martes, 11 de abril de 2017

“Marty”, Delbert Mann y la apuesta por la simpleza y la modestia creativa.
































































Delbert Martin Mann Jr., nació en enero de 1920, en Lawrence, Kansas, falleciendo en noviembre de 2007, en Los Angeles, California. Su padre trasladó a la familia a Nashville, en Tennesse, después de tomar un puesto de profesor en el Colegio Scarritt. El joven Delbert estudio y se licenció en Ciencias Políticas en la Universidad de Vanderbilt, donde conocería a su futura esposa, Ann Caroline Gillespie. Desarrolló una amistad duradera con Fred Coe, a quien conoció en el Nashville Community Playhouse, quien era un implacable crítico de cine. Después de su graduación en Vanderbilt, Delbert se unió al Cuerpo Aéreo, convirtiéndose en piloto de la 8va Fuerza Aérea de los EEUU. Como tal, voló en 35 misiones de bombardeo en el lugar de operaciones asignado: Europa. Luego de la guerra, su interés profesional cambió, y asistió al Yale Drama School. De acá se trasladó hacia un trabajo que dirigiría en el Teatro de la Ciudad de Colombia, Carolina del Sur. Su viejo amigo Coe, ya productor de la NBC, le ofreció la oportunidad de dirigir dramas de TV en vivo, en 1948, desde The Philco Television Playhouse. Sin perder un minuto Mann aceptó el empleo, y se mudó a Nueva York, en 1949. Dirigió muchos programas para la NBC, que más tarde alternaría vía transmisiones en la red Goodyear Television Playhouse, 1951, y la Producers Showcase, en 1954. Mann dirigió episodios para las tres vitrinas, incluyendo “October Story” con Julie Harris y Leslie Nielsen, un remake de “The Petrified Forest” con Humphrey Bogart. Creó el papel del Duque de Mantee en Broadway, y lo interpretó en la producción clásica de TV, incluso realizó dos producciones de “Othello” de Shakespeare, donde actuó Walter Matthau. Delbert Mann fue uno de los directores más conocidos de “La Edad de Oro de la Televisión de los EEUU”, cuando el drama original en vivo fue un elemento básico de la TV yankee. Pero, aunque parezca algo poco creíble, el nombre de Marty, siempre estuvo y estará ligado a Mann, ya que el personaje del carnicero fue un fenómeno cultural en un papel menor de un programa episódico de la TV, que luego se convertiría, en 1955, en el legendario y primer éxito del “cine independiente norteamericano”. Sin embargo, el reconocimiento a Mann por parte de la industria no provino de Marty, ni en la TV ni en el cine, sino en la Obra Teatral “Our Town”, 1954, de Thornton Wilder sobre un pequeño burgués en New Hampshire. En este año, Mann ganó una nominación al Mejor Director Emmy por el episodio “Our Town” de Producers Showcase, un musical con Paul Newman y el talento de Frank Sinatra. La obra de Marty, en vivo, fue capturada a través del cinescopio, un método de reproducción que implicaba disparar una copia de 16 mm de la emisión de un monitor de TV para retransmisión a la Costa Oeste de los EEUU, en los días antes de las conexiones de TV de Costa a Costa. A lo largo de la cinta de video, que rara vez fueron retransmitidos después de la presentación inicial, debido a la mala calidad de las imágenes por el alcance. Esto cambiaría una vez que Marty se trasladó de Nueva York a Hollywood. Burt Lancaster y su socio Ben Hecht estaban buscando una cinta de TV para generar una cancelación de impuestos para su productora independiente “Hecht-Lancaster”. Esta película fue Marty, filmada en BW en la proporción estándar de la Academia de 4:3, en una época en la que el éxito de taquilla, por ejemplo, el de la épica The Ten Commandments o Los diez mandamientos, de Cecil B. DeMille, rodó en color en los procesos de Cinemascope, Cinerama y VistaVisión, los cuales estaban de moda. La taquilla bruta de Los diez mandamientos, se ajustaba a la inflación del momento, y rivalizaría con las ganancias generadas por los “Topbusters” o “Blockbusters” de la época. El color, las pantallas anchas y el espectáculo fueron los ingredientes para sacar a la gente de casa quienes fueron plantados frente a la TV y los teatros. Y justo aquí, existía una película BW de bajo presupuesto, sin valores de producción, y sin estrellas, basada en una obra de TV que había aparecido gratis en la misma, y que constituía el enemigo de Hollywood. Para rehacer Marty para el cine, el presupuesto se limitó a poco menos de US$ 350,000.00.