martes, 3 de enero de 2017

"Telefon",Don Siegel logra una asequible e intensa aventura de espionaje.



















































































Antes de comentar el film Telefon, de Siegel, quería enviar a mis lectores en todas partes del mundo, que pensemos en un 2017 con mejores perspectivas que los años anteriores. Sé que es complicado para muchos el poder contar con los recursos que se requieren o se desean, sean estos materiales, sociales y/o aquellos propiamente humanos que rigen nuestro día a día. Tratemos de adaptarnos conscientemente a los vaivenes que el destino nos coloca, sean buenos o malos, ya que la vida consiste en vivir tratando de resolver los problemas que sean solucionables, y aquellos que no, dejarlos como están, no complicándolos más. Para eso les recomiendo practicar el autocontrol, e intentar cumplir con los diversos objetivos que uno trace de buena forma, sin excederse en el trato con los demás. Por lo tanto, que este año nuevo que ya empezó a envejecer, pueda ser manejado con discreción y una buena dosis de talento, y cuando comencemos a vislumbrar el 2018, y hagamos el balance que corresponde, podamos demostrarnos que hemos hecho las cosas un poquito mejor que el año que pasó. Bien, primero, mil disculpas ya que el día de ayer en la entrada del film de Bruce Lee no los haya saludado. No me ha ido del todo bien estos últimos 20 días, y sigo tratando de mejorar una salud que justo en estas fiestas me ha jugado una mala pasada, pero que la voy superando con mucho aguante y confianza. Les agradezco a todos  quienes hayan seguido el blog en 2016, e intentaremos mantenernos este nuevo ciclo comentando para todos aquellos que quieran disfrutar de lo que se ofrece en este espacio. Gracias y sigamos mirando siempre para adelante.  


Habíamos señalado en la entrada del film Invasion of the Body Snatchers, que el norteamericano Don Siegel había realizado una lección magistral de cinematografía en épocas de tensión social. Afirmábamos acerca de este, que fue uno de los exponentes más completos del cine yankee durante el siglo XX, aunque no se le valoró como tal. Siegel producía y realizaba éxitos siempre dentro de una filmografía algo dispar y de temáticas variadas, a pesar que su estilo era inconfundible, muy vinculado en alguna faceta con Hitchcock, y “aprovechado” por su amigo, el actor y también realizador Clint Eastwood, a quien se le considera hasta hoy el último director clásico de Hollywood, dada la influencia de Siegel en su estilo de rodar y manejar el lenguaje audiovisual sin muchos aspavientos. También habíamos dicho en la entrada de The Killers, que el norteamericano fue uno de los realizadores que habían logrado algo nada fácil: mejorar un remake. Bien, Don Siegel nació en 1912, en Chicago, Illinois, y falleció en abril de 1991, en Nipomo, California. Siegel estudió en la “Royal Academy of Dramatic Arts de Londres”, luego en “The Cambridge University”, y tres años más tarde, en el “Contemporary Theatre Group de Los Angeles”. Empezó a trabajar en la productora de los hermanos Warner, donde logró desarrollar una muy eficiente misión como editor, llegando a ser el mandamás de dicha área, participando en películas como Casablanca, Mission to Moscow y This is the Army, de Michael Curtiz, They Died with their Boots On y Gentleman Jim, de Raoul Walsh, entre muchas otras. A partir del dominio del montaje  pudo encontrar una estrecha vinculación con el cine, hasta que se decidió a dirigir. Primero, lo abordó con dos cortos: Hitler Lives, y Star in the Night, 1944, ambos ganadores de los Oscars en la edición de ese año. Comenzaría así una carrera de éxitos que incluye casi 50 títulos tales como: The Verdict, 1946, The Big Steal, 1949, con Robert Mitchum, Count the Hours, 1953, con Teresa Wright, Riot in Cell Block 11 y Private Hell 36, 1954, Crime in the Streets e Invasion of the Body Snatchers, 1956, The Lineup, 1958, con Eli Wallach, The Killers, 1964, con Lee Marvin, John Cassavetes y Ronald Reagan, Madigan, 1968, con Richard Widmark y Henry Fonda, Two Mules for Sister Sara, 1970, con Clint Eastwood y Shirley MacLaine, The Beguiled, 1971, con Eastwood y Geraldine Page, Dirty Harry, 1972, con Eastwood, Charley Varrick, 1973, con Walter Matthau, The Shootist, 1976, con John Wayne, Lauren Bacall, James Stewart, Richard Boone y John Carradine, Telefon, 1977, con Charles Bronson, Lee Remick y Donald Pleasence, Escape from Alcatraz, 1979, con Eastwood. Su último largometraje fue la comedia Jinxed!, en 1983, con Bette Midler, un film sin mayor repercusión. Casado dos veces y padre de cinco hijos, Siegel murió de cáncer a los 77 años. Su amplia producción