lunes, 24 de julio de 2017

“Ladri di biciclette”, Vittorio De Sica revoluciona el cine italiano entre 1930 y 70. Obra maestra, mítica y minimalista de la historia del cine.















































































Vittorio Domenico Stanislao Gaetano Sorano De Sica nació en julio de 1901, en la ciudad de Sora, Italia, y falleció en noviembre de 1974, en Neuilly-sur-Seine, Francia. Más que un realizador y un actor de enorme prestigio -una treintena de films, además de un centenar como intérprete- fue en su época un icono. Junto a Chaplin, es el único gran cineasta de la historia que logró al mismo tiempo crear algunas de las cintas más hermosas de su época, y convertirse en uno de esos actores populares con los que el gran público quedara extasiado. Ganó cuatro premios Oscars, fue querido y admirado como pocos artistas del siglo XX, gracias a un irresistible encanto personal con el que llegó a personificar la “italianidad” misma. Vittorio de Sica, un verdadero maestro del neorrealismo de los 40 y 50 junto a Roberto Rossellini y al primer Pasolini, no solo creó Ladri di biciclette o Ladrón de bicicletas, en 1947, el emblema fílmico de un formidable movimiento cinematográfico,  sino que también marcó a fuego la historia del cine con una serie de películas, que en aquellos tiempos de penuria luego de la Segunda Guerra Mundial,  emergen en la reconstrucción moral de Europa a través de una inusitada fuerza y actualidad. Fue el gran cineasta de la dignidad, un humanista realista que jamás renunció a la esperanza. Su carrera está repleta de contradicciones, de entusiasmos, de abandonos y de reacciones valientes. Para recoger la trayectoria incomparable del hombre y del cineasta, Ettore Scola le dedicó el excepcional film: C'eravamo tanto amati o Nos habíamos amado tanto, 1974, con un elenco de célebres italianos del arte como Nino Manfredi, Vittorio Gassman, Federico Fellini, Marcello Mastroianni, Vittorio De Sica Stefania Sandrelli, Stefano Satta Flores, Giovanna Ralli, Aldo Fabrizi, Mike Bongiorno, Nello Meniconi, Guidarino Guidi e Isa Barzizza. Scola trata con amargura la historia de un grupo de amigos de izquierda que se conocieron cuando en 1944 lucharon contra los nazis. De Sica pasa su infancia en Nápoles. En 1912 se traslada con toda su familia a Roma y muy rápidamente, en paralelo a sus estudios contables, se interesa por el teatro y el cine. A inicio de los años 30, se convierte en uno de los actores más cotizados de las comedias sentimentales, las mismas que le permitirán expresar una simpatía innata. Adulado por el público, Vittorio habría podido contentarse durante mucho tiempo con su exitosa carrera como actor. Sin embargo, a finales de la década del 30, se siente atraído por la dirección. En 1939, junto a  Giuseppe Amato, dirige su primera película, una obra que retoma el diseño de las brillantes comedias que había protagonizado durante casi 10 años. A continuación, firma una serie de films en las que evidencia una exigencia creciente, y va ir desapareciendo progresivamente como actor. Maddalena, zero in condotta, 1940; Teresa Venerdì, 1941; Un garibaldino al convento, 1942; I bambini ci guardano, una comedia dramática que anuncia la temática del movimiento neorrealista, y donde Vittorio alcanza la madurez estilística. La película es filmada en 1942, y se estrena en 1944. De Sica aborda los años de la posguerra motivado por el profundo deseo de participar en la reconstrucción moral de la sociedad italiana. Realiza, con la colaboración del guionista Cesare Zavattini, sus obras más importantes y famosas: Sciuscià o El limpiabotas, 1946; Ladri di biciclette, 1948; Miracolo a Milano, 1950 y Umberto D, 1952. Esta tetralogía constituye una de las cimas inexcusables del movimiento neorrealista. De Sica utiliza todos los recursos de la crónica, pone en escena a personajes auténticos interpretados por actores amateurs, va a