sábado, 8 de julio de 2017

“Wild Man Blues”, Barbara Kopple y la genuina autocomplacencia hacia el genial hobbie de un colega amigo.






























































Esta vez abordaremos un interesante documental en torno a la gira musical de Woody Allen por Europa, en donde Barbara Kopple, nacida en julio de 1946 (70) en la ciudad de Nueva York, cual sombra del notable director y actor, nos muestra la cara menos conocida de este singular personaje de la cinematografía, idolatrado por unos y denostado por otros, pero que sin duda ingresa por la puerta grande en la historia del gran cine norteamericano. Barbara estudió cine documental en la Universidad Northeastern. Realmente nunca sabemos qué es lo que está a la vuelta de la esquina cuando estamos filmando o qué cambio tomará una historia, qué hará o nos dirá un personaje para sorprendernos, cual eventos especiales e inesperados que  impactarán en nuestra vida. Dos veces ganadora del Premio de la Academia -Oscar a Mejor documental en 1990 por American Dreamers, y en 1976 en su ópera prima: Harlan County, USA- la documentalista a tiempo completo ha realizado ya sus dos proyectos más recientes: Miss Sharon Jones, se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Toronto en septiembre de 2015, fue la película inaugural de DOC NYC, y sigue a la talentosa y gregaria cantante afroamericana de soul, y nominada al Grammy Sharon Jones durante el año más difícil de su vida; y Shelter, 2016, donde cuenta una historia de veterinarios salvando a veterinarios, profundizando en el trauma psicológico creado por el servicio militar, los efectos que permanecen mucho tiempo después del servicio activo, y el difícil camino de regreso a una vida normal para estas mujeres y hombres. Otros proyectos recientes incluyen Hot Type, 2014, en donde se refiere a los últimos 150 años en que los EEUU examina la revista semanal más continuamente publicada de América a través de los ojos de los periodistas apasionados que han sostenido su voz crítica. Running from Crazy, que se estrenó en Sundance en 2013 y recibió un Primer Emmy en 2014 y trata acerca de una de las grandes familias de la cultura norteamericana: los Hemingway; Fight To Live, 2009, que a través de los ojos de los pacientes terminales y sus defensores, nos cuenta la historia de la lucha infernal de muchos con enfermedades raras, quienes enfrentan la elección de sus terapias preferidas a través de los obstáculos impuestos por el de aprobación de la FDA. A Force of Nature, 2008, que celebra la vida y el trabajo de la periodista y filántropa Ellen Ratner, siguiéndola desde su base de origen en Washington, DC, a Mississippi devastada por el huracán hasta el Sudán del Sur, destrozado por la guerra; Gun Fight, 2011, donde nos ofrece una nueva mirada sobre el impacto de las armas de fuego en los EEUU. 250 millones de personas poseen armas en USA; alrededor de 30 mil personas mueren cada año por armas de fuego y 65 mil resultan heridas. El debate enardecido en relación a cómo disminuir la violencia por armas de fuego ha durado años; por un lado los activistas que abogan por regulaciones estrictas sobre la posesión de armas, y del otro, los que piensan que cualquier tipo de control atenta contra las garantías de libertad de los yankees. A través de diversos personajes, entre ellos un hombre que conspira a través de las armas, un médico de emergencias que se convirtió en un investigador en armas y una víctima de los tiroteos, nos ofrece una nueva perspectiva sobre un tema inevitable en la realidad y en la imagen de los EEUU. 30 for 30: The House of Steinbrenner, de ESPN, que recibió el Peabody Award 2010, así como el Premio de la Asociación Internacional de Documentales a la Mejor Serie Continua, y fue nominado al Emmy. Antes, 2009, Woodstock: Now and Then, un repaso del Festival Musical de Woodstock, 1969. Cuenta con gran cantidad de entrevistas a los músicos, a los organizadores, a los financiadores del evento, varios concurrentes y colaboradores. No aborda las mismas cuestiones que el film original, ni se centra en canciones que fueron dejadas fuera del rodaje. Recorre más bien el proceso de construcción del festival, la organización, los conflictos que se presentaron y la enorme organización colectiva y espontanea que sacó adelante el evento. Conocida por su trabajo en temas laborales de los EEUU, Barbara dirigió Steamfitters Local Union 638, 2007, para la HBO. Este programa fue galardonado con el Premio de la Academia de