viernes, 21 de julio de 2017

“Gentleman Jim”, Raoul Walsh nos entretiene a través del boxeo.
















































































La leyenda de Albert Edward, llamado Raoul Walsh, nacido en marzo de 1887, New York, y fallecido en diciembre de 1980, en Simi Valley, California, combina la figura del aventurero con la del cineasta, y en muchas ocasiones, el personaje del segundo se puso al servicio del primero. Se inspiró en los Piratas, en el Lejano Oeste, en las Mil y una noches. Dirigió films noir, westerns, comedias o melodramas dotados de una narrativa prístina, un humor vigoroso, pero también de una notable sensibilidad, así como de un profundo sentido del clasicismo. Ayudante y actor de D.W. Griffith -es el asesino de Lincoln en The Birth of a Nation- Walsh aúna su profesión y su gusto por la aventura marchándose a filmar a México, Pancho Villa. A la vuelta, convertirá a la aventura en la filigrana de su filmografía. Durante los años veinte, dirige a grandes estrellas de Hollywood: Douglas Fairbanks en The Thief of Bagdad, de 1924, Gloria Swanson en Sadie Thompson, en 1928, Dolores Del Río en The Loves of Carmen, en 1927, y The Red Dance en 1928; esta última acerca de las extravagancias de dos soldados yankees durante la Primera Guerra Mundial, típica acechanza del temperamento del cineasta, de su humor a menudo pícaro y vital. Durante un rodaje accidentado, Walsh pierde un ojo. La década del 30 constituye el periodo menos trascendente de su carrera, con algunas joyas como la deliciosa comedia romántica y dramática Me and my Gal, de 1932, con la formidable actuación de Spencer Tracy. Sin embargo, con la Warner podrá trabajar con artistas cuya personalidad es parecida; John Wayne, Errol Flynn y James Cagney, por ejemplo. El entusiasmo de Walsh no desfallecerá hasta su film: Gentleman Jim, de 1942 o A Distant Trumpet, de 1964, un western con el protagonismo femenino de la peruana Suzanne Pleshette. El cineasta seguirá la evolución de Cagney en sus fases más significativas. The Roaring Twenties lleva a su apogeo del mito de “buen chico malo” hasta su agonía sobre los peldaños de una Iglesia. Strawberry Blonde, de 1941, una lúcida comedia romántica y nostálgica que inmortaliza a Cagney -junto a Olivia de Havilland y Rita Hayworth- como el estereotipo del norteamericano de clase media. Walsh solamente trabajará con Errol Flynn en la etapa más gloriosa del actor. They Died with their Boots On, de 1942, lo transforma en el todopoderoso general Custer, quien desde la perspectiva histórica del planteo de la cinta no es del todo fiable, pero el brillo de la puesta en escena es irresistible. Walsh convierte a Flynn en un héroe de guerra. Su mejor film con el actor resulta: Objective Burma!, de 1945, cuya sobriedad de todos los elementos en juego la convierte en un irresistible clásico de culto. Su última colaboración con Flynn será Silver River, de 1948, en la que el actor aporta toda la ambigüedad de su personaje, a un tiempo heroico y malvado. Walsh fue quien lo puso por primera vez en pantalla a Humphrey Bogart, en la gran cinta negra High Sierra, en 1941, en donde el desafortunado gangster muere trágicamente. Walsh convierte en un magnífico remake en forma de western a Colorado Territory, en 1949, propuesta mucho más trágica que el original, donde brillan Joel McCrea y Virginia Mayo. The Enforcer, 1951, un hermoso thriller realista en el que Bogart actúa con especial sobriedad, ilustra idealmente la flexibilidad del estilo de Walsh, dentro de un mismo género. El western -como a John Ford- inspiró a Walsh. Una de sus obras más obsesivas es Pursued, en 1947, una transposición de Cumbres borrascosas, pero en clave psicoanalítica. Otra obra de proporciones es Distant Drums, de 1951, un formidable western con Gary Cooper. En los años 50 realizó dos films bélicos diferentes aunque complementarios: Battle Cry, en 1955, y The Naked and the Dead, en 1958, pero en esta su última fase, su obra maestra es sin lugar a dudas, Band of Angels, de 1957, con Clark Gable, Yvonne De Carlo y Sidney Poitier. Gable hace de bebedor, dandy y antiguo aventurero. Walsh hace un autorretrato de una forma idealizada. Su abundante obra se presta al descubrimiento de pequeños films, y obras de culto unidas por una misma energía, un romanticismo aglutinador que en más de una ocasión se ensombrecen bajo un sentir trágico. A lo largo de su trayectoria, dirigió más de un centenar de películas de los géneros más diversos, aunque destacó sobre todo como director de películas de aventuras. Uno de los 10 mejores directores de la historia del cine. Pues bien, esta vez iremos sobre una de las mejores films de Walsh, pero que parece haber sido olvidada: la comedia deportiva o boxística Gentleman Jim o El caballero audaz de 1942. Las mejores palabras para describir la película son: noblemente bulliciosa o infecciosamente divertida. Dirigida con una formidable sencillez,  no sólo es el mejor Errol Flynn que hemos podido observar, sino que fue la cinta preferida del actor, ya que le costó “un Perú” poder lograr todas las habilidades cómicas y de boxeo que muestra en su actuación, sobre todo, un concepto elemental aunque difícil de lograr para cualquier peleador con alguna pretensión: el “footwork”, y aquel maravilloso gancho de izquierda de James J. Corbett, campeón mundial de los peso pesados de 1892 a 1897.  