filmar en decorados naturales, sin por ello renunciar a un trabajo preciso acerca de la forma y la construcción de imágenes, utilizando en caso necesario la luz artificial -incluso en la calle- y los recursos del estudio de la casa productora. En Sciuscià o El limpiabotas, VDS nos narra el trágico destino de dos pequeños limpiabotas arrastrados por adultos en el tráfico del mercado negro. En Ladri di biciclette se basará en un guión minimalista. La triste aventura de Ricci, el obrero a quien le roban su bicicleta, y que, privado de su herramienta de trabajo, acabará por intentar robar a su vez lo mismo. Su valía se debe tanto a la expresión de la desesperación individual como a la reivindicación colectiva del derecho al trabajo. En Miracolo a Milano o Milagro en Milán, la colaboración entre VDS y Zavattini va a alcanzar su punto culminante. Rodada en la periferia de Milán, en un descampado donde se alzan los refugios de los mendigos, VDS recurre a actores nada profesionales combinándolos con algunos muy experimentados como Emma Gramatica o Paolo Stoppa. La aventura de Toto, el bueno, que en su ingenuidad cree en un mundo justo, desemboca en la necesidad de evadirse de un universo imaginario. Pese a las polémicas que suscitó en Italia, el film es presentado en el Festival de Cannes donde gana la Palma de Oro de 1951. Tras el drama de la infancia desgraciada, del paro y de la marginación, VDS evoca a través de Umberto D., el drama de los jubilados que caen en la miseria. Drama de la soledad, la pobreza, la vejez, esta cinta es en parte la quintaesencia del arte de VDS. Desde muchos años atrás, criticado por sus compromisos humanitarios -los comunistas le reprochan que jamás aluda a la lucha de clases- el cineasta se ve confrontado a la hostilidad de la DC o Democracia Cristiana. En Cannes, las presiones políticas italianas impiden que la película gane la Palma de Oro, que finalmente va a parar a manos de Castellani y su Due soldi disperanza. De este modo, estrangulado en la parte económica, y sin ningún apoyo político, VDS se enfrentará a lo largo de la década del 50 a enormes dificultades para proseguir en la dirección que a él le gustaría. En 1952, la película Stazione Termini o Indiscretion of an American Wife, coproducción italonorteamericana, con Jennifer Jones, Montgomery Clift, Gino Cervi, Richard Beymer y Nando Bruno, es un curioso híbrido entre la herencia neorrealista y el género novelesco de la meca hollywoodense. La historia se desarrolla en la estación de trenes Termini en Roma. Luego de pasar unas vacaciones en Italia, Mary Forbes, una norteamericana casada y con una hija, debe resolver un dilema: tomar el tren para regresar a su país con su familia y reanudar su monótona vida, o quedarse con Giovanni, su joven amante, su verdadero amor. Hace el film de episodios L'oro di Napoli, en 1954, con Silvana Mangano, Sophia Loren, Eduardo De Filippo y Paolo Stoppa, donde no le va nada mal ya que retrata con belleza su ciudad natal. Con Il tetto o El techo, 1955, regresa con mucho de torpeza a los relatos depurados del neorrealismo, aunque salva la comedia dramático con denodado esfuerzo, para luego cosechar el éxito con el film La ciociara, 1960, basado en una novela de Alberto Moravia vinculada a la Segunda Guerra Mundial, y donde hace famosa a Sophia Loren, quien gana el Oscar a Mejor actriz, y otros premios más. Sin embargo, en 1961 dirige la comedia Il giudizio universale, que a pesar de tener a Vittorio Gassman, Alberto Sordi, Fernandel, Nino Manfredi, Silvana Mangano, Anouk Aimée, Paolo Stoppa, Melina Mercouri, Jack Palance, Ernest Borgnine, Vittorio de Sica y Lino Ventura, no logra absolutamente nada. Durante aquellos años, VDS, por recomendación del productor Carlo Ponti, se relaciona varias veces con au mujer, Sophia Loren. La dirige en: I sequestrati di Altona, adaptación poco inspirada de Jean-Paul Sartre, y en uno de los capítulos de Boccaccio '70, “La