jueves, 20 de julio de 2017

“Le salaire de la peur”, Clouzot y el destino de los marginados. Obra maestra.































































































Henri Georges Léon Clouzot nació en noviembre de 1907, en Niort, Deux-Sèvres, Francia, y falleció en enero de 1977 en París. Le decían “el Hitchcock francés” por su abierta competencia con el británico  Comenzó su carrera como guionista, luego Clouzot pasó a ser asistente y dirigir. En 1943 tuvo la distinción de hacer Le Corbeau o El cuervo, cinta producida por la casa productora Continental Films, creada por Joseph Goebbels -político alemán que ocupó el cargo de Ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich- para competir directamente con Hollywood. Tachada de colaboracionista fue prohibida, y a su autor lo condenaron al ostracismo durante un par de años. Colaboraron tanto las fuerzas alemanas que ocupaban Francia, como las tropas francesas libres. Aunque es un buen film, cuando se estrenó no le gustó a nadie; ni a la izquierda ni a la derecha francesa, y menos a la Iglesia. Los miembros destacados de la resistencia repudiaron su ácida visión sobre la sociedad provinciana, plasmada en el film bajo la hipocresía, las apariencias y la ruindad. Tachada de colaboracionista fue rápidamente prohibida, y su autor condenado al ostracismo durante un par de años hasta que la Segunda Guerra Mundial se acabó y se definieron los términos de la misma. Su ópera prima la realizó en el año 1933 con la película Tout pour l'amour, escrita por Clouzot, Bernauer, Marischka, Von Cube y Verneuil. El film no tuvo ni difusión ni repercusión. Clouzot nos cuenta la historia dramática de un célebre tenor que se enamora de una joven mujer que está a punto de casarse con el director de orquesta. Su pasión es tal que acaba por conquistarla bajo formas poco usuales de la seducción, obligándola a una fuga que tendrá imprevisibles consecuencias. Es en 1942, cuando Clouzot despega como un realizador conocido y taquillero. Con L'assassin habite... au 21 o El asesino habita la 21, un thriller que se dispara entre la intriga y la comedia logra competir en distintos festivales de la época en Europa sin ganar, y dejando buenos comentarios. Clouzot narra la crónica de un misterioso asesino en serie que tiene el cinismo de dejar una tarjeta de visita sobre el cadáver de sus víctimas. En un mes mata a cuatro personas, y tanto los habitantes del barrio Montmartre en París, así como las autoridades colapsan sumiéndose en una situación desorbitante. Con Le salaire de la peur o El salario del miedo, 1953, Clouzot alcanzará fama internacional que va a consolidar con Les diaboliques o Las diabólicas, dos años después, y  el documental sobre Pablo Picasso: Le Mystère Picasso, 1956, donde nos cuenta la técnica y el modo de trabajar de Picasso, uno de los genios del siglo XX. Rodada en el estudio del pintor malagueño donde mediante novedosas técnicas cinematográficas, muestra pincelada a pincelada, el nacimiento de una obra de arte. Tuvo cuatro films más: Les espions, 1957; La Vérité, 1960; Messa da Requiem von Giuseppe Verdi, 1967, rodada en Italia, y La prisonnière, 1968. No continuó filmando por tener una salud deteriorada y  causándole grandes lagunas en su producción, teniendo que abandonar varios proyectos aunque uno: L'enfer o El infierno, fue tomado y rodado por su colega y admirador Claude Chabrol en 1994. Sus películas se basaban en thrillers de un suspenso implacable, similar al de los de Alfred Hitchcock, aunque con mucho menos luminosidad. El británico consideró a su amigo Clouzot, un rival muy serio para el título de “El maestro del suspense”, viéndose obligado a filmar Psycho o Psicosis, en 1960, ya que necesitaba  superar a Les diaboliques, 1955, aunque no logró su objetivo. Además, Clouzot compro los derechos de su obra maestra sólo unas cuantas horas antes, en septiembre de 1953. Pues bien, las ideas convencionales sobre el coraje se filtran en Le salaire de la peur, un thriller existencial y dramático adaptado por Clouzot y Jerome Geromini, de acuerdo a la novela de Georges Arnaud, donde se coloca al hombre en una tensa batalla con su entorno, la máquina y consigo mismo. Clouzot nos cuenta la historia de un grupo de hombres -italianos, norteamericanos, franceses, holandeses y españoles- atrapados en un pueblo aislado llamado Las Piedras en Honduras. No hay trenes ni carreteras. El pequeño aeropuerto está cerca, pero nadie puede pagar la tarifa aérea para escapar del bochornoso calor. El corsario francés, Mario -Yves Montand, en su primer papel dramático- observa y señala: esto es como estar en una prisión, fácil para entrar difícil de salir. Y es verdad, la mayoría de gente muere de hambre y sed mientras van perdiendo la voluntad