-. Fue la primera película ganadora de un Oscar en donde los costos publicitarios excedieron el monto presupuestado. Rod Steiger, no quería estar amarrado contractualmente a la productora “Hecht-Lancaster”, y negó su participación como protagonista. El mismo Burt Lancaster quiso bajar los costos actuando él, pero le llegó una oferta irrechazable de la Columbia Pictures para ser el actor principal del film  From here to Eternity o De aquí a la eternidad, con lo cual quedaba como única opción Ermes Effron Borgnino, un actor de soporte que había debutado cuatro años antes, y que nunca había interpretado un personaje protagónico. Borgnine, de 38 años, pasó la prueba del casting. La película fue un éxito crítico antes que fuera un éxito comercial. Mostrada en el Festival de Cine de Cannes de 1955, fue la primera película estadounidense en ganar la Palma de Oro. Se convirtió en la cinta más rentable en muchos años, Borgnine se llevó el Oscar, lo mismo que Delbert Mann. Aunque no podía saberlo entonces, Marty fue el punto culminante de la carrera de Mann. Nunca más ganaría otra nominación de la Academia, aunque sí consiguió dos nominaciones a los Emmy en 1972 y 1980. De manera significativa, Delbert Mann tuvo el respeto de sus compañeros de oficio, y varios premios de las asociaciones de directores de todos los estados de los EEUU, y otros más. Pero, el buen cine de Mann con Marty no quedó ahí. Realizó otros notables films: The Bachelor Party, 1957; Desire Under the Elms, 1958, con Sophia Loren; Separate Tables, 1958, con David Niven; Middle of the Night, 1959, con Kim Novak; The Outsider, 1961, con Tony Curtis; Lover Come Back, 1961, con Rock Hudson; That Touch of Mink, 1962, con Cary Grant; Dear Heart, 1964, con Glenn Ford; y Fitzwilly, 1967, con Dick Van Dyke. Hizo más películas, pero para la TV, donde regresaría en 1968, medio que siempre consideró su auténtico hogar, y donde había encontrado siempre la mayor libertad creativa. Mann cultivó géneros diversos a lo largo de su amplia carrera en cine y TV, y se erigió como uno de los profesionales más eficientes a la hora de trasladar las técnicas de rodaje televisivas al trabajo cinematográfico. Mann fue entre 1967 y 1971 “Presidente del Sindicato de Directores de Hollywood”, manteniéndose activo nada menos que hasta el año 1994. Delbert Mann realizó más de 100 dramas televisivos: se trataba de una época en la que la TV norteamericana era un hervidero creativo en el que bullía el talento de posteriores cineastas que quedarían etiquetados como “la generación de la televisión”, entre los que se contaba a nombres de la talla de John Frankenheimer, Arthur Penn, Robert Mulligan y Sidney Lumet. Pues bien, en Marty, Delbert Mann, nos cuenta la historia de un carnicero solitario, con sobrepeso, y de mediana edad (34), que vive con su madre, y es un sujeto desafortunado en el amor. Al borde de resignarse al hecho que nunca encontrará la mujer de su vida y poder casarse, ya que sus amigos se burlaban, sus clientas de la carnicería se lo increpaban, de buena y mala manera, y su madre se lo reclamaba asiduamente, además que las chicas lo encontraban feo y gordo, conocerá a Clara -Betsy Blair, esposa de Gene Kelly- en un baile para solteros. Ella, en la misma situación que Marty, es una maestra de escuela, tan nefasta en el amor como él, y aunque sean lo que sean, como ninguna de las caras más bonitas y atractivas que existen, tendrán un vínculo instantáneo. Marty había ido bien empilchado al lugar bailable con su amigo Angie, un muchacho que todo lo veía el conquistar mujeres, pero sus limitaciones solo le posibilitaba bailar con ellas. Ese era todo el mérito de este también fracasado del romance. Clara asistió invitada por dos sujetos y una chica, quienes le hacen una mala pasada dentro del lugar, dejándola completamente sola. Marty se le acercará porqué observó lo que le había sucedido, y se apiadará de ella. Palabras y frases que vienen y van, halagos mutuos, y así lograrán pasar la noche juntos bailando, riéndose y disfrutando uno del otro, con el buenote de Marty contando anécdotas -mi padre era feísimo, sin embargo se encontró con mamá y se amaron hasta el final etc.-. Luego pasea por el lugar, ingresan a una fuente de soda, y finalmente la lleva a casa. Ya eran casi la una de la madrugada, cuando su madre llega procedente de la casa de su hermana, una vieja cascarrabias quien tenía un serio problema con su hijo y su nuera, recién casados. Pero a pesar que Marty ha quedado contentísimo con ella, y viceversa, su madre teme que no es una mujer para él. La llama fea y meretriz. Marty lo soporta todo, así que si bien le molestará la impresión de su madre, seguirá pensando en positivo. A día siguiente se encuentra en el bar de siempre con otro de sus amigos, quien los había visto el día anterior. Marty le cuenta lo que hizo, y este hombre le reitera lo de la fealdad de Clara. Marty se molesta y le señala: A mi madre no le agrada, dice que no sirve para