domingo, 8 de enero de 2017

"The Howling", Joe Dante consigue un clásico embriagador acerca del mito de la licantropía.





















































































Joseph James "Joe" Dante nació en noviembre de 1946 (70), en Morristown, Nueva Jersey. El productor y director estadounidense, es hijo de un jugador de golf y un ama de casa. Su pasión por la gran pantalla lo llevó a escribir en su adolescencia en un fanzine: “Castle Of Frankenstein”, y posteriormente estudiar cinematografía en el “Philadelphia College Of Art”. A finales de la década de los sesenta, cuando todavía estaba estudiando, rodó su primer film, el documental: The Movie Orgy, en 1968, de casi 270 minutos, donde hace una compilación de clips de programas de TV, y películas de serie B de los años cincuenta y sesenta, así como publicidad, videoclips, noticiarios, los detrás de cámaras, cintas satíricas cortas, y películas promocionales así como films  de algunos gobiernos. El único objetivo: evocar aquella nostalgia de las experiencias de personas nacidas en los años siguientes a la Segunda Guerra Mundial. No perdérselo. Su debut en la ficción fue con la sátira: Hollywood Boulevard, 1976, donde Dante, producido por Roger Corman, a través de su productora New World Pictures, hace un homenaje plagado de mordacidad a los talentos desconocidos de las cintas de Hollywood de serie B, quienes nunca alcanzaron el status de estrellas, pero que sí conquistaron el corazón de un público conocedor de cine. Dos años después, nuevamente con Corman en la producción, y a la estela del éxito de Jaws o Tiburón de Steven Spielberg, Dante filmó la comedia de terror: Piranha, que no tuvo el éxito esperado. En 1981 vino su mejor film: The Howling, que pasaremos a comentar. Esta propuesta llamó la atención de Spielberg, quien lo llamó para filmar un episodio del film: Twilight Zone: The Movie, de 1983. Su vínculo con Spielberg continuó con Gremlins, 1984, una comedia de terror que logró alcanzar resonancia internacional. En Paramount Pictures, Dante filmó en clave de fantasía y ciencia-ficción la comedia juvenil Explorers, 1985, antes de volver con Spielberg en Innerspace, de 1987, una comedia también de ciencia-ficción influenciada por el film Fantastic Voyage, 1966, de Richard Fleischer; y donde ganó un Oscar por Mejores efectos visuales. En la década de los ochenta, quizás la más trascendente por lo integral de sus films, Dante también dirigió episodios de la parodia con trazos de lo absurdo Amazon Women on the Moon, 1987, y The Burbs, 1989, comedia negra con Tom Hanks, y Ron Howard como productor. Luego de rodar Gremlins II, Dante filmó Matinee, 1993, película en la que volvía a parodiar y homenajear a la industria del cine, en este caso a las producciones de William Castle. A partir de mediados de los años noventa, Dante volcó más su tiempo en la TV, donde  dirigió varias teleseries. Volvió al cine en 1998, con Small Soldiers, otra sátira con la participación animada de juguetes, donde vuelve a destacar su predilección por los efectos especiales. Su último film lo hizo en el año 2014: Burying the Ex, donde el Joe Dante de antaño vuelve, no por todo lo alto, pero sí de forma estimulante, a través de una comedia de terror anacrónica que no funcionó como una recuperación de los códigos de los años ochenta. Dante es uno de esos realizadores que estuvo en todos los lugares que debió estar, y en cada uno de ellos cumplió con cada uno de los propósitos que se le encomendaron o aquellos que él determinaba. Un buen director, que tiene todas sus facultades intactas, y que a pesar de su última comedia, esperemos que un día de estos nos vuelve a dar otra sorpresa, similares a las que hizo hace más de 35 años. Pues bien, en The Howling, Joe Dante nos introduce en la historia de una presentadora de TV en Los Angeles, Karen White -Dee Wallace- quien sufre una experiencia traumática a manos del violador y asesino Eddie Quist -Robert Picardo-. Perturbada por constantes pesadillas, Karen decide asentarse junto a su esposo en una comunidad ecológica llamada “la Colonia”, la cual es comandada por el psicólogo George Waggner -Patrick Macnee- y situada en la costa norte de California. Sin embargo, cuando arriba al lugar, no puede evitar notar el extraño comportamiento de los miembros de la comunidad, quienes demostrarán su verdadera naturaleza, poniendo en peligro la vida de su marido, quien sufrirá un repentino cambio de personalidad al ser atacado por un animal, mitad hombre y mitad lobo. En el año 1977, el escritor Gary Brandner publicó una novela de terror: “The Howling”, la cual tuvo un exitoso recibimiento por parte de miles de lectores. Dicho