riffa”, ambas en 1962. Ieri, oggi, domani o Ayer, hoy y mañana, 1964, tres “sketchs” destinados al lucimiento de la pareja Loren-Mastroianni, dan resultado, y los volveremos a ver ese mismo año en Matrimonio all'italiana o Matrimonio a la italiana, y posteriormente en I Girasoli, 1970. VDS posee también películas puramente alimenticias, así como obras decepcionantes como Un monde nouveau -rodada en francés- una pálida crónica sobre el aborto, o Lo chiameremo Andrea, 1972, una denuncia superficial acerca de la contaminación. Tan sólo recupera sus cualidades de forma intermitente en: Il boom, 1963, con Alberto Sordi y Gianna Maria Canale, una feroz sátira de la sociedad de consumo; Amanti, 1968, con Faye Dunaway y Marcello Mastroianni, en un romance verdaderamente genuino; Il giardino dei Finzi-Contini, 1971, film ganador del Oscar a Mejor film extranjero y el Oso de Oro de la Berlinale, evocación de la deportación de una familia judía de Ferrare; Una breve vacanza, 1972, un conmovedor retrato de una mujer que vive un paréntesis de felicidad en una vida de privaciones Después de su film: Il viaggio, 1974, con Richard Burton y Sophia Loren, VDS se apaga en Francia. Pues bien, el año próximo, el film de VDS cumplirá nada menos que 70 años, y seguirá arraigada como una de esas obras maestras sorprendentes de volver a observar por toda la fuerza, delicadeza y ​​frescura que posee. No es equivocado postular a Ladri di biciclette o Ladrón de bicicletas como una de las películas más imponentes de todos los tiempos, siempre venerada como una de las piedras fundacionales del neorrealismo italiano. Redactada por Cesare Zavattini, el escritor sostiene en sus diarios cómo él y VDS, visitaron un burdel para indagar acerca de la miseria humana de esos tiempos, y posteriormente un lugar donde atendía la “mujer sabia”, una psíquica, que inspira uno de los personajes del largometraje. Lo que vamos a recolectar de estas anécdotas es cómo VDS y Zavattini iban buscando inspiración en aquellos días justo después de la guerra, cuando Italia estaba paralizada. La historia de Ladri di biciclette no es compleja. Antonio Ricci esposo y padre de familia -Lamberto Maggiorani, no es un actor profesional- es un sujeto distraído que va en busca de alguna labor digna, en un momento donde el dinero y el trabajo escaseaban. Ricci está en paro desde hace más de dos años, y conseguirá una labor a través de la Oficina de Empleo de su barrio, Città Valmelaina. Tras ser tomado para pegar carteles de publicidad por las calles de Roma, su mujer María -Lianella Carell- decide empeñar un conjunto de sabanas para poder pagar el costo de la hipoteca de la bicicleta de Ricci, requisito fundamental para poder trabajar. Una vez liberada, el obrero podrá empezar a realizar sus labores no sin antes decirle a su pequeño hijo Bruno -Enzo Staiola- que limpie la bicicleta, la misma que  le permite a Ricci ir por diversos lugares de Roma, y pegar anuncios de los films que se estrenan en esos días -un gran retrato de Rita Hayworth proporciona un contraste irónico entre el mundo de Hollywood y la vida cotidiana del neorrealismo-. María, por su parte, acude a agradecerle a la “mujer sabia”, quien le había predicho que su marido conseguiría un empleo. Ricci, la espera con impaciencia, y finalmente deja la bicicleta en la puerta, mientras sube las escaleras para ver qué es lo que la mantiene retrasada a María. VDS nos manipula, ya que esperamos que la bicicleta sea robada cuando Ricci y su mujer regresen, pero todavía está allí. VDS presenta un detallado retrato de la Roma de 1948, cuando habían transcurridos sólo tres años desde la finalización de la guerra. La cámara del maestro muestra las colas del paro, la desesperanza de los “sin trabajo”, la presencia en las calles de mendigos, cacos, vendedores asolapados, colas en los lugares de empeño, también aquellas para tomar el trolebús, comedores de caridad, prostíbulos, videntes, etc. Las