mí, pero lo único que sé es que la pasé muy bien ayer. Voy a llamarla e iré a buscarla y pasaré un buen rato con ella esta noche. Si tenemos suficientes buenos momentos juntos, me voy a poner de rodillas, y le voy a rogar que se case conmigo. Si celebramos el Año Nuevo, ya tengo una pareja con quien ir. Marty, a pesar de un par de problemas menores, cumple con la promesa, y el gran Delbert Mann decide acabar con el film, batiendo el record de una película ganadora del Oscar con menor duración: 88 minutos. Lo que hace de Marty, un gran film -premiado con cuatro Oscars- es la forma en que Mann la realiza, pese a los yerros del guión, es decir, con simpleza, planos adecuados, sobrios en el uso del avanti, retroceso, primeros planos, generales, de reconocimiento y subjetivos, los mismos que nos hacen visualizar la entereza de un buen ser humano, un tipo encantador, bien educado y muy sensible por donde se lo mire. La madre se quiere interponer en su vida, él no lo acepta, y ella le pide perdón por lo dicho. El vínculo de amor entre madre e hijo que impone Mann es extraordinario. Sus amigos también intentan humillarlo, pero Marty respeta el lado amical, y con su estilo, los desdice. La escena final con su amigo al lado de la cabina telefónica del bar lo dice todo. Mann logra una puesta en escena equilibrada e intensa. La brillosa fotografía en blanco y negro de LaShelle, es notablemente contrastada y muy bien cuidada en los detalles, a través de  imágenes estimulantes y estéticamente logradas, siendo un apoyo vital para el guión de Paddy Chayfesky -quien también se llevó un Oscar-. La BSO de Roy Webb es melódica, con música de la época -se notan en el baile- y editada casi a la perfección en los diversos momentos que le suceden cosas a Marty, usándola junto a sonidos emotivos y sentimentales en un acompañamiento ideal. Quizás el montaje no es de lo mejor del film por los cortes que tiene. Las actuaciones, son naturales y convincentes. Con Ernest Borgnine en un estupendo papel, Betsy Blair sentida e ingenua, y los correctos apoyos de Esther Minciotti como la madre y Joe Mantell como el amigo fracasado. Vestuarios elegantes, distinguidos y formales, no solo para el baile sino para todos los ajetreos, y una dirección artística que se luce por su naturalidad, además de los decorados. El guion, es cercano y muchas veces lo suficientemente conmovedor en la aplicación del realismo, al plasmar al típico solterón de la época, de forma verosímil y agradable, a través de un argumento que gusta por su sencillez y por calar en lo sentimental de quien observa con atención. Las fallas de guión de Chayfesky están en los diálogos repetidos hasta tres veces en 20 o 30 segundos, y en varias ocasiones, pero que no tiene relación alguna con el trabajo invisible y maduro de Mann, quien lleva hacia adelante la evolución de la mayoría de personajes mediante una narrativa fluida, clásica y muy educada, al ser impoluta en su amabilidad, salvo los momentos de discusión entre los desafortunados primos de Marty. A pesar del éxito, Marty fue una rareza muy concurrida a mediados de los años 50, ya que al margen de su humildad, el film no es frívolo en lo absoluto. Más bien, fue un triunfo para todos los involucrados. A Ernest Borgnine, le cambió la vida y la carrera. Antes de hacer al carnicero Marty, era un actor secundario cualquiera, y pasó a serlo de lujo, interviniendo en grandes films. Trabajo al lado de las grandes estrellas de la meca hollywoodense, y se ganó el cariño y respeto de todos, a pesar de asumir roles de villano la mayoría de veces y luego alternar con personajes de distintos contextos. Sin lugar a dudas, un actor reconocido, con más de 115 películas en la bolsa, y que trabajó hasta en su vejez, vía el film The Man Who Shook the Hand of Vicente Fernandez, en 2004. Para terminar, el año en que se filmó Marty, Borgnine hizo nada menos que seis películas. Mann tocó un tema sagrado como la no soltería llegado los 30 años, o la vejez a los 56. Hoy en día, todos prefieren ser solteros con compañía, ellos y ellas, y la vejez subió a los 78 años. Un cambio radical, como el rol de la mujer en los trabajos que sólo eran para varones. Un film como Marty, en estos tiempos no hubiera dado resultado, mientras el catolicismo, a pesar de muchos, sigue agonizando. Mann logra en su ópera prima una película entrañable e inolvidable acerca de todos esos sentimientos y situaciones que parecen tan pequeños y vulnerables, pero que forman parte de nuestra vida y condicionan nuestro bienestar. La familia, el matrimonio, los hijos, el noviazgo son tratados de manera magistral y con un respeto hacia el semejante que no puede cuestionarse.