cinematográfica, sin embargo, no ha estado exenta de críticas referidas torpemente al mercantilismo, quizás por su acercamiento con Eastwood. Al respecto, el mismo Siegel comentó que los productores le dejaban poca libertad a la hora de crear: “Una vez le dije al francés Jean-Luc Godard que él tenía algo que yo quería, libertad. Godard respondió: “tú tienes algo que yo necesito: dinero”. Dan Siegel siempre utilizó un estilo directo, centrado en la esencia del relato, y una narrativa dotada de un ritmo enérgico, el mismo que aprendió a modelar en la sala de edición. Fue un muy buen director y una gran persona, que supo abordar diversos géneros con una lealtad característica que se logra apreciar en todos sus films. Pues bien, en Telefon, Siegel nos relata la historia de Nikolai Dalchimski -Donald Pleasence- un ex-agente estalinista de la KGB, quien roba un libro con los nombres de todos los agentes secretos de la agencia enviados a los EEUU en los años cincuenta. Cuando estos empiezan a realizar actos de sabotaje contra instalaciones del gobierno norteamericano, los soviéticos deciden enviar al coronel Borzov -Charles Bronson- para localizar y eliminar a Dalchimski antes que este provoque la Tercera Guerra Mundial. En 1975, tras leer la novela “Telefon” del escritor norteamericano Walter Wager, la cual se centraba en la idea del uso del control mental como una arma capaz de desatar o solucionar un conflicto bélico, el productor y director James B. Harris reconoció el potencial comercial que poseía la historia, y decidió comprar los derechos de la misma, con la intención de llevarla a la pantalla grande. Si bien en un principio Harris había pensado en Peter Hyams para el puesto de director -sería el mismo Hyams junto a Stirling Silliphant quienes escribirían el guión- los ejecutivos de la Metro Goldwyn Mayer desestimaron la idea porque según ellos, era más conveniente que la cinta fuera dirigida por un realizador con más experiencia. Fue así como Siegel fue llamado al proyecto, sin imaginar la gran cantidad de problemas que tendría con el protagonista del film, Charles Bronson. El actor, quién en esa década había logrado establecerse como uno de los arquetipos de los personajes duros más reconocidos del cine yankee, estaba consciente de su popularidad, por lo que no solía ser amable ni cooperador con los directores o los actores con los que trabajaba. El primer problema que tuvo Siegel con Bronson, tuvo relación con el bigote del actor. Para el director, era necesario que Bronson se afeitara una vez que su personaje comenzara su misión de espía, con el fin que este no pudiera ser reconocido por el villano de turno, y las autoridades norteamericanas. Sin embargo, el actor se negó a sacarse el bigote, iniciándose una discusión con Siegel, quien tuvo que ceder a los caprichos del actor. Lo que fue aún más curioso, se consideró la negativa de Bronson a besar a la actriz Lee Remick en la escena que ella lo va a buscar al aeropuerto a su llegada a Norteamérica. Bronson se negó porque cuando su esposa lo iba a buscar al aeropuerto jamás lo besaba. Ante esto, Siegel le dijo a Remick que entonces lo abrazara en la polémica escena, a lo que la actriz le respondió: no me atrevo, porque este tipo es capaz de golpearme. Aunque la escena fue rodada sin inconvenientes, la tensión en el set era palpable, y terminó estallando en la filmación de una secuencia al interior del Hotel Hyatt de San Francisco. En dicha escena, el personaje de Bronson debía bajarse de un ascensor de vidrio para ir tras uno de los agentes de la KGB. Para que las cámaras pudiesen tomar el ascensor sin problemas, Siegel marcó con una cinta negra el lugar donde el actor debía de bajarse, lo cual no le hizo ninguna gracia a Bronson quien sintió que lo estaban tomando por bobo. Tras una fuerte discusión en la cual el director amenazó con abandonar el film, el actor decidió hace una tregua con Siegel, la cual se extendió hasta finalizar la cinta. Telefon se centra en la paranoia existente a ambos lados de la cortina de hierro durante la Guerra Fría, y en los alcances de la misma. El villano es Nikolai Dalchimski, un agente de la KGB que tras enterarse de un proyecto secreto llamado “Telefon”, decide ser el encargado de iniciar un conflicto bélico de proporciones mayúsculas. Pero, ¿¿En qué consistía dicho proyecto?? Como bien se lo explica el Gral. Strelsky -el recordado Patrick Magee- al personaje de Bronson en el inicio del film, a principios de los años cincuenta, la KGB preparó a 51 espías para infiltrarse en el corazón de los EEUU. La particularidad de estos agentes, era que gracias a la hipnosis, bastaba con que los demás escucharan un poema de Robert Frost, para que