imágenes, directas y sinceras, dan testimonio de un país arruinado por la guerra, azotado por la indigencia, y paralizado por la incapacidad de las instituciones públicas italianas. La narrativa que nos ofrece VDS está construida con un ánimo más documental y testimonial que reivindicativo. Los personajes son seres normales, del montón. No se emplean decorados artificiales: se rueda lo que hay según se ve, sin artificios, ni adornos. El guión es elaborado a través de diálogos que reflejan el modo de hablar de las personas simplonas. VDS va a implementar una progresión dramática creíble focalizada en la desesperación individual. La autenticidad y realismo que animan al film son posiblemente las causas por las que conserva hasta la fecha el vigor y el nervio de puesta en escena. El cineasta italiano va a plantear diversidad de cuestiones intemporales, de gran interés actual, como el trabajo por cuenta ajena de menores -Bruno luce en la gasolinera como factótum- la escolarización no obligatoria, los desastres que aún perduran acerca de la guerra, las deficiencias de la Administración y sobre todo de las Instituciones públicas, el derecho al trabajo, el drama del paro de larga duración, la insuficiencia de los servicios público, sea transporte, seguridad, policía, etc. VDS, pone en un segundo plano del relato la explicación de las relaciones padre e hijo, puestas a prueba en la búsqueda de la bicicleta robada. La dinámica de los hechos hace que las actitudes de Ricci y Bruno evolucionen, madurando como familia y en un tiempo récord. La figura de Bruno, de 06 años, un nene listo, tierno y afectuoso, compone uno de los personajes infantiles más atractivos del cine. La obra incorpora momentos de emotividad chaplinesca: la comida de niño rico y del pobre en el restaurante, la ternura de Bruno evoca la de Jackie Coogan en The Kid o El chico, 1920, de Charles Chaplin, además del emocionante plano final. Cuando, para su asombro, Ricci detecta al ladrón de bicicletas y lo persigue hasta dentro de un burdel, una multitud de poca monta se reúne. Un policía llega al lugar, pero no puede hacer nada, porque no hay evidencia, y sólo tiene a Ricci como testigo. También hay una escena temprana en donde un obeso amigo de Antonio, lo ayuda a buscar la bicicleta, y logran llegar hasta un contrabandista -que se dice ser honesto- y que está pintando el armazón de una, que Ricci cree que está desarmada por partes. Se acerca un policía y por el número de matrícula no es la suya. Un dato interesante es que VDS no va jamás sobre la bicicleta robada sino hacia lo que la rodea. Finalmente, en la famosa escena del cierre, Ricci está tentado a robar una bicicleta por sí mismo, lo hace, lo persiguen y capturan, y gracias a un hombre culto quien comprende la situación, lo dejan libre, continuándose el ciclo del robo y la pobreza. La historia de Ladri di biciclette es tan directa que juega más como una parábola que como un drama. En el momento en que fue liberado, fue visto como una fábula marxista -Cesare Zavattini era miembro del Partido Comunista Italiano-. Posteriormente, el escritor izquierdista Joel Kanoff criticó el desenlace como “una sublime y Chaplinesca acción aunque insuficientemente social”. Una burrada más de un hombre culto. Es cierto que Ricci es un personaje impulsado por la clase y la necesidad económica. No hay mucho más para él. También es cierto que la película no se detiene en contrastar su pobreza con los millonarios -la riqueza se ilustra mediante la capacidad de comprar un plato de spaguetti- y sí se permite que se tenga que esperar el tiempo suficiente hasta que los cineastas estén muertos, o que el neorrealismo sea más que una inspiración, un recuerdo. Es claro, por lo menos para quien suscribe, que Ladrón de bicicletas, va a escaparse sin contratiempos de sus críticos, y siempre se convertirá una vez más -en cada visionado- en una historia que pinta