sábado, 25 de febrero de 2017

“La La Land”, Chazelle intenta reinventar el cine dorado hollywoodense.

















































































El Jazz fue uno de los géneros musicales más importantes que se han integrado al cine norteamericano y mundial, y que enfrento a los negros con la música europea. Este fenómeno creado en los EEUU a finales del siglo XIX, y que tuvo plena vigencia en el siglo pasado, posee en su instrumentación, armonía y melodía una estructura compleja de crear, pero formidable de escuchar y hasta bailar porque se ajusta a dos cualidades que es imposible resistirse: la improvisación y el swing. Pues bien, Damien Chazelle (32) es un joven guionista y cineasta, quien escribió y dirigió su primera cinta Guy and Madeline on a Park Bench, en 2009, mientras cursaba estudios en la Universidad de Harvard, y que abordaba la música afroamericana. La película fue nominada a los Premios Gotham de Cine Independiente del 2009, y figuró entre los 20 mejores films en los EEUU, según el ranking del The New York Times, y otros diarios. La película, un sueño retro en blanco y negro, luce natural y exquisita, y logra inquietarnos con sus facultades para integrar tanto el drama musical como el romántico. Siempre con la BSO de Justin Hurwitz, su amigo de estudios, Chazelle asume no sólo la escritura, sino el reto de ser el director de fotografía haciéndolo con nítida corrección. Esencialmente, se trata de una película acerca de la “ruptura”. Guy es un trompetista, encarnado por un profesional del instrumento: Jason Palmer. Le fascina la música. Ama el hecho de estar siempre con mujeres. Lo que parece no estar claro es si alguna vez tomará en serio a las féminas. Guy coquetea con Madeline -Desiree Garcia- luego salen, pero la relación entre ellos no tiene suficiente “match”. Hacen de las suyas, pero solo unas cuantas escenas, pero que son lo mejor del film, ya que ambos exponen abiertamente sus virtudes musicales. Su posterior separación confirma que ella no logra atraerlo a pesar de los esfuerzos que hace. Chazelle configura las desventuras en el amor, pero acrecienta su pasión por la música. Buen film. A finales de 2012, Chazelle dirigió un corto basado en parte de su escritura de la cinta Whiplash. La película ganó el Premio del Jurado al Mejor cortometraje norteamericano en el Festival de Sundance de 2013. Luego, nos deslumbró con Whiplash, 2014, film acerca del sacrificio para poder salir adelante. Sangre, sudor y lágrimas, son los elementos de una propuesta que se resume en el fascinante duelo entre el joven, inexperto y talentoso baterista Andrew Neiman, y el ceñudo profesor del conservatorio, Terence Fletcher, quien a pesar de los métodos recalcitrantes que utiliza, va a hacer del muchacho el mejor dotado en su instrumento. La cinta se llevó tres Oscars: Mejor actor de soporte, JK Simmons, Mejor montaje y Mejor sonido. La música, como en todas las artes, no sólo depende de la capacidad innata, sino del denuedo y la voluntad por trascender los límites impuestos por nuestras propias carencias. Una gran película que debió llegar un poco más lejos de lo que la Academia quiso. Pero, esta vez, Chazelle realiza quizás uno de los más seductores films del nuevo siglo: La La Land. No sólo ha ganado 13 de los más reconocidos premios, sino que se llevó 07 Golden Globes, y 14 nominaciones de la Academia, en lo que se considera un récord absoluto en la hagiografía de la misma. Si Whiplash se encumbraba acerca de un instructor que abusaba de las ambiciones de sus estudiantes, La La Land se empina acerca de una multiplicidad de estilos donde esa misma apetencia va a perjudicar el vínculo personal entre sus simpáticos protagonistas: Mia y Sebastian, dos jóvenes cuyas aspiraciones artísticas son antagónicas, pero que el amor compensará de alguna manera, atándolos y preocupándose uno del otro. Chazelle incorpora con pulcritud la idea de la nostalgia, y cómo mantener activos y espabilados los contenidos de las artes más antiguas, sin trivializarlas. Todo esto, sumada una serie de canciones y danzas, le da un punto de vista cinematográfico que no es común observar en el Hollywood contemporáneo. Desde la apertura, Chazelle le rinde homenaje a los musicales de la Edad de Oro de Hollywood, con un gran título de apertura que nos indica que su film se hará con el antiguo formato panorámico del “Cinemascope”. En una autopista de la “ciudad de las estrellas”, o Los Angeles, Chazelle filma una coreografía que la imbuye de un extenso juego de planos, y nos va a trasladar con brillosa lucidez hacia una historia que está rebosante de reflexiones sobre la industria del cine, de cómo la gente puede reaccionar hacia el Jazz estilizado, y cómo el arte evoluciona con el tiempo. Es una referencia a los clásicos musicales de los estudios