suceso llamaría la atención del director Joe Dante, quien luego de negociar los derechos con el autor de la obra, se juntó con el guionista Terence H. Winkless, para que este comenzara a trabajar en la adaptación de la novela. Pasadas unas pocas semanas, Dante no se mostraría satisfecho con la forma que estaba tomando el proyecto. El primer error en la etapa de adaptación fue intentar apegarse a la novela. Asumió que cuando la gente paga dinero por un libro, compran no solo un título, sino también un contenido. Al adaptar fielmente la novela nada tenía sentido, ya que era uno de esos libros que se escriben con rapidez, sin un pensar que involucre lo evolutivo. Todo es terror esencial y concentrado. Por ejemplo, la gente expresa asombro y terror en la página cinco, más asombro y más terror en la página diez, en la treinta, más y más asombro y terror si sigue leyendo. Por lo tanto, antes de seguir encontrándose con lo mismo, cualquier lector tendrá que ir saltándose varias páginas y secciones para observar qué es lo que finalmente sucede. Es un tema que aparenta normalidad, pero el joven director no comprendía un largometraje en esas condiciones. Con clara intención de cambiar el rumbo del proyecto, Dante contrató a otro guionista: John Sayles, a quien ya conocía por haber trabajado juntos en su película anterior Piranha, de 1978. Sayles solo mantendría un par de ideas del borrador escrito por Winkless, y se apegaría al concepto que la historia se desarrollaba en el presente, en el seno de una colonia de licántropos. Al mismo tiempo, el guionista se vio en la obligación de eliminar ciertos pasajes de la novela, y evitar cualquier problema con los organismos de censura de la época. Por último, a modo de homenaje, Sayles decidió nombrar a algunos de los personajes de la historia al igual que varios de los directores que alguna vez filmaron cintas de hombres lobo, como: George Waggner, Terence Fisher y Freddie Francis. Por otro lado, Dante tuvo que solucionar problemas que se gestaron a causa del limitado presupuesto con la que contaba la producción. En un principio, el encargado de los efectos de maquillaje sería el experimentado y galardonado Rick Baker, quien ese mismo año trabajaría en la exitosa An American Werewolf in London, de John Landis. Sin embargo, tuvo que ser reemplazado por Rob Bottin, quien era uno de los profesionales que Baker apadrinó durante su carrera. De cierta manera, con The Howling, tanto Dante como Sayles reinventaron el mito de la licantropía. Para empezar, los hombres lobo pueden transformarse en el momento que ellos lo estimen conveniente, por lo que no necesitan esperar a que haya luna llena para demostrarnos su lado salvaje. De hecho, existe una conexión entre la licantropía y las pulsiones básicas del ser humano, la cual queda expresada en una sugerente escena de sexo que contiene la primera conversión explícita de la película. Por otro lado, ser un hombre lobo ya no se visualiza como una maldición, sino que se presenta como un don reservado para unos pocos, los cuales están obligados a exhibir con orgullo, el poder primitivo que les está siendo otorgado. Por este mismo motivo, no resulta extraño que los licántropos de Dante se vinculen en el contexto de una comunidad regida por sus propias normas, cuyas pretensiones van más allá de la simple búsqueda de alimento. Mientras algunos intentan integrarse en la sociedad durante el día, otros desean matar al resto de los humanos, a quienes los consideran infinitamente insignificantes. Dante impone su film como un ensayo sobre el comportamiento humano. Durante el transcurso de la película son varias las instancias en las que el director deja patente la idea que el ser humano vive en un constante conflicto interno, el cual está acentuado por su bipolaridad, sus anhelos y sus pulsiones elementales. Sin embargo, debido a la necesidad del hombre por encajar en la sociedad, se ve obligado a reprimir gran parte de sus inclinaciones y obsesiones con tal de lograr el siempre anhelado “sentido de pertenencia”. Es en este contexto que Dante presenta la licantropía como un símbolo de liberación y rebeldía contra las normas sociales y morales que oprimen a miles de personas. Es esta búsqueda de libertad sin límites, lo que finalmente lleva al grupo de hombres lobo, que protagonizan la historia, a recluirse en una comunidad alejada de la civilización donde pueden sacar sus instintos más básicos, así como también su inherente vandalismo. Más allá del subtexto presente en la trama, la razón por la cual The Howling tuvo éxito al momento de su estreno, tiene relación con la esencia de su narrativa. Se trata de una película hecha para los fans del cine