martes, 17 de enero de 2017

“The Incredible Shrinking Man”, Jack Arnold logra una alegoría sencilla, surrealista y estremecedora.













































































Jack Arnold Waks nació en octubre de 1916, en New Haven, Connecticut, y falleció en marzo de 1992, en Woodland Hills, California. Arnold inició su carrera como actor teatral, y realizador de documentales. Su ópera prima fue The Glass Web, en 1953,  un film de cine negro producido por la Universal Pictures, con las actuaciones de Edward G. Robinson, John Forsythe y Kathleen Hughes. No fue un mal debut, y la cinta tiene varios aciertos y yerros también. En los primeros films de Arnold, este tuvo que trabajar con presupuestos bajos, pero aun así sus cintas fueron bien recibidas sea por sus imponentes  atmósferas y sus guiones sofisticados. En el género de ciencia ficción realizó It Came From Outer Space, también en 1953, uno de los grandes clásicos del cine de serie B, asociado con el terror, el fantástico y el suspense. La trama no es compleja, pero está manejada diestramente por el norteamericano. Lo que logra Arnold es ocultarnos información específica para capturar nuestra atención durante todo el desarrollo del film. El mensaje antixenófobo de la película queda evidenciado, así como también el darnos a entender aquellas consecuencias de las acciones absorbidas por el miedo. It Came From Outer Space es un ejemplo sin parangón donde la cantidad en tiempo jamás fue, es, ni será, sinónimo de calidad del mismo factor, y el director lo cumple en toda su filmografía. Son 75 minutos de una narrativa sin tropiezos, y que en su estreno fue un éxito de taquilla. Como anécdota, Steven Spielberg declaró que si no hubiera observado -cuando fue niño- seis veces la cinta de Jack Arnold, nunca hubiera podido producir el film Close Encounters of the Third Kind. Un recuerdo increíble. Arnold tiene una serie de films de buena hechura e inclusive una película de culto como The Incredible Shrinking Man, en 1957, y que comentaremos hoy, así como otras bastante interesantes como: Creature from the Black Lagoon, de 1954, Tarantula, de 1955, los westerns Red Sundown, de 1956, Man in the Shadow, en 1958, No Name on the Bullet, de 1959, y la comedia bélica The Mouse that Roared, el mismo año, donde actúa el gran Peter Sellers. A It Came From Outer Space la podríamos considerar como una versión algo más cándida que The Man from Planet X, 1951, de Edgar G. Ulmer. Si pueden conseguir ambas cintas se darán cuenta del parecido visual, pero con diálogos y personajes dispares. Este film de Arnold también sirvió para lanzar la carrera de varias figuras claves dentro de cada uno de los géneros, y acomodarse con gente vinculada e influyente. Por ejemplo: fue la primera relación con el productor William Alland, quien junto a Arnold pudieron trabajar juntos en Creature from the Black Lagoon, Revenge of the Creature, 1955, y The Space Children, tres años después. La cinta de Arnold marcó el debut del escritor Ray Bradbury como guionista. Este había escrito una historia titulada The Meteor, la cual terminaría adaptando para la Universal. Según Bradbury, la casa productora obtuvo un guión por solo US$ 300.00.-, el cual fue su pago total por las cinco semanas que pasó en el estudio. Con el borrador en la mano, lo despidieron y contrataron a Harry Essex para finiquitar el guión. Si bien es cierto, Bradbury ya era conocido por sus visionarias novelas The Martian Chronicles y Fahrenheit 451, fue It Came From Outer Space lo que le permitiría trabajar en otras cintas como guionista. Además, este film fue la primera incursión de la Universal en el género de ciencia ficción, y la primera producción del estudio en ser filmada en 3-D. Esta tecnología había sido introducida a la industria el año anterior por el film de aventuras Bwana Devil, revolucionando la visión del cine. Pues bien, en The Incredible Shrinking Man o El increíble hombre menguante, Arnold nos cuenta la historia de Scott Carey -Grant Williams- quien disfruta una tarde de verano junto a su esposa Louise -Randy Stuart- tomando el sol en la cubierta del yate de uno de sus hermanos, cuando una nube radioactiva se acerca al yate, y envuelve a Scott por completo. Seis meses después, él se da cuenta que toda su ropa le queda muy grande. Preocupado por esta situación, decide ir al médico, el cual le confirma que ha perdido peso, y un par de centímetros de estatura. A partir de ese momento, Scott se seguirá encogiendo, hasta hacerse casi invisible, lo que aumenta su nivel de paranoia con respecto al entorno que lo rodea. A partir de entonces, su vida será una pesadilla, tendrá que luchar por sobrevivir, en la que lo cotidiano, sea una araña, un gato, un lápiz y cualquier artículo del hogar etc., representará para él una amenaza que sólo logra eludir con ingenio. Richard Matheson publicó su novela “El hombre menguante” en 1956, y fueron muchos los interesados en llevarla al cine. Entre ellos se encontraba Albert Zugsmith, quien era productor de la Universal Pictures. Zugsmith no solo compró los derechos de la novela, sino que también contrató al mismo Matheson para adaptarla. El escritor tuvo que hacer algunos cambios al original, con el objetivo que el guión se acercara al formato cinematográfico que necesitaba el productor. Matheson debía hacer que la historia estuviera que estar narrada en orden cronológico, labor donde lo asistiría Richard Alan Simmons. Por otro lado, sería Arnold, un realizador que no había logrado el beneplácito de la crítica, pero sí del público, en films como It Came From Outer Space, Creature From the Black Lagoon, y Tarantula, quien se encargaría de la dirección. El público y los espectadores siempre han podido y podrán imponerse sobre la crítica, porque son los que ponen el dinero, cosa que la gran mayoría de los que dan su opinión -a veces interesada y