No es históricamente precisa, hay algunas fechas y ciudades que se invierten -siendo una biografía- es una película sumamente entretenida, y es difícil comprender por qué no es más conocida que muchos films que no dicen nada. Sin embargo, me puse a leer algunas cosas acerca de Corbett. En la película, no existen los villanos, el melodrama o la angustia. Walsh va a preferir mantener acertadamente el mismo tono a lo largo de la trama, con una excepcional escena casi final entre el nuevo campeón y el ex-campeón, cuando Corbett ha derrotado al gran John L. Sullivan, y este le entrega la acreditación de ser el campeón, logrando un intercambio de líneas que inicia en el “deporte de los puños” al buen perdedor. Hoy terminadas las peleas se abrazan, porque hay un efecto “maternal” de los boxeadores en sentir un acercamiento a quien ha enfrentado con violencia inusitada. Además en esta pelea, entran en vigencia por primera vez las reglas de Queensberry, que exigían la utilización de guantes con mayor aire ocluido para proteger los nudillos y el rostro, no golpearse las partes bajas, un cuadrilátero con unas medidas determinadas, la duración del round, más no la del combate, ya que se podía lidiar todos el tiempo hasta que caiga uno de los sujetos. Sullivan, que es otro de esos personajes bulliciosos, interpretado de manera colorida por Ward Bond, quien se pasó toda su interpretación caminando con excesiva confianza por las calles rodeado de fans emocionados y adorando a los niños, golpeando en mostradores de salón y declarando que nadie lo podía vencer dentro de un cuadrilátero. Cuando ha perdido con Corbett, ingresa a la fiesta del campeón emocionalmente derrotado -aunque Jim Corbett admite que él lo fulminó a Sullivan cuando ya no estaba en su mejor momento- le habla con cierta ternura, y se retira con gracia. Corbett o Errol Flynn -estuvo como nunca- se conmociona por su comportamiento y toma un momento para reflejar lo que significará para Sullivan en su próximo reinado. Pero, al margen de esta escena y el romance final, la película vende una versión distinta del optimismo.  Jim Corbett, es uno de los cuatro hijos de una familia irlandesa que todavía tienen las costumbres ancestrales y hasta el acento al hablar -excepto él que tiene un acento australiano-. Su padre es “taxista de carreta”, ama a su madre y a su hermana menor, y sus hermanos se dedican a ser estibadores, mientras él es un simple cajero de banco -lo que explica su acento-. A sus dos hermanos mayores les gusta burlarse de su corbata y de su cuello almidonado, pero Jim se defiende a las piñas contra ellos en el granero, un personaje que admite las discusiones de los hermanos Corbett.  El padre es interpretado por Alan Hale, un actorazo quien hizo 13 películas con Flynn, el más famoso como Little John en The Adventures of Robin Hood, 1938, de  Michael Curtiz y William Keighley. Por lo general, él era su amigo o su enemigo, pero esta vez es su “Daddy”, orgulloso de cómo golpea su hijo, su habilidad para el boxeo y su ropa de lujo. Corbett, hace en primera instancia un papel notable: un escalador social, oportunista y en definitiva comportándose como un Dandy seductor. El boxeo profesional fue considerado altamente deshonroso y en muchos estados de los EEUU, era ilegal, así que cuando Corbett se encuentra con un Juez de la Corte Suprema en un combate ilegal de boxeo, el mismo que pertenece al directorio del banco donde trabaja él. Corbett lo primero que hace cuando entra la policía es rescatar al Juez, lo que le favorecerá en el futuro. Corbett era un tipo que no daba puntada sin hilo y sabía que podía, siendo un marginal, meterse en la clase alta, por su percha, pinta, lengua y seguridad. Se las arregla para entrar en el Club Olímpico, donde todos los personajes de alta alcurnia se  congregan, patrocinado por el Juez, por otro banquero y su hija, la bella  Alexis Smith. La Junta Directiva del Club Olímpico, estaba empeñado en buscar hombres jóvenes respetables para que aprendan el boxeo, y poder cambiar la percepción del boxeo en la opinión pública. Raoul Walsh traza el ascenso de Corbett de empleado de banco a miembro en el Club Olímpico, con el fastidio de los miembros activos. Sin embargo, lo hacen ingresar, luego de una exigente prueba al boxeo profesional promocionándolo. Las peleas están muy bien organizadas, y Flynn rara vez utiliza un doble para las peleas. Una muy lograda escena tiene lugar en un muelle, con la gente de las clases inferiores y altas alineados entre sí. En un momento dado, un policía intenta detener el combate, pero lo arrojan al agua. El oponente de Corbett ha perdido pícaramente sus guantes, y la pelea se realiza a puño limpio. Corbett es noqueado y tirado al mar, se recupera, trepa y vence a su rival.  