Televisión de las Artes y las Ciencias. Barbara produjo y dirigió Harlan County USA y American Dream, ganadores del Premio de la Academia al Mejor documental. En 1991, el condado de Harlan de los EEUU nombró a la película a través de la Biblioteca del Congreso como: película clásica norteamericana. El condado de Harlan los EEUU fue restaurado y preservado por el fondo de la preservación de las mujeres y el archivo de la película de la Academia fue ofrecido como parte de la colección del Festival de Sundance en 2005. En Dixie Chicks-Shut Up And Sing, 2006, Barbara nos narra la historia de las Dixie Chicks desde la cima de la popularidad, cuando cantaban el himno norteamericano y batían todos los récords de ventas para un conjunto de música country femenino, hasta los problemas causados por el comentario anti-Bush realizado por su cantante Natalie Maines en 2003, mostrando su oposición a la Guerra de Irak. El documental es testigo de la trayectoria de las Dixie Chicks durante un periodo de tres años en el cual fueron objeto de todo tipo de ataques políticos e incluso de amenazas de muerte, a la vez que seguían con su vida, teniendo hijos y, cómo no, haciendo música. En última instancia, la película nos presenta a las Dixie Chicks en su faceta de mujeres, figuras públicas y artistas. En 1999, dirige A Conversation with Gregory Peck American Masters, donde cuatro años antes de morir, Gregory Peck se sometió a una entrevista durante la cual, además de responder a una serie de preguntas, contó anécdotas sobre su vida profesional. En 1993, dirige Fallen Champ: The Untold Story of Mike Tyson, que cuenta la vida de Mike Tyson; su infancia turbulenta; sus mejores peleas; la obtención del título mundial de los pesos pesados en 1986 ante Trevor Berbick con tan sólo 20 años; el gran triunfo contra Michael Spinks; y detalles de su inestable matrimonio con Robin Givens, mientras cumplía una condena tras las rejas por un caso de violación. En 1992, hizo: Beyond JFK: The Question of Conspiracy, donde analiza la evidencia y teorías de conspiración en torno al asesinato del ex-presidente. Bárbara también produjo el documental de HBO American Standoff, que narraba una huelga de 18 meses de la Unión de Teamsters en contra de la Overnite Transportation, y el documental de A & E Bearing Witness sobre los corresponsales de guerra que trabajaban en Irak. Barbara fue miembro del Colectivo Soldado de Invierno, que creó la película Winter Soldier. Pues bien, Wild Man Blues, está referido a la gira europea de 1996 que realizase el cineasta Woody Allen -Allan Stewart Königsberg- con su banda de Jazz al estilo Nueva Orleans. Nosotros entendemos que desde hace mucho, incluso conversé con un amigo ducho en Jazz, cuando cambiábamos ideas acerca del contenido del film La La Land hace pocos meses, que Allen es la misma persona que el público ha llegado a conocer a través de sus personajes Él juega en películas. Es neurótico, compulsivamente nervioso por todo, desde paseos en bote hasta su propia salud, y es un sujeto gracioso, proclive naturalmente a que sus modales y ademanes, cuando charla con alguien, se deleitan y aprovecha las bromas sin dejarlas pasar. El ídolo de Woody Groucho Marx es famoso por estar siempre metido en el carácter de sus guiones y en la cámara filmando, y si uno lo  observa pareciera como si Woody ha alcanzado una fluidez similar entre su condición de persona pública y/o privada. Las cámaras de Kopple siguen a Allen rigurosamente a lo largo de su torbellino de gira, captándolo en el escenario con su banda y fuera del escenario en una variedad de escenarios, desde las reuniones requeridas con dignatarios extranjeros, firmar autógrafos para los fans, descansar en su habitación del hotel con su hermana Letty Aronson y su entonces novia, Soon-Yi Previn. Barbara Kopple lo atrapa en muchos momentos desprotegido, incluyendo algún tiempo maravillosamente íntimo que pasó con Woody y Soon-Yi, aunque lo notable es que la película apenas revela algo nuevo o particularmente sorprendente sobre el director, ya que Barbara parece haberle tomado la mano a la forma de filmar de Woody y lo hace con un acercamiento divertido. Lo que se revela en el documental, sin embargo, es la atención que le brinda Barbara a la música de Allen, que a menudo nadie le daba gran importancia, pero que constituye una parte muy importante de su vida creativa. Allen criticó en casi todos sus films a la sociedad neoyorquina, jamás a su música. El diminuto cineasta toma el clarinete como un músico