jueves, 24 de mayo de 2018

“There's Always Tomorrow”, Douglas Sirk, su predilección absoluta por el melodrama, y un escrupuloso epónimo de las “heridas invisibles”.


































































































Hans Detlev Sierck nació en abril de 1897 en la ciudad de Hamburgo, Alemania, y falleció en enero de 1987 en la ciudad de Lugano, en Suiza. Lo llamaban “el príncipe del melodrama”, y fue una de las referencias más importantes del cine contemporáneo, desde Fassbinder pasando por Ozon y el español Almodóvar. Hoy, resultaría imposible poder filmar una escena mínimamente melodramática sin que el nombre de Douglas Sirk sea citado como fuente de inspiración. No estamos exagerando, ya que es la constatación de un estado de hecho. Hombre culto, apasionado por el derecho, la filosofía, la historia del arte y del teatro, Hans Detlev Sierck lleva a escena a Shakespeare, Shaw, Ibsen, y después a Brecht, primero en Bremen y luego en Leipzig. Cuando se le solicitó que dirija películas, su reputación se define como vanguardista. Se apasionó por las formas del cine popular, el que trató con la distancia crítica que su conocimiento de Panofsky y de Brecht le aportaron, por lo que supo ser capaz de mantener un pálpito emotivo sumamente sincero. Se sintió atraído por el melodrama filmando Das Hofkonzert o Concierto en la corte, 1936; Zu Neuen Ufern o La golondrina cautiva, 1937, y La habanera o Cheated by the Wind, 1937, las tres realizadas en Alemania. Con sus dos últimas cintas, convierte a Zarah Leander en la estrella que el régimen nazi esperaba. A través de una gran belleza plástica, originales por su dramaturgia. La habanera y La golondrina cautiva constituyen obras de un cineasta prometedor. Pero Sierck, casado con la actriz judía Hilde Jary, es víctima de presiones exageradamente duras. La pareja tiene que expatriarse a los EEUU, tras una corta etapa en Suiza, y luego en Francia. Sierck encuentra serias dificultades para trabajar en Hollywood, lo que obligará a la pareja a reciclarse mediante la avicultura. Es justamente en esos momentos cuando le llega una oferta. Ya convertido en Douglas Sirk, hace una cinta antinazi: Hitler’s Madman, en 1948, film que marcará el inicio de una nueva carrera. La primera parte de la filmografía norteamericana de Sirk está jalonada por pequeñas películas, en un B/N refinado, que van a impactar por su notable ironía y la elegancia literaria de sus diálogos: Summer Storm o Extraña confesión, 1944, es una adaptación de Chejov; A Scandal in Paris o Escándalo en París, 1946, es una fantasía de inspiración expresionista acerca del personaje de Vidocq; Lured o El asesino poeta es un remake del film Pièges o Trampas, 1939, de Siodmak.  Contratado por la Universal Pictures, Sirk se ve limitado a dirigir comedias encantadoras, pero que no se adaptaban a su temperamento fílmico. Poco a poco, los melodramas como: Thunder on the Hill o Tempestad en la cumbre, 1951, y All I Desire o Su gran deseo, 1953, van a demostrar la dimensionalidad de su talento. El éxito le va a llegar en 1954, a través del film Magnificent Obsession u Obsesión, donde se enfoca en una temática poco verosímil donde un ciego que recupera la visión gracias al que se la quitó, pero que Sirk logra tratar con un tacto formidable, eliminando los aspectos poco creíbles para transformarlos en una especie de lógica poética, la misma que impregna de un incomparable esplendor visual con el uso de colores saturados y claroscuros agresivos. Le seguirán una serie de melodramas que, desde: Written on the Wind o Escrito sobre el viento, 1956; Imitation of Life o Imitación a la vida, 1959; pasando por la excepcional There's Always Tomorrow o Siempre hay un mañana, 1955; All that Heaven Allows o Sólo el cielo lo sabe, 1955, forman un conjunto que se convierten en uno de los más