de vivir como le sucede a un joven italiano que terminará ahorcándose. Le salaire de la peur posee una sorprendente escena de apertura: un primer plano de unas pocas cucarachas atadas y torturadas por un niño desnutrido y medio desnudo, luchando entre sí en la tierra, escena similar que abre el film Wild Bunch de Sam Peckinpah, en 1969. El niño pone su máxima atención  en un vendedor de hielo, mientras un buitre se precipita. Clouzot establece aquí una de las ideas clave de la narrativa acerca del daño que los hombres hacen a los demás cuando la codicia se hace cargo de sus deseos. Linda -una bella Vera Clouzot, en ese momento esposa del director- la amante de Mario, es tratada como una esclava por el jefe de la taberna donde trabaja, un  tal Pepito, un gallego ruidoso y enojado. Otro personaje declara: “las mujeres son una pérdida de tiempo”, y en el universo de la película de Clouzot son desechables. El francés construye La Salaire de la Peur alrededor de la desesperación humana. La Southern Oíl Company (SOC) -uno de los pocos empleadores en la diminuta ciudad- opera los campos petroleros cercanos. Mario afirma: “dondequiera que haya petróleo, hay norteamericanos. Han saqueado la tierra, explotando sus recursos y su gente”. En la escena siguiente, la alarma invade Las piedras, ya que la tragedia imperialista será amplificada por Clouzot a través de un incendio en uno de los campos de petróleo 750 Km. al Sur, en el que mueren varios hombres de la localidad. Un tal O’Brien es el gerente de la SOC, y decidirá que tendrán que ir dos camiones con nitroglicerina para apagar el fuego. Para esto, aparecerá un anuncio fuera del bar de Pepito. El mismo dice: SOC busca choferes experimentados para trabajo peligroso. La gran mayoría de los hombres itinerantes del poblado, incluyendo a Mario, y al reciente incorporado Jo -notable actuación de Charles Vanel como un maleante pescador de negocios bien vestido- son atraídos por la promesa de US$ 2,000.00.- cash por conductor, necesitándose cuatro de ellos para completar este trabajo de alto riesgo. Las secuencias de apertura de Le salaire de la peur, la presentación de personajes y el lugar, son una reminiscencia de The Treasure of the Sierra Madre o El tesoro de la Sierra Madre, de John Huston, 1948, protagonizada por Humphrey Bogart. Al igual que los hombres de la película de Huston, las criaturas de Clouzot se empujan a sus límites. De los cuatro hombres que eventualmente contrata O’Brien, uno se pregunta: ¿¿Hay algo único en ellos, son sólo hombres que no ven otra salida u hombres con nada que perder?? O ¿¿Serán heroicas sus acciones?? Mario, un protagonista algo desagradable si alguna vez hubo alguno, tiene buenos recuerdos de la vida en París alrededor de Pigalle. Parece que quiere el dinero para volver a los placeres de la carne. Jo, el cuasi gánster  sentirá rápidamente un lazo amical con Mario. El holandés, Bimba -Peter Van Eyck- utiliza su experiencia con los nazis como piedra de toque para su situación actual, mientras el jovial italiano, Luigi -Folco Lulli- quien descubre que tiene una enfermedad terminal en los pulmones, completará el grupo de obcecados que irán en los camiones en pos del dinero o la gloria. Nunca se sabe en realidad -poco o nada le interesa a Clouzot- lo que estos hombres están esperando hacer en Las Piedras. Clouzot nos presenta una misión suicida -un viaje por terrenos traicioneros, puentes raquíticos, y siempre con esa carga mortal detrás de ellos. Mario conduce con Jo; Bimba con Luigi. Los hombres, como advierte O'Brien, toman sus vidas en sus propias manos. Si cualquier camión se sobrecalienta, la nitro puede explotar; si golpean incluso, el impacto más leve podría causar la muerte segura de los choferes. Otro sujeto, de nombre Dick, les señala: “No saben lo que es el miedo. Ya van a verlo. Es como la viruela, una vez que los atrape dura para toda la vida”. La travesía de los cuatro hombres transitando la selva -a veces a un ritmo lento- es un viaje donde cada hombre pone a prueba su resistencia a la oscuridad de su propio coraje. No cabe duda que la amistad se va a probar minuto a minuto. El miedo está con ellos en cada Km., sobre cada golpe, a través de cualquier diálogo que se dé. Ellos tratan de ser tipos valientes, comportarse como hombres, y en varios pasajes, el tener éxito, a excepción de Jo, que va a sentir la gélida presencia del miedo casi de inmediato, lo que derivará en que se vaya hundiendo a medida que la misión continúa. Cada hombre tiene una “bomba en el traste” y cada quien dependerá de la quietud del otro. Le salaire de la peur se distingue de las primeras películas de Clouzot: Le Corbeau, Quai des Orfèvres, Retour à la vie, y el último clásico del terror Les Diaboliques, por la forma en que edifica y sostiene la tensión. La