de terror, y no para un espectador normal. Además de los mencionados guiños a los involucrados en el cine de licántropos, el film cuenta con los cameos de Roger Corman y el publicista Forrest J. Ackerman, quien fue el responsable de la renombrada revista “Famous Monsters of Filmland”. Dante se preocupó de combinar escenas de violencia gráfica con un innegable atractivo visual, y dosis de humor negro cuya función era dotar al relato de un cierto nivel de credibilidad, es decir, si un conocido te dijera que en verdad existen los hombres lobo, al principio te parecería cómico, porque el gran problema de las cintas, es que las personas que tienen sentido del humor lo seguirían conservando, sin importar lo peligroso de la situación en la que se involucren. Dante quiere reflejar eso, sin caer, por ejemplo, en el film de Stan Dragoti: Love at First Bite o Amor al primer mordisco, 1978, donde se parodiaba el mito del vampirismo sin una ruta determinada. Hay que ser consciente que muchos films acerca de los hombres lobo, las bestias tienen un aspecto gracioso, en algunas parecen perritos lanudos, en otras, los efectos digitales convierten los movimientos de los mismos en patéticas imágenes de videojuegos etc. En The Howling, los licántropos de Dante son tremendos: orejas alargadas, una altura considerable, miembros gruesos y poderosos, y una actitud agresiva; y lo mejor de todo es que no dan esos saltos de muchos metros, ni giran en el aire, ni vuelan, ni hacen chistes.  Probablemente, The Howling será la más seria aproximación a la temática de la licantropía testimonial en el cine. Desde hace siglos, desde la mitología griega hasta nuestros horribles días, se hacen muchas menciones a las metamorfosis sufridas por hombres en animales. Con el correr de los años, se han ido agregando ingredientes decorativos al mito más auténtico, como las balas de plata, la luna llena, etc. El cine de hoy prefiere insertar desagradables gags en las cintas, se traten estas sobre vampiros, accidentes, enfermedades terminales, guerras, etc., y no pueden suprimir esa fastidiosa costumbre. En el caso del film de Dante, estas torpes incursiones en el chiste fácil quedan de lado, y el director logra transmitir la inquietud y el terror que se merece la tesis. Se vale de ciertos tópicos obvios, pero que son efectivos, siempre y cuando se luzcan acompañados, como por actuaciones que vayan a resultar equilibradas. Los bosques solitarios y silenciosos, bañados de una espesa niebla, donde la luminosidad del sol sólo dibuja débiles rectángulos de la luz en el follaje, los días grises, la costa brumosa, algunos habitantes del pueblo con ese aterrador aspecto de salvajismo, y sobre todo la fisonomía de los hombres lobo, tan carnicero y terrible, le confieren una atmósfera apropiada para provocar, si bien no miedo, al menos una cierta sensación de inquietud, además de resultar entretenida desde el principio hasta el aterrador final. En cuanto a las interpretaciones, si bien el elenco no realiza un irregular trabajo, Dee Wallace no luce como debería de haberlo hecho, ya que no tiene los matices que el papel de una mujer contrariada le demanda. Al no lograr proyectar con acierto las emociones experimentadas por el personaje, impide que sea alguien que interese dentro de la historia. Esto, a mí me causa contrariedad porque fue una de las actrices emblemáticas en los setenta y ochenta. El resto de los elementos que conforman el film son interesantes como para impedir que la Wallace se hunda por completo. En la puesta en escena, está lo mejor de la cinta, junto al guión. Una fotografía estilizada y muy bien elaborada de John Hora, una BSO de Pino Donaggio que logra un particular estado de abatimiento a través de la tristeza de sus melodías, y los formidables efectos especiales de Rob Bottin. Hay que destacar la forma en que Dante encara cada etapa de su film, porque no creo que le haya sido fácil manejar con muy pocos recursos, una dirección espaciosa y lograda. El éxito obtenido por The Howling le daría vida a seis secuelas, ninguna de las cuales lograrían igualar lo realizado por la cinta original. Esto en gran medida explica la razón del porqué este film se convirtió en un clásico inmediato del cine de licántropos, dejando en el ridículo a lo que vino después. En definitiva, esta película del aún joven Joe Dante, es una parada obligada para todos los amantes del género, ya sea por su innegable atractivo visual, su capacidad de sorprender y horrorizar sin exageraciones, su peculiar mezcla de temáticas, o su atrevimiento al reformular la siempre interesante leyenda del hombre lobo. Joe Dante consigue un clásico embriagador acerca del mito de la licantropía.