hermosos episodios del género en su historia. Alternativamente sereno, expresa la filosofía panteísta de Thoreau o Emerson en Sólo el cielo lo sabe; frenético, desarrolla una notable meditación acerca de la vanidad de los bienes terrestres en Escrito sobre el viento; elegiaco, nos enmudece con un largo canto a la despedida en Siempre hay un mañana; y finalmente sarcástico, nos imbuye de un relato trágico de una pareja compuesta por una madre y una hija negra, que posee una especie de contrapunto mundano en una pareja de madre e hija blancas, en Imitación a la vida. Sirk logró construir una obra fílmica admirable, sin jamás caer en lo kitsch ni en lo simplista. En 1957, The Tarnished Angels o Ángeles sin brillo, un proyecto muy personal, adaptación del Pylone de Faulkner, quien consideraba que era una de las mejores películas, a la altura de su literatura, Sirk parece lograr con un magnífico B/N, darles cita a todas sus angustias, donde el punto culminante es un impensado e impactante martes de Pascua con tintes de ritual fúnebre. Se trata de un artista a la vez seguro de sus medios y de también, una fina postura de un hombre inquieto que necesita afirmarse. La obra de Sirk, lejos de resultar lenitiva o tranquilizadora nos deja translucir la tragedia tras el melodrama. Quizás sea esta la razón por la que nos da la certera impresión de ser absolutamente actual a pesar de cualquier moda que aparezca. Pues bien, There's Always Tomorrow o Siempre hay un mañana, de 1955, nos resulta un melodrama sobrio, austero, sincero e inteligente, que acredita la solvencia autor alemán. Es un remake mejorado de un film del mismo título, de Edward Sloman en 1934. El guión, de Bernard C. Scheoenfeld, adapta la novela “There’s Always Tomorrow” de la escritora norteamericana romántica Katherine Ursula Towle. Se rueda en escenarios naturales de Apple Valley, California, así como en los platós de la Universal Studios de California. Producido por Ross Hunter para la Universal International Pictures (UI). Sirk nos va a situar en la ciudad de Los Angeles a lo largo de unos días del otoño de 1955. Cliff Groves -un siempre apegado Fred MacMurray- es un honrado padre de familia, 48 años, que ha levantado con esfuerzo una empresa de fabricación de juguetes. Lleva casado con Marion -una siempre estupenda Joan Bennett- 20 años. Son padres de 3 hijos: Vinnie, Ann y Ellen. Cliff posee un talento natural para los negocios, y su vida transcurre entre su despacho y su hogar. Marion se dedica sólo al cuidado de la casa y los hijos. Norma -una deslumbrante y dramática Barbara Stanwyck-  es una mujer divorciada, amiga de estudios y antigua empleada de Cliff, en sus comienzos. Vive en la ciudad de New York, donde posee un negocio de diseños de moda. Sirk va a desarrollar con impactante criterio el melodrama, el romance y la crítica social. La cinta forma parte de los trabajos de Douglas Sirk producidos por Ross Hunter, que constituyen un cuerpo diferenciado de los producidos por Albert Zugsmith. Aunque los segundos se consideran mejores que los primeros, el film constituye una pequeña joya en la que brillan la madurez de Sirk, su enorme talento, su agudo sentido crítico, ambos elementos instalados en su etapa de plenitud fílmica en Hollywood. Es una película en la que son más importantes las cosas que se insinúan, sugieren o apuntan, que las que se dicen explícitamente. Los datos más relevantes, por su acidez y sentido crítico, se presentan magníficamente disimulados de forma implícita. Quienes observamos con atención, hemos de advertir que estamos llamados a aguzar nuestra capacidad de percepción e intuición para poder captar la riqueza de matices que contiene el subtexto, sus nudos de acción, y sus entresijos subliminales. Mucha información se expone mediante el juego de luces, la puesta en escena, las características de los encuadres, la posición