otras veces no- por el medio que sea, no suelen hacerlo. Es por eso que Zugsmith escogió a Jack Arnold para dirigir la cinta. Pese a que esta fue realizada con un escaso presupuesto, Arnold ya estaba acostumbrado a ingeniárselas para salir siempre adelante con lo que le daban y tenía a mano, y con The Incredible Shrinking Man, no va a ser la excepción, y hasta va a lograr distanciarse de las producciones de similar corte que fueron realizadas durante la década de los años cincuenta. El equipo técnico de Jack Arnold trabajaría durante ocho meses preparando la fotografía del film, y sobre todo su fusión con los magníficos efectos. En plena filmación, solo el elenco y los técnicos tenían órdenes de ingresar al set. Es importante mencionar que no todos los efectos especiales fueron realizados utilizando trucos de fotografía; también se usaron objetos de utilería gigantes, los cuales fueron construidos especialmente para algunas de las escenas claves. A petición del productor, Matheson no puso en el guión, algunos pasajes de la novela que presentaban una fuerte connotación sexual, como el conflicto que el protagonista tiene con un pederasta. En ese sentido, la descripción que Arnold pone de manifiesto en la desintegración del vínculo matrimonial del protagonista, luce llena de instantes sutiles aunque surrealistas, y que hacen hincapié en la creciente alienación de la pareja. Esto nos lleva a una de las escenas memorables del film, la cual curiosamente fue editada cuando la cinta se exhibió en los EEUU. En cierto momento de la historia, Scott conoce a una mujer enana en una cafetería, y comienza una relación sentimental la cual es acertadamente insinuada por el director. Dado que Grant Williams se negó a usar a una fémina enana real, Arnold tuvo que rodar a los dos actores en unos sets llenos de enormes mobiliarios para así lograr el efecto deseado. Esta no sería la única dificultad de Arnold durante la realización. La famosa escena en la que Scott pelea contra una araña, lo que involucraba el uso de la tarántula entrenada por el director en el film del mismo nombre, resultó difícil de sacarla adelante. Lo mismo sucedió en gran parte de las escenas en las cuales el protagonista es pequeño como una cajita de medicamentos. De hecho Matheson, quien solía visitar el set de filmación casi a diario, en una ocasión dijo que cuando ellos estaban rodando la escena de una inundación, en la cual se puede ver un lápiz gigante, así como el calentador de agua destruido, el pobre Williams se veía absolutamente abatido. Estuvo a punto de matarse en varias ocasiones. Casi se ahoga y electrocuta. Con fortuna,  el intenso trabajo dio frutos, y es improbable que la cinta sea olvidada debido a sus entrañables e imaginativos efectos, responsables en gran medida del encanto del film de Jack Arnold. Si podríamos conceptuar al aspecto más filosófico, Arnold intenta plasmar los distintos dilemas existenciales que tendrá que enfrentar el protagonista, los cuales van más allá del hecho de estar empequeñeciéndose. A medida que va disminuyendo su tamaño, Scott va perdiendo todo aquello que lo define como un hombre. Llega un momento de la historia en que es visto como un juguete por su mujer -el hecho que comience a vivir en una casa de muñecas, reafirma esa idea-. Al final del día, es la mente de Williams la que se verá afectada durante todo el proceso, algo que se será plasmado en su discurso final. Esta increíble situación termina convirtiéndose en un viaje cuyo destino final es el autoconocimiento. La profundidad que presenta la narrativa, da paso a uno de los desenlaces más cerebrales que se haya visto en la ciencia ficción. La reflexión de Scott Carey durante la consumación, ha sido interpretada en diversidad de ocasiones como una rendición etérea que se enfrenta al destino inevitable, así como también como una suerte de metáfora acerca de nuestro lugar en el mundo. Independientemente del significado de las últimas frases de Scott, los momentos finales son sobrecogedores. La actuación de Grant Williams es sobresaliente, debido a que no solo logra que su personaje sea creíble y verosímil, sino que nos contagie con su situación. El sostenimiento de la bella actriz Randy Stuart es destacable debido a lo que le depara el destino.  El trabajo de fotografía de Clifford Stine, Roswell A. Hoffman y Everet A. Broussard, es en parte responsable que la cinta brille con luz propia, y sea considerada como uno de los clásicos del género. Por otro lado, la BSO compuesta por Hans J. Salter y Herman Stein, también tiene lo suyo, ya que acompaña como si fuera de la mano a las imágenes, complementando el clima pesimista que Jack Arnold le imprime a la narración. The Incredible Shrinking Man es una película que fusiona con inteligencia y disimulo, un entretenido cuento fantástico, a través de una serie de postulados filosóficos y metafísicos que resultan ser interesantes. Aunque en un momento se pensó en realizar una secuela en la cual la esposa del protagonista terminara internándose en la atomicidad de su marido, el proyecto terminó siendo desechado por lo caótico del guión. Años después, en 1981, Joel Schumacher realizaría The Incredible Shrinking Woman, con Lily Tomlin, Charles Grodin y Ned Beatty, la cual obtuvo resultados discretos. En definitiva, lo que logra Arnold es imperdible para aquel amante de la ciencia ficción, ya que con fortuna la cinta ha logrado envejecer bien, manteniéndose intacto su encanto. Para quien suscribe, esta es una película de visionado obligatorio para todos. Una verdadera obra de arte, entretenida, divertidísima, guión y dirección bien facturados, y unos efectos especiales que no solo son de auténtica calidad, sino que son tan artesanales que hoy en día no se logra observar su senectud. Todo lo que uno observa se puede tocar. Recomendable 100%. Jack Arnold logra una alegoría sencilla, surrealista y estremecedora.