película se divide en tres secuencias del tipo “heartstopping”. Una va a implicar  que cada camión tiene que tener una conducción impecable por la estrechez de la ruta, incluso enfrentándose a una imperfección del mismo, como les sucede al holandés y al italiano, que tienen que desarrollar un giro tan apretado que sólo pueden hacerlo apoyándose hasta el borde de un puente de madera podrida, suspendido sobre el abismo. La segunda, y la más intensa es cuando aparece un callejón sin salida. Una enorme roca de casi 5,000 kg.,  ha caído de las montañas. Bimba y Luigi deciden hacerla explotar con un poco de nitroglicerina y sacarla del camino. La operación es riesgosa, pero no hay otra solución. El holandés hará el trabajo bajo una incertidumbre casi insoportable. Logra hacerlo ante la llegada de Mario y Jo. Todos celebran orinando menos Jo, quien ya demostró su poco aguante en el puente. A lo largo de esta secuencia, y otras, Clouzot lanza un asalto visceral en el sistema nervioso central de quienes observamos. Hace una manipulación perfecta de nuestros miedos cuando con una frialdad absoluta, y sin filmar nada, hace un salto narrativo brutal y logrado al hacer explotar el camión donde van Bimbo y Luigi, sin explicación visual alguna. El último inconveniente lo tendrán Mario y Jo. Se encuentran con una especie de lago de petróleo. Ambos bajan del camión para medir la profundidad. Jo ingresa al charco y le da el visto bueno a Mario. Al tratar de pasarlo las llantas posteriores nunca llegan a subir y se queda estancado a mitad de la alberca, pero habiendo pasado sobre una de las piernas de Jo sin darse cuenta. Acá Jo perderá uno de sus miembros y morirá luego que Mario logra sacar el camión del atasco. No voy a contar más de la trama para que aquellos que no han visto la película puedan observar el criterio de Clouzot para construir un desenlace inesperado. En Le salaire de la peur, todo el petróleo, el barro, las montañas, más cualquiera de los paisajes que se observan y huelen a miedo, se reparten en los últimos 120 minutos del film. La cinematografía de Armand Thirard es brillante desde el principio, la abrasadora luz blanca del tercer tercio de la película se ajusta perfectamente a la lentitud del desarrollo de la narrativa. El blanco y negro poco iluminado aplana el paisaje, dándole un aspecto al que se le podría llamar “sundrenched”. Cuando la acción comienza, y las ubicaciones se oscurecen, las imágenes toman un aspecto cada vez más siniestro y aterrador. Clouzot logra una cinta notable para la época en el tema efectos especiales, quizás no en la parte del montaje donde existen cortes bruscos. La BSO de Georges Auric, aporta un crescendo sobrecogedor que intensifica las sensaciones de horror y compasión. Las interpretaciones de Yves Montand y Charles Vanel son soberbias, además de una inclinación adrede y/o extremadamente poco sentimental. Mientras que las actuaciones de los cuatro hombres principales son vitales, nos sentimos algo distantes de cada personaje. Se nos niega el acceso a su subjetividad, a sus mundos internos, es decir, a su existencialidad. Sin embargo, estos no son personajes que llamen a nuestra insensibilidad. Lo que sucede es que Clouzot parece negar toda responsabilidad por darle forma a lo que podría decantarse en el interior del público. La ambigüedad fue, es y será una poderosa herramienta cinematográfica. La conversación entre las dos parejas de conductores desvela progresivamente la profundidad de las heridas personales, el miedo que soportan, la soledad que padecen, la tragedia de sus historias y la desesperación en la que viven. La combinación de las penurias del viaje y el desarraigo de los personajes crea un clima terrible, de intensidad y sinceridad inimaginables. Cuando la tragedia golpea es con un gemido, y no con una explosión, salvo lo que sucede con Bimbo y Luigi. Todo nos va a resultar totalmente inesperado y predecible a la vez. Debido a esto no es simple decidir cómo adherirse sentimentalmente a la tragedia. La determinación de los hombres se prueba hasta el final. Pero, es su valor físico, en última instancia, que se ha confirmado. Hay poco valor moral en exhibición. Y al final, el coraje es el único acompañante solvente que se inmiscuirá antes que  una cierta cantidad de estupidez imprudente. Todo lo que cada hombre ha arriesgado ha sido puramente por su propio interés; No se han comportado valientemente ni heroicamente en nombre de otros ni para un bien mayor. No hay heroísmo en la muerte. Como Jo concluye en una de sus líneas, avistando la fatalidad: en última instancia, “no hay nada”.  Son muy pocos los largometrajes que han descrito formidablemente el drama humano que se enrolla a la miseria y el tormento de los desheredados, perseguidos y excluidos. Obra maestra.