relativa de los actores entre sí, respecto del decorado y de sus posiciones previas. Sirk hace uso de valores simbólicos, o segundos sentidos, de objetos comunes como el fuego de la chimenea, esta misma apagada, la cafetera que quema etc., así como de paralelismos: el robot de juguete Rex. Tiene gran importancia el gesto y la mirada, pero en especial la suma de ambas cosas. La composición de las imágenes no es casual ni decorativa, ya que esconde significados tan importantes como las sensaciones que suscita la visión de los soportes del pasamanos de la escalera interior, los barrotes del panel que separa el recibidor de la sala de estar, la estructura de la librería de estantes, etc. Hay que “observar”, no solamente ver o mirar. No son ajenos a las sugerencias los colores de algunas prendas de vestir -destaca el abrigo blanco de Norma- y la BSO, sobre todo sus interrupciones por silencios o insertos breves de otras melodías, por ejemplo, aquella escena de la cafetera hirviendo. La presentación irónica de una soleada California en un día de intensa lluvia anticipa, a su vez, rasgos del relato, que quedan abiertos a la libre interpretación de nosotros, y a la agudeza y picardía de su visión. There's Always Tomorrow es uno de los melodramas más equilibrados de Sirk. Prescinde de excesos o exageraciones. Desarrolla una trama que nos transmite sensaciones de normalidad incluso hasta en lo específicamente dramático. Sirk le presta especial atención a lo cotidiano, como en la mayoría de sus películas, aunque en este caso la presencia y la trascendencia de la cotidianeidad es mayor que la habitual en él, e inclusive más evidente. La apariencia de una narrativa cotidiana hace que en algunos casos podamos caer en el error de pensar que la propuesta se puede mirar superficialmente, y sin buscar las claves implícitas que contiene. Sirk denuncia con acidez la rutina asfixiante y la mediocridad de la vida de pareja de la estereotipada “familia feliz norteamericana”, el mito del “sueño americano”, las falsas apariencias, el precio del éxito, la hipocresía social, el conservadurismo y la intolerancia juvenil, el egoísmo de los hijos, la brevedad y la rapidez de la vida, etc. Es sumamente interesante como puede sumarle una crítica exploración del amor imposible, la pasión reprimida, la intromisión de los hijos en los asuntos de los padres, la futilidad y subjetividad de las sospechas y las suspicacias, el peso del pasado, el bienestar material acompañado del vacío intelectual, etc. Las interpretaciones de Barbara Stanwyck y Fred MacMurray se benefician de la espléndida madurez artística de ambos y de su esplendorosa capacidad para integrarnos a su pasado.  Ambos ya habían actuado juntos en dos notables films anteriores: Remember the Night o Recuerdo de una noche, 1940, de Mitchell Leisen, y la madre del cine negro: Double Indemnity o Perdición, 1944, de Billy Wilder. Lo que hace la aún bella Joan Bennett es una lección magistral de lo que significa una “elegante discreción”. En relación a la puesta en escena, la BSO de Herman Stein nos ofrece composiciones melódicas, suaves, románticas o lúdicas, que cumplen funciones de acompañamiento, explicación y ambientación. La canción principal viene dada por la hermosa balada popular “Blue Moon”, creada en 1934 por Rodgers y Hart. La fotografía de Russell Metty en B/N, contrasta blancos puros y negros densos, y compone un dibujo de excelencia, creando imágenes pletóricas de fuerza, indicaciones y significado. Se sirve de una iluminación casi perfecta y de rotativos juegos de luz tan imaginativos como sorprendentes. Con la ayuda de un diligente y preciso trabajo de cámara, Sirk presenta una narrativa audiovisual que da placer especial el poder observarla. Excepcional film del cineasta alemán que nos regala una inmejorable noción de las “heridas invisibles”. Recomendable 100%.