de la MGM que producía Arthur Freed. Si bien Chazelle utiliza parte de las coreografías de Singin' in the Rain, 1952, de Stanley Donen y Gene Kelly, una paráfrasis musical más comparable sería la película francesa: Les parapluies de Cherbourg o Los paraguas de Cherburgo, 1964, de Jacques Demy. Chazelle nos atrapa e hipnotiza con esta maravillosa cinta donde integra con una coherencia admirable lo romántico, lo dramático, lo musical y lo cómico. Lo importante, sin embargo, es que La La land no es consumida por esa nostalgia que suele ser un arma de triple filo, sino que coloca sus personajes principales de tal manera que son ellos quienes le dan un sentido estrictamente vanguardista a sus interpretaciones, incluso sin que el director use artistas secundarios. Raramente observamos en la narrativa de Chazelle, sólo dos esplendorosos actores -principalmente la carilinda Stone- que se fusionan en películas reiterativas, Gosling y Stone, son quizás los que más se acercan a la estupenda pareja conformada por Fred Astaire y Ginger Rogers, en una novedosa generación de realizar cine, con ambos artistas mostrando una absorbente química, primero en el film Crazy, Stupid, Love, 2011, de Ficarra y Requa, y luego en Gangster Squad, 2013, de Fleischer. En La La Land, individualmente hablando, Ryan Gosling es un correcto actor que se acomoda bien para un tipo de personaje casi neutral, pero la que se lleva las distinciones es la punzante Emma Stone, con una continuidad en un ida y vuelta de matices y magníficas expresiones que internaliza con formidable audacia. Parte de este concepto es porque la bella y expresiva mujer le aporta a la trama una numerosa cantidad de escenas que derivan en lo emocional y lo anímico. Chazelle hace que su película posea un prolijo aterrizaje romántico, que integra con una grandiosa historia musicalizada, cómica y dramática. La deliciosa y pegajosa BSO de Justin Hurwitz, y sus canciones con letra de Benj Pasek y Justin Paul, funcionan con propiedad en el momento justo, destacando “City of Stars”“Audition” y "Another Day of Sun". Para Chazelle, La La Land es en cierto modo es un buen intento de realizar una versión apoteósica comparable a su ópera prima, Guy and Madeline on a Park Bench. Con la influencia que le otorgó Whiplash, Chazelle tenía más recursos para trabajar con mucho mayor soltura en La La Land -las excepcionales coreografías y la puesta en escena así lo demuestran- film al cual la Academia le reconoce, al margen de Mejor película, Mejor director, Mejor actor principal, Mejor actriz principal, y Mejor guión original, las categorías técnicas de Mejor montaje, Mejor fotografía, Mejor BSO, Mejores canciones (02), Mejor diseño de producción, Mejor vestuario, Mejor sonido, y Mejores efectos de sonido. Chazelle dispara varios tiros, usando tomas largas y anguladas, una técnica que puede resultar tediosa luego que cineastas como el mexicano Alejandro González Iñárritu les hayan sacado lustre y precisión. Sin embargo, en este contexto, los planos largos poseen una asombrosa ductilidad. En vez de esconder la habilidad de sus intérpretes, a través de la edición hipercinética, como tantos musicales modernos, Chazelle usa la composición milimétrica del plano largo para que nos podamos deleitar con las secuencias de baile. La La Land confirma que Chazelle no es un cineasta improvisado, ya que si sigue innovando, tendrá una próspera carrera más allá de esta cinta, siempre y cuando lo comparemos con películas que llevan a cabo sus rivales cinematográficos. La interrogante sería: ¿¿Qué hará Chazelle luego de sacarle el jugo al Jazz?? En un año lleno de muy buenas cintas nominadas al Oscar como Mejor película, aunque falte Silence, de Scorsese, La La Land encandiló hasta al más pesimista de los críticos de todas partes del mundo, y por supuesto a una gran mayoría del público y espectadores. Para terminar, La La Land nos llevó hacia un reiterado paseo de emociones disimiles, desde la avidez de perseguir sueños, a una lucha diaria para superar obstáculos, y un romance que se interpone, que le va a cambiar, para bien, la sensibilidad de la trama a la narrativa. La película tiene la manía de pellizcar nuestra imaginación desde que arranca hasta que Chazelle le imprime un giro formidable que logra en los últimos 10 minutos, donde nos hace ilusionar con una increíble síntesis de lo que todos estábamos esperando. Pero, la realidad es siempre más dura que lo soñado. Estamos ante una especie de clásico instantáneo, una cinta que sienta una cátedra del "parecer", de las que no se olvidarán con facilidad, y nos hacen creer de nuevo en que el cine no tiene límites en cualquier dirección oportuna que tome. Porque a pesar de las ilusiones perdidas, la “ciudad de las estrellas” siempre estará ahí para que volvamos a  recordar y soñar. Estupendo film.