de forma y fondo comprensible. La narrativa del director húngaro es intensa, rápida y avanza a un ritmo acompasado que nos atrapa. Los hechos se suceden de modo bien hilvanado tanto en la línea de la acción criminal como en la del departamento de homicidios. El estilo que utiliza De Toth  se sostiene en la sobriedad fílmica, la ausencia de ornamentos innecesarios, el uso de un lenguaje verbal conciso y preciso, así como de diálogos condensados, definen el film por su viable expresividad. La utilización de la elipsis y los sobreentendidos dota de elegancia al relato, lo aligera, le permite avanzar con agilidad, y resolver la historia en 70 minutos. La mirada con la que se contemplan los personajes, y la acción es seca, cortante, directa y sincera, al servicio de un realismo que muestra las cosas sin complacencias al disimulo o a la benevolencia. El discurso resultante es crítico y contiene elementos no exentos de acidez y denuncia. No se formulan denuncias explícitas acerca de la sociedad, sus protagonistas y sus desequilibrios, pero los hechos y las imágenes proporcionan información para que comprendamos todo lo que el realizador desea comunicar. La policía no es objeto de reproches y críticas explícitas, pero en el subtexto de la narración hay indicaciones expresivas de incidencias que merecen desaprobación y rechazo. Algo parecido ocurre con la sociedad tal como De Toth la exhibe en las calles, en las relaciones interpersonales, y en la abundancia de borrachos y canallas en clubs, bares y garitos. De Toth, cineasta audaz, no desaprovecha la ocasión para proyectar su visión desencantada, melancólica y nada benévola sobre la realidad de los EEUU. Por lo demás, envuelve la historia en un halo de ambigüedad que va a potenciar la crítica del discurso. La contaminación moral de los personajes, así como sus conductas se enmarca en un mundo que se ve sucio, húmedo, desolado y deshumanizado. De Toth lo esboza todo con trazos sueltos que sugieren las cosas sin casi explicarlas. Es encomiable el trabajo de dirección que realiza De Toth. La puesta en escena es brillante, sugestiva y muy dinámica. En ella se advierten detalles a través de los que se dicen muchas cosas que hacen innecesarias las palabras y los gestos. Es conmovedora la escena que muestra cómo Sims detiene a Lacey ante la mirada de abatimiento de Ellen. La BSO, de David Buttolph, aporta información que se integra en el drama, como la ejecución en la escena inicial del robo en la gasolinera, mientras se oye la canción “’S Wonderful” en la voz de Doris Day. Desde el comienzo, De Toth nos advierte de la presencia de dos mundos antagónicos en la ciudad. Añade cortes de música disonante, de tonos estridentes, que ambientan escenas, como la vibrante persecución de coches. En otras ocasiones, la melodía es armónica y de aires de exaltación, como la que acompaña una de las escenas de la secuencia final. La fotografía, de Bert Glennon -el mismo del film La diligencia, de John Ford, en 1939- crea escenarios nocturnos negros, con destellos de luces de neón y débiles farolas callejeras, donde la atmósfera que se respira es densa y agobiante. Los escenarios se presentan embarrados, húmedos, malsanos y malolientes, definidos con patrones de cine negro que suman claustrofobia, angustia y repugnancia. La película es sencilla y pequeña. Recuperada felizmente en DVD, merece ser vista por todos los aficionados al cine negro, por los cinéfilos de ley, y por estudiantes de cine. Es una joya para ser gozada en su justa medida, después de permanecer en el olvido durante casi 55 años. Es importante señalar que Crime Wave fue realizada en plena época del Macartismo, época vergonzosa dentro de la historia de los EEUU, entre 1950 y 1956. Dicha realidad quedaba reflejada en los films de entonces, y también en otras artes, en las cuales las fuerzas del orden no resultaban bien paradas con la imagen que se daban de ellas. No deja de tener gracia que el papel del policía, un machista con toques fascistas que no cree en la reinserción, estuviese interpretado por Sterling Hayden, uno de los nombres de la famosa lista negra del senador McCarthy. Puede que el actor estuviera exagerado, sobre todo en lo que respecta a su afición por los palillos para dejar de fumar, pero De Toth capta con contundencia su esencia, gracias a su fisicidad. En Crime Wave hay toda una jungla de personajes, a los que se llega a conocer por su aspecto. Desde el mencionado policía hasta la banda de ladrones comandada por alguien que parece un elegante mafioso y su mano derecha. Si hay un film que se acerca al del húngaro filmado en escenarios naturales, y con claros ecos, nos referimos a Grun Crazy, 1950, de Joseph H. Lewis. La cámara dentro del coche consigue dotar al conjunto de cierto aire casi documental, retomando así un camino iniciado por directores como Henry Hathaway o Jules Dassin, diez años antes. De Toth lo viste todo con detalles increíbles -por osados- para la época. Baste fijarse en que las parejas en la película duermen en camas separadas, tal y como ordenaba el famoso código Hays, mientras que los protagonistas lo hacen en el mismo lecho, abrazados el uno al otro, en un par de secuencias de claras connotaciones sexuales, y que supone el único instante en el que el amor se apodera de la historia, como rebelándose en medio de tanta desgracia y personaje malvado, y mostrando que sólo ese sentimiento es la única salida a la que merece la pena aferrarse en esta vida maldita y hedionda. André De Toth nos lleva por los parajes de otro gran film noir desconocido.