una realidad en concreto. Su influencia no está enteramente en el pasado. Uno de los nominados al Oscar a la Mejor película extranjera de 1998, fue Bacheha-Ye aseman o Children of Heaven, del iraní Majid Majidi, sobre un niño que pierde los zapatos de su hermana. En ella hay un hermoso pasaje donde el padre levanta a su niño en el armado de su bicicleta, y pedalea hacia un barrio rico, en busca de trabajo. La secuencia resuena para cualquiera que haya visto Ladri di biciclette. Estas películas están fuera del tiempo. Un hombre ama a su familia y quiere protegerlos y apoyarlo, y es la sociedad la que lo hace difícil. ¿¿Quién no podría identificarse con eso?? VDS era un hombre guapo, muy solicitado como actor, y cuyas primeras películas como director eran comedias ligeras como tapando en parte la dura realidad de la Segunda Guerra Mundial, sacudiendo el optimismo perdido con esos films. En 1942, realizó Un garibaldino al convento, donde plantea una especie de revisación de una “edad dorada”, ubicada durante el periodo histórico que se conoce como “el resurgimiento”. En ese sentido, VDS establece una correspondencia entre la juventud de las protagonistas y su despertar a la vida con los jóvenes italianos. El amanecer a la vida de las jóvenes protagonistas coincide con la emergencia de un “ideal patriótico que se abre paso entre miembros de distintas clases sociales”. Así pues, resulta curioso comprobar que las diferencias sociales, salpicadas de resentimientos familiares, entre las dos jóvenes protagonistas solo se verán superadas cuando se hermanan en un ideal “revolucionario”. En definitiva, esta película, filmada mientras Italia estaba sumida en la Segunda Guerra Mundial, apela a un escapismo narrativo hacia un tiempo heroico. Al plantear este salto hacia el pasado, de alguna manera lo que la película hace es evidenciar su secreto, que no es otra cosa sino una intención velada de hablar del ahora, y ese ahora es un tiempo de confusión, confrontación y cambio. Una época de crisis en el que lo viejo no ha desaparecido por completo, pero lo nuevo todavía no termina de germinar. Lo que queda claro es que lo nuevo será, al menos en términos cinematográficos, el neorrealismo, del que VDS será uno de los padres fundadores. Pero, Un garibaldino al convento fue una película que se estrenó poco tiempo antes de Ossessione, 1943, de Visconti, basada en la dura novela de James M. Cain, “The Postman Always Rings Twice”, y que a menudo es nombrada como la pionera de las películas neorrealistas, aunque incluso en los días silenciosos había films que miraban audazmente la vida cotidiana de una manera sin manchas. VDS y otros a menudo usaban personas reales en lugar de actores, y el efecto, después de décadas del brillo de Hollywood, fue sorprendente para el público. El neorrealismo, como término, significa muchas cosas, pero a menudo se refiere a aquellas cintas de la vida de la clase obrera, ambientadas en la cultura de la pobreza, y con el mensaje implícito que la riqueza de la sociedad debería ser distribuida más uniformemente. Para terminar, Sergio Leone debuta con VDS como auxiliar de dirección y extra -el capellán del día de lluvia-. La bicicleta tenía en la Italia de 1948 resonancias de libertad singulares, dada la prohibición de su uso durante los años de la ocupación alemana. El film también es homenajeado por Woody Allen en Broadway Danny Rose. La BSO, de Alessandro Cicognini compone una partitura melancólica, de cuerda y viento, con melodía a cargo del clarinete que impresiona desde el inicio. Añade una alegre canción popular con guitarra y mandolina. La fotografía, de Carlo Montuori, en blanco y negro, elabora imágenes rigurosas, realistas y de sencillez clásica. Hace uso frecuente de perspectivas panorámicas y encuadres generales. Una definición de Ladrón de bicicletas: Obra mítica de la historia del cine. 100% recomendable. Un crimen no querer disfrutar de la misma.