se conviertan en bombas de tiempo ambulantes, realizando ataques suicidas contra puntos estratégicos yankees. Ante tal escenario, el coronel Borzov es enviado a Norteamérica, donde junto a Barbara -Lee Remick- una agente de la CIA, tendrán que encontrar a Dalchimski, y eliminar cualquier rastro del luctuoso proyecto antes que este llegue a oídos de las autoridades norteamericanas, dando inicio a una guerra sin precedentes. Nos resulta curioso como Siegel va a hacer que la película pueda funcionar en distintos niveles. Es un thriller eficaz, cuya tensión se mantiene no solo por lo aleatorio de los ataques suicidas, lo cual dificulta la tarea de Borzov y compañía, sino por el hecho que no tardaremos en darnos  cuenta que el protagonista no es más que un peón de sus superiores, y de su propia compañera, quien tiene órdenes de asesinarlo una vez que este cumpla su misión. Por otro lado, Siegel logra que la cinta también pueda ser vista  como una “road movie”, aunque técnicamente no lo sea. En un principio, la relación entre Barbara y Borzov es áspera y se desarrolla en la desconfianza. Ninguno de los dos tiene en claro las órdenes del otro, y su asociación no ha sido voluntaria, sino impuesta por sus superiores. Será a medida que viajan por los EEUU en búsqueda de Dalchimski, que la improvisada pareja entabla una relación de compañerismo, la que no tardará en convertirse en algo más. Siegel nos coloca ante un par de arriesgadas escenas de mucha acción, que involucran explosiones, peleas con los puños, veloces persecuciones, e incluso una serpiente de cascabel que hace de las suyas. Por último, el film presenta una mirada cómica al entonces cada vez más relevante mundo de las computadoras, las cuales son utilizadas por la diligente agente de la CIA, la señorita Dorothy Putterman -Tyne Daly- para intentar solucionar todas las interrogantes que plantean los extraños ataques que han emprendido una serie de supuestos ciudadanos norteamericanos comunes. Si bien Charles Bronson jamás será recordado por sus habilidades actorales, en esta ocasión realiza un trabajo afinado interpretando a un militar implacable, que a medida que transcurre el tiempo va mostrando algunos rasgos de humanidad, sin dejar de lado su dureza. Por su parte, Lee Remick se presenta como el complemento ideal del personaje de Bronson, con quién a pesar de algún incidente, va a poseer una gran química, lo que ayuda a que el vínculo entre ambos se va cimentando resultando verosímil y creíble. También hay que  destacar la actuación de Donald Pleasence, quien interpreta con corrección a ese villano megalómano, voyerista y cobarde, que disfruta viendo como los agentes encubiertos se convierten en verdaderos entes dependientes, y se inmolan por una causa que carece de todo sentido. En uno de los elementos vitales que conforman un film, le puesta en escena, es decir, todo el tema técnico, Siegel acierta con la fotografía de Michael Butler, con una BSO bien estructurada de Lalo Schifrin, quizás junto al montaje de Douglas Stewart son los puntos más altos del film. Aunque en general esta producción cuenta con más virtudes que yerros, tiene algunos detalles que pueden llegar a molestarle a ciertos espectadores. Si bien el personaje interpretado por Tyne Daly le aporta con algunas dosis de humor, no parecería ser una fórmula tan trascendente, y bien pudo haber sido sacada de film, ya que gran parte de sus intervenciones no hacen que la historia evolucione. Por otro lado, hay que ser justos y reconocer que la narrativa en general suele jugar casi todo el tiempo con la “fantasía”, de hecho Siegel reconocería que el guión era poco probable de creerse, lo que da pie a explicaciones curiosas, como el método que está utilizando Dalchimski para escoger a sus víctimas, y a situaciones que rayan en el surrealismo, como lo que sucede en la escena donde se lleva a cabo la confrontación final entre los dos protagonistas y Pleasence. Más allá de estos detalles, Telefon es una cinta entretenida e intrigante, con un Siegel que sabe dónde sacarle más provecho a las situaciones que dan un buen resultado, a través de un ritmo adecuado, cadencioso, y que mezcla de buena manera diversos elementos de un relato, por lo que me atrevería a decir que es uno de los mejores films de espías que me haya tocado observar de los excepcionales años setenta. Además, nos da la impresión de haber sentado las bases de lo que sería la trama de la comedía The Naked Gun, de 1988, donde el villano interpretado por el latino Ricardo Montalbán también emplea la hipnosis para convertir a ciudadanos comunes en asesinos improvisados. 100% recomendable. Don Siegel logra una asequible e intensa aventura de espionaje.