experto y muy joven, movido por un amor infinito al instrumento y sus melodías, y actúa  como si las notas se amontonaran y fluyeran de su circuito sanguíneo desde la punta de los pies al cabello más largo de su cabeza, incluso con una suprema habilidad, y me atrevería a decir que con mejor disposición que su propia cinematografía. Ver a Woody en el escenario, en este contexto, es una dimensionalidad novedosa, quizás algo extraña, y notoriamente poco explorada para el intérprete. Pero, ese es justamente el reto, cada uno de los que conforman la banda no toca en armonía sino en competencia contra sí mismo y el que está al costado. Su amor por el Jazz -y específicamente esta forma anticuada, rara vez tocada en Nueva Orleans- es un dulce, y se adapta cómodamente a su perspectiva nostálgica, su afecto por las antiguas formas artísticas, por los lugares con un sentido de la historia cultural, para épocas que ya no existen más. Kopple lo capta todo con su cámara mágica que filma, escucha y se expresa como anonadada por Woody, quien fluye en otro nivel espacial, como si estuviera caminando por los cielos de Manhattan o de su natal Brooklyn.  La cineasta  se posa sobre los entornos intuitivos y “reframings”, y su cámara parece estar vagando sin descanso como si estuviera metida en los músicos.  La música es vibrante y divertida, y las mejores partes de la película, sin lugar a dudas que son sus centellantes segmentos de concierto. Kopple no se centra tanto como uno esperaría en la música misma, el flujo baja y hay ciertas lagunas en los planos cortos. No es decepcionante, quizás inesperado. Sostener ese nivel de cima alcanzado no es fácil ni para un alpinista, menos para una cineasta. A lo largo de la película, Woody lamenta que muchas personas solo vayan a estos conciertos porque es una celebridad, no por la música, y el documental de Kopple ocasionalmente cae en la misma trampa. Ella está interesada en la recepción que Woody recibe en el extranjero en comparación con los EEUU, y en su relación con Soon-Yi, pero en cierta medida los conciertos dan la impresión de quedarse algo cortos. Sólo hay dos largos e ininterrumpidos extractos de las actuaciones, uno a la mitad de la película y el otro hacia el final, desde que toma la batuta la orquesta de Londres. Muchas de las otras actuaciones se dividen en escenas pequeñas, o algunas interrumpidas por las narraciones innecesarias de Woody o el líder de la banda Eddy Davis. Es raro que Kopple brinde una oportunidad para ver cómo se desarrolla una actuación a lo largo del tiempo, y podamos tener una idea de la estructura de una canción entera o de la interacción dentro de la banda, o de cómo sus sets se desarrollan de noche en noche. Teniendo en cuenta el obvio deseo de Woody que la gente tome en serio su música, no me parece correcto que el documental en su mayoría trata la música como una especie de relleno, cortada en extractos que sirven como divisores entre el material de bastidores o los de fuera de hora. No se integra al conjunto o banda en su apogeo artístico, y la música se pegotea sin razón alguna -pienso que ni la propia Barbara lo puede evitar- como el perfil de una figura tan famosa y reconocida que por casualidad está de gira en este momento. Dicho esto, las dos ocasiones en que la Kopple se centra en la música uno parece estar levitando. El extracto del concierto final de la banda en Londres ofrece una gran oportunidad para observar y escuchar lo mejor, es decir, la notable  improvisación dentro de la banda, la forma en que los tres músicos de aire - Woody, el trombonista Dan Barrett y el trompetista Simon Wettenhall- se pasan virtudes sonoras del uno al otro y en trío, lo que nos muestra aquella sensibilidad de los actores a las estructuras del Jazz. Aún mejor es la escena de un concierto anterior extenso -no es el mismo país- en el que Kopple filma con mano suave una actuación que comienza con el solo de clarinete de Woody, algo inusual para el cineasta, quien lo marca a través de un juego de respiración normal y la espasmódica, que en su mayoría simplemente envía el aire que circula por el instrumento en aspiraciones y exhalaciones rápidas y cortas, produciendo esporádicamente solo notas reales. La música parece emerger, tentativamente, de la estática generada por la respiración del solista. Esta tierna y triste soledad -muchas veces pasando el bello umbral de la audibilidad- provoca risas de la audiencia, que parecen pensar que Woody está bromeando, que su potestad para producir notas