Más policías entran corriendo, y la gente se dispersa, muchos saltando al agua y otros quedan atrapados. La película captura un tiempo despreocupado y ruidoso en la ciudad de San Francisco. El film agrega biopic, comedia, drama, romance, acción y deporte. Estrenado en plena Segunda Guerra Mundial, en momentos de incertidumbre por la evolución del conflicto, y de un extraordinario esfuerzo de guerra, ofrece una historia de lucha, superación, triunfos y comicidad, que satisface las necesidades del público del momento. Obtiene un relativo éxito de taquilla y una gran crítica. Visto con ojos actuales, destaca por el vigor dramático, el dinamismo de la acción, el verismo de las escenas de boxeo y la modernidad del contenido. También existe un romance, aunque no sucedió en los hechos reales. A Alexis Smith le gustaría verlo perder a Corbett porque lo considera un provinciano atrevido, sólo para burlarse luego. Por supuesto, en la tradición romántica, ella está bromeando y está loca por él. El dato de las reglas obtuvo su nombre porque fueron respaldadas por el Marqués de Queensberry, John Douglas. Repito, estas reglas marcaron el comienzo de un grado de respetabilidad para el boxeo. James J. Corbett también ayudó a que el boxeo sea más aceptado por su comportamiento de voz suavizado y caballeroso -por eso lo apodaron Gentleman Jim-. Errol Flynn es quizás algo menos blando, y muy descarado y arrogante, pero es más entretenido de esa manera. Corbett también se desempeñó a menudo en el vodevil, e hizo una segunda carrera de la misma. Esto era habitual para las celebridades deportivas, aunque a menudo eran malos actores, pero Corbett estaba un escalón por encima del resto. Nunca llegamos a ver a Corbett realmente actuando. En un determinado momento Corbet luce leyendo una obra de Shakespeare, y demostrando cómo actuaría. Corbett también se considera como el primer boxeador científico, usando más estrategia y el footwork de lujo, en comparación con la carga y el balanceo. Trataron de capturar esto en cierta medida en la película, centrándose a menudo en los pies de Flynn, y dándole danza alrededor mientras que Sullivan y otros opositores no lo hacen. Más que en otros films, Raoul Walsh impone un ritmo sostenido que corta ocasionalmente para marcar pausas que le permiten pasar de la tensión dramática a la distensión de la comedia, de la preocupación al humor franco. Como supo hacer Walsh siempre con precisión y acierto, su narrativa la presenta impregnada de un oportuno y dulce sentido de la farsa, que evidencia al gran maestro del cine. En ocasiones transforma acciones formalmente dramáticas en lances de humor, como sucede en las repetidas y ruidosas peleas a puñetazos de los hermanos Corbett en el mencionado granero. Jack Carson aparece como el compañero de trabajo bancario de Corbett, mientras William Frawley es su agente. El guión, de Vincent Lawrence y Horace McCoy, adapta la autobiografía “The Roar of the Croad”, de 1925, de James J. Corbett (1866-1933). Walsh va a confirmar sus enormes dotes de gran director de actrices. A la protagonista, Victoria Ware, encarnada por la Smith, le asigna un papel moderno, coherente, con la opinión predominante entre el público femenino del momento. Victoria se mueve al mismo nivel que Corbett. Luce dignidad, prestancia e independencia en la misma medida que Jim. Las relaciones de ambos son a la vez de simpatía, atracción mutua y de discusión permanente por diferencias que los mantienen distanciados y próximos a la vez, sin claudicaciones ni renuncias por ninguna de las dos partes. Alexis Smith no sólo tiene a su cargo un papel fundamental, sino que además forma parte de la matriz que constituye el motor de la acción y de la progresión dramática. Finalmente, con respecto a la puesta en escena, no hay errores significativos. La BSO, de Heinz Roemheld combina canciones populares irlandesas y norteamericanas, melodías bailables vienesas  y canciones del momento, que ambientan la narración en su entorno cronológico y social. La fotografía, de Sid Hickox en blanco y negro, se beneficia de una muy buena ambientación de época, y se ajusta a una estética realista, y el sentido clasicista de Walsh. Este, hace una descriptiva acertada de los ambientes elitistas de San Francisco, y los escenarios sórdidos del mundo del boxeo ilegal. Lo demás, montaje, dirección de arte, de diálogos etc., todo equilibrado. Formidable película.