melódicas claras es una broma. Al parecer no creen que su interpretación es intencional, y deriva de un largo linaje de técnicas similares que se ejecutan a través de la historia del Jazz, especialmente común en el Jazz libre, y la música experimental del post-Jazz. Es un momento revelador, indicativo de un abismo entre la audiencia y los músicos. Woody sabe bien que la mayoría de la audiencia no está allí debido a un amor genuino o la comprensión del Jazz, sino porque es un famoso director y figura de los medios de comunicación. Barbara Kopple, obviamente, ha comprendido la importancia del momento, porque habitar en ella, habría seguido seguir habitando en él, profundizándose libres  ambos sentimientos acerca de la música. Habría que dejarlo a Woody dar una charla sobre su música, pero es un sujeto que le teme al ridículo. Algunos de los únicos interrogatorios directos tipo entrevista en la cinta se producen hacia el final, y se refiere a la relación de Woody con Soon-Yi, y el escándalo que siguió. Barbara Kopple no desarrolla algunas de las observaciones más interesantes de Woody sobre su música, como sus repetidas discusiones sobre el equilibrio que intenta lograr entre lanzar un “aficionado, público o espectador a la muchedumbre” tras otro y tocar un material más difícil y esotérico. Uno podría adivinar que el aliento solo de Woody se va a caer por sí solo, pero esto no sucede. Es un truco similar a la manipulación de Allen con la cámara. La mayor parte del resto de la música es optimista, bailable y divertida, y eso si lo comprende la muchedumbre. Otra cosa, la película nunca descubre ningún sentir acerca de cómo la banda equilibra tendencias en concierto, o cómo estructuran sus canciones, porque si bien existe el desorden, dentro de este, hay un ordenamiento elemental. Se produce una discusión sobre el cambio de conjuntos entre las noches, y los intentos conscientes de Woody de hacer que algunas noches sean más desafiantes que otras está, pero la presentación de Kopple de la música en fragmentos en su mayoría no nos proporciona el sentido de cómo esto realmente funciona. La diferencia podría ser entre una noche y otra. Hay una desconexión entre el considerando serio e intelectual de Woody Allen, su propia música y la presentación esponjosa de esa música en el documental. Los segmentos de la música son siempre agradables, por no mencionar los tiros magníficos y creativos de Barbara, pero sigue habiendo un sentido de las oportunidades perdidas cada vez que Woody hace una declaración analítica sobre la música que no se sigue en los extractos del concierto. La atención de Kopple a Woody detrás de cámaras produce resultados interesantes. Uno de los más trascendentes es la visión más libre de censura, sin restricciones del vínculo  entre Woody con su hermoso y juvenil amor, que en un momento él la va a presentar juguetonamente como “una mujer notable”. Es imposible alejarse del film de Barbara con nada más que una visión positiva de esta relación, que es genuinamente cariñosa, afable y cómoda. La pareja, capturada en momentos tranquilamente íntimos por la cámara discreta de Kopple, disipa la mancha de perversión e iniquidad generada por la prensa amarillenta, hambrienta de rumores que despertó el amor de Woody por la hija adoptiva de la Farrow, entonces su prometida, un escándalo de proporciones mayores. Kopple acumula pacientemente un retrato de la pareja a través de una gran cantidad de detalles: los cumplidos ocasionales de Woody, el tono amable de Grey-Yi, la manera afectuosa en que ella besa su cabeza cuando se siente enfermo o quejándose de algo, un paseo acogedor de góndola en Venecia, dos juguetones bromeándose el uno al otro etc. Lo mejor de todo es una gran escena donde Soon-Yi habla de las películas de Woody, admitiendo que nunca ha visto Annie Hall -Woody le dice que es la única que debería ver- y que Manhattan es su favorita. Es un momento de grata calidez, un goce mesurado y sin vigilancia, uno de los muchos metrajes de backstage de la película. Wild Man Blues no es el examen en profundidad de la música poco documentada de Woody Allen, que bien podría haber sido, pero es sin embargo un deleite para cualquier fans de Woody. Por su música alegre, amorosamente filmada, y sus documentos íntimos del hoy anciano cineasta (81), la película es una de las mejores piedras de toque para aquellos que desean saber lo que el legendario director es cuando no está cumpliendo su